Sr Director:
Sr Director:
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl 1º de octubre fue asesinado el teniente de navío (R) Heriberto Rafael Prati, al intentar defender a una amiga del atraco de un malhechor.
Actuó también en defensa de la ley y de nuestros valores cívicos. No hizo cálculos costo-beneficio, solo siguió el reflejo instintivo de su educación ciudadana y de su grandeza espiritual.
Actuó solo, siguiendo el comportamiento alineado con nuestra educación occidentalista, que no pide permiso ni refuerzos para actuar, aun en inferioridad de condiciones. El gran pensador inglés Gilbert K. Chesterton denominaba a esta actitud “disciplina mental espontánea” y la consideraba la base de la preservación de los principios, de la cultura y el patrimonio de cualquier sociedad.
Para la cultura de los países con los que tradicionalmente nos hemos identificado, Prati sería un héroe, para el Uruguay actual es solo un caso más de infortunio ciudadano de un país que ha renunciado al precepto constitucional de proteger la seguridad de quienes viven en su territorio.
Decía el Gral. Artigas en su discurso inaugural del congreso de 1813, profundamente inspirado por la Revolución norteamericana, por la lectura del “Sentido común” de Payne, y por la Declaración de la Independencia de 1776, redactada por Jefferson, Adams y Franklin: “Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa ante vuestra presencia soberana”, y agregaba: “Nuestra historia es la de los héroes. El carácter constante y sostenido que habéis ostentado en los diferentes lances, anunció al mundo la época de la grandeza”. (...) “Orientales: visitad las cenizas de vuestros conciudadanos. Ah, que ellas desde lo hondo de sus sepulcros no nos amenacen con la venganza de una sangre que vertieron para hacerla servir a nuestra grandeza!”.
Pienso, inspirado por Artigas y su permanente aliento a la actuación ciudadana, que llegó la hora de actuar.
Nosotros, los ciudadanos corrientes que representamos entre todos a la soberanía popular, debemos actuar en respaldo y apoyo de aquellas autoridades que lamentablemente no pueden frenar a tiempo el acoso del mal.
Como ciudadanos libres de una República democrática, somos corresponsables de su destino, que es también el de nuestros hijos y nietos.
El jueves 27 de octubre a las 14:30 horas voy a concurrir a plaza Independencia y permaneceré dos horas en silencio frente a la estatua del prócer, reflexionando y pidiéndole a Dios por las almas de nuestras víctimas, y porque nutriéndonos de la grandeza de Artigas, nos dé fuerzas para salir de esta hora tan sombría.
Voy a concurrir solo y si alguien me acompaña, será solo por afinidad con mi determinación, porque yo no represento liderazgo alguno, y lo único que anima mis acciones es reavivar en mis compatriotas ciudadanos, sobre todo los ajenos a la actividad política, la fortaleza de ejercer el derecho republicano individual de actuar para reflejar una posición o un sentimiento.
Vale recordar que la piedra fundamental de las sociedades occidentales, se basa en el concepto de que a la hora de las grandes decisiones que repentinamente ponen en riesgo los superiores destinos de la República, las mayorías o minorías cívicas circunstanciales, se conforman por el concurso de personas libres que en defensa de sus ideales, actúan de forma autónoma orientadas por determinada “disciplina mental espontánea”.
Quizás con esta simple acción que propongo, se pueda demostrar que el mito de los nabos de siempre fue alimentado por el despecho de los desalentados, o de los incrédulos, que nunca han creado un sentimiento de pertenencia con la honorable patria de Artigas.
Al concurrir el 27, también soñaré y haré votos por volver a vivir en el país que conocí en mi niñez y juventud, donde mis conciudadanos se trataban como hermanos, sin rencores, envidia o delincuencia porque tenían educación, porque habían aprendido a perdonar, y porque no existían los agoreros de la desconfianza, la venganza, el odio y la ambición material.
Atentos saludos,
Reynaldo de la Fuente
Capitán de navío (R) analista programador
CGEIT, CISM, CISA
CI 1.097.527-3