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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa senadora Verónica Alonso participó en un evento organizado por una comunidad evangélica, y lo que allí manifestó, entre otras cosas, fue lo siguiente: “(Estoy) convencida de que Dios tiene un propósito, con esta nación y con nosotros acá. Así que nos va a ir muy bien, porque si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros?”.
Estas declaraciones, que terminan con una cita San Pablo en la Carta a los Romanos (8, 31), han generado muchas críticas. Desde nuestro punto de vista, algunas son justas y otras no tanto.
Ante todo, puede servir para aclarar el punto el Art. 18 de la Declaración Universal de Derechos Humanos (versión original). Este artículo dice: “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.”
Por tanto, en principio parece que la senadora, en tanto ser humano, tiene derecho a ejercer su libertad y manifestar sus creencias en público. La primera afirmación de Alonso (“estoy convencida de que Dios tiene un propósito con esta nación”), a nuestro juicio, no tiene nada cuestionable. Si es lo que piensa, no tiene por qué callarlo.
El problema surge, cuando con intención o sin ella, da a entender que Dios estaría apoyando exclusivamente a su grupo: “Así que nos va a ir muy bien, porque si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros?” Esto sí parece criticable, puesto que nadie puede tener la certeza metafísica de que Dios está apoyando a su sector político, y no a otros. Es una afirmación que —en el contexto en que fue utilizada— puede inducir a error. Cuando San Pablo dijo “si Dios con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?”, probablemente lo hizo pensando en los cristianos en general, no en un grupo concreto de cristianos. Tampoco parece haberlo dicho pensando en un triunfo material, sino más bien, en un triunfo espiritual, cara a la vida eterna.
En síntesis, a nadie se le puede exigir que renuncie a manifestar con total libertad su fe o sus convicciones filosóficas más profundas en el ámbito público. Es un derecho humano fundamental. Lo que sí se puede exigir, es que no se induzca a los votantes a pensar que Dios toma partido por determinada opción política. Al menos hasta donde yo sé, por lo que Dios ha tomado partido de una vez y para siempre, es por hacer libres a los hombres, dándoles el mundo —las realidades temporales— para que lo transformen... a la espera de que algún día, los hombres, libremente, optemos por el bien y la verdad… Lo cual equivale a decir que optemos por Dios.
Álvaro Fernández