Todos somos UPM. Mientras en el resto del mundo las malas noticias hacen cola —Niza, Turquía, Trump—, aquí las buenas se amontonan: KO a Philip Morris, caída del dólar, más seguridad contra robos (cerrar ventanas).
Todos somos UPM. Mientras en el resto del mundo las malas noticias hacen cola —Niza, Turquía, Trump—, aquí las buenas se amontonan: KO a Philip Morris, caída del dólar, más seguridad contra robos (cerrar ventanas).
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa instalación de una nueva “pastera” —la número tres— es mejor noticia que encontrar petróleo.
Los finlandeses de UPM anunciaron que invertirán 4.000 millones de dólares en una nueva planta. Más 1.000 millones que pondrá el Estado, representa 8.000 puestos de trabajo, por lo menos 2% del PBI, carreteras, vías y ferrocarril. La planta comenzará a producir en el 2020, pero la piedra fundamental la colocará el presidente Vázquez en el segundo semestre del 2018. Justo cuando ya se huele a elecciones.
Vázquez ha asumido la comunicación de la noticia. Para eso es el presidente. Ello no quita, sin embargo, que más de uno considere que debería subirse al podio.
Por aquí y por allá se corrió que esto es el resultado de una visita que José Mujica realizó a Helsinki sobre el final de su mandato (setiembre del 2014). En la ocasión les habría reclamado a los finlandeses alguna inversión más, bien merecida por la firme posición de Uruguay frente a los ataques externos del kirchnerismo rampante (resistencia más de Vázquez que de Mujica, vale consignarlo en el marco de todo este juego de apropiaciones indebidas). El ex presidente, al tiempo, les habría prometido “alfombra roja”.
También se corre lo contrario: que la gente de UPM había frenado sus planes por dichos de Mujica cuando la inauguración de Montes del Plata —la segunda “pastera”—, en el sentido de que en adelante ya el país no estaba necesitado ni dispuesto a dar tantas ventajas (exoneraciones fiscales, zonas francas y lo que uno ni sabe) para conseguir nuevas inversiones. Esto es, menos alfombra roja.
Quizás valga la pena revisar cómo fue la cosa. Digamos que todo empezó con la ley forestal aprobada durante la administración de Julio María Sanguinetti y reforzada en la de Luis Albero Lacalle. La izquierda, el Frente Amplio, se opuso a todo eso.
El gran empujón vino con Jorge Batlle. Fue su gobierno el que aprobó la construcción de dos “pasteras”: la española Ence y Botnia-UPM. Y Batlle no titubeó y lo dispuso sin consultar a Argentina (estado ribereño), pero sí informándola, que era lo único que correspondía hacer, dicho sea de paso. Si hubiera dudado, si hubiera consultado al vecino gobierno en los inicios del kirchnerismo, hoy no sabríamos qué hacer con tantos eucaliptos.
El Frente Amplio continuó oponiéndose. El proyecto de Ence abortó. Los españoles sintieron la presión argentina —ya en pie de guerra por las “pasteras”— y se bajaron. El anuncio fue hecho coincidiendo con una visita del entonces presidente José Luis Rodríguez Zapatero a la Argentina. Siempre en tristes papeles.
Botnia-UPM se concretó. Entre otras cosas, hubo que aprobar un tratado de inversiones con Finlandia (2004). Era un paso ineludible. El Frente Amplio votó en contra del acuerdo.
El Frente Amplio siempre estuvo en contra. En uno de sus discursos de cierre de campaña en el 2004, Tabaré Vázquez criticó duramente a las “pasteras” y lo que había hecho el gobierno de Batlle en esa materia. Si la memoria no me falla, fue en un acto realizado, precisamente, en Fray Bentos.
Sin embargo, lo hecho por el gobierno de Batlle no estuvo mal. Si hubiera procedido de otra forma, hoy no tendríamos ni una, ni dos, ni una tercera en ciernes. Lo manejaron bien; una prueba de eso es la decisión que tomó la Corte de La Haya ante la desaforada arremetida argentina y kirchnerista.
A la luz de esa decisión del tribunal internacional, quedó claro que sobre este nuevo emprendimiento Uruguay solo debería informarle de su existencia a Argentina y que esta no tiene ningún derecho a veto. (Resulta muy esclarecedor en este tema el trabajo “Cronología de un conflicto”, de Didier Opertti, publicado en la revista “La Ley”).
El panorama cambió y el Frente Amplio asumió el gobierno. Ya del otro lado del mostrador es distinto. Hace unos años un diputado alemán, de “los verdes”, me lo sintetizó: “Estar en la oposición te habilita una alegre irresponsabilidad, por lo menos es lo que uno se cree, pero llegar al gobierno no es lo mismo: hasta hay que comer mierda”.
Vázquez se transformó en un defensor de la “pastera” y la apoyó firmemente, con el respaldo de la gran mayoría de los orientales, ante la prepotencia de Néstor Kirchner, el nuevo matón del barrio.
Superadas aquellas instancias, hoy, a la luz de los nuevos emprendimientos, cabría detenerse a cavilar sobre esto de las venidas de capitales, del aterrizaje de multinacionales que explotan nuestras riquezas. Da para darle vueltas. Ver cómo se acomoda todo a la doctrina y a la pancarta. Comparar con la realidad de los ciudadanos uruguayos cada vez más vigilados. Sería buena cosa saber cuán larga es la alfombra roja. Saber si los “locales” gozan de iguales derechos y privilegios, o si decididamente pasan a ser ciudadanos de segunda, como ocurre en algunos lugares.