N° 1810 - 09 al 15 de Abril de 2015
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáMuhammad Alí, un superdotado del boxeo, no se limitó a combatir; se convirtió en el pionero del marketing deportivo personal. En cierta ocasión, cuando se acercaba a su ocaso, sostuvo que cuando alguien va perdiendo, para no quedar desacreditado, debe buscar cómo hacer creer que la culpa es de otros.
Luego de una reunión de la Suprema Corte de Justicia con el presidente Tabaré Vázquez, el presidente de la Corte, Jorge Chediak, destacó el cambio de gobierno para mejorar las relaciones institucionales. Admitió que determinadas acciones del ex presidente José Mujica le dejaron la sensación personal de que se intentaba poner a los ciudadanos contra el Poder Judicial. “Una época de vacas flacas”, la definió en “El Observador”.
Probablemente no tomó en cuenta que esa filosofía se mantiene con el ministro del Interior, Eduardo Bonomi. Las vacas flacas siguen presentes.
Afiliado al manual de Alí, el ministro volvió a cargar contra los jueces para justificarse. De repente no es una decisión personal sino otra estrategia del MPP para marcarle a Vázquez su territorio. En esos berenjenales vaya uno a saber quién manda a quién.
La cuestión es que, mientras tanto, lo superan las rapiñas, los copamientos, los arrebatos, el tráfico de drogas, los barrios mafiosos que impiden ingresar a la Policía, los homicidios sin resolver y ahora, como si fuera poco, los asaltos a ferias vecinales. Tampoco ubica a 66 desaparecidos (¿secuestrados, asesinados, prófugos?) de los que nadie habla y a quienes identifica con un eufemismo: ([email protected]). Con ese amplio marco, embistió contra la jueza penal María Elena Mainard porque liberó a detenidos a quienes les incautaron armas de fuego.
Le reprochó aplicar mal la ley y que haya ordenado liberarlos por teléfono como si fuera un abuso. El teléfono es forma histórica de trabajo entre jueces y policías en el 90% de los casos. Quedaron en libertad porque en ese momento no había pruebas de que hubieran delinquido. Eso no quiere decir que más tarde tome otra decisión, según la opinión del fiscal. No se trata de ganar el partido en diez minutos, sino de reunir pruebas y ceñirse a la ley.
“Si no fueron al juzgado, ¿cómo se presentan las pruebas?”, preguntó el ministro para la tribuna. Elemental: buscándolas y entregándolas dentro de los plazos legales. Cuando rija el nuevo Código del Proceso Penal los policías estarán a las órdenes de los fiscales con su aliento en la nunca. Ningún juez decide un procesamiento sin elementos que lo avalen y tampoco ningún fiscal le dará curso sin pruebas.
La SCJ desvirtuó la denuncia de Bonomi y este anunció que pedirá una reunión porque jueces y policías deben “estar en línea”. Tiene pleno derecho a expresar su punto de vista, pero no a reclamar que los jueces actúen como él pretende. Quizá desconoce que los jueces no están jerarquizados en sus decisiones jurisdiccionales y que la Corte no puede ni debe darles órdenes: “Procese a Mengano o libere a Zutano”, o que tipifiquen el delito que Bonomi cree que corresponde, como hizo en una reunión del año pasado. Y se lo soportaron.
Cada uno debe cumplir la misión que las normas le cometen. La Policía (incluyendo al ministro) fue, es y será un auxiliar de la Justicia. Está a la orden de los jueces y no decide la prisión o la libertad de las personas.
Probablemente, la Corte lo reciba por cortesía. Pero si espera que el resultado de esa eventual reunión sea que les den órdenes a los jueces para “estar en línea”, está liquidado.
Con acierto, el ministro de la Corte, Ricardo Pérez Manrique, fue a la médula. Sostuvo que este ministro del Interior, como otros antes, descarga en los jueces la ineficiencia policial y que nunca ocurrió lo contrario: que los jueces critiquen la ineficiencia de la Policía.
Recordó un razonamiento similar que hace varios años le escuché al reputado ex juez Eduardo Brito del Pino: “A los jueces nos pagan por recibir presiones y siempre haremos lo que marca la ley”.
No hay que descartar que el tiempo transcurrido haya determinado que el pasado se diluyera convenientemente en la memoria de Bonomi. Durante la dictadura muchos fueron encarcelados sin pruebas por la Justicia militar. En democracia no es posible obviar las pruebas.
Presionar —esa palabra a la que erróneamente se le atribuye un contenido peyorativo— no es bueno ni malo. Integra la vida familiar, amorosa, empresarial, gremial, política o deportiva. Todos presionan con algún objetivo. Lo malo no es hacerlo sino ceder a presiones mediante irregularidades, ilegalidades o dejando principios por el camino. La historia democrática del Poder Judicial ha demostrado que las presiones son inútiles. Los jueces pueden equivocarse, claro que sí, aplicar mal una ley, también, pueden incluso ser morosos en su trabajo. Pero los fallos —con el correspondiente sistema de controles— se dictan según el leal saber y entender de cada uno.
Alí describía su éxito sobre el ring con una metáfora: “Pico como una abeja y vuelo como una mariposa”. Es hora de que el ministro deje de volar como una mariposa frente a la creciente hostilidad de la delincuencia y empiece a picar como una abeja. De lo contrario, la promesa de Vázquez de bajar las rapiñas 30% puede quedar solo en promesa y será él quien pagará el pato.