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La huella de carbono es la forma de estimar las emisiones de Gases de Efecto Invernadero generadas por un producto, desde la materia prima hasta su disposición final. No hay una ni dos sino múltiples formas de calcularla, diseñadas a medida de gobiernos, industrias y empresas en todo el mundo con nombres como ISO, PAS, Bilan Carbone, GHG Protocol, entre otras.
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Se está intentando alinear las diversas metodologías pero “es previsible que sigan existiendo diferencias”, indicaron los consultores Luis Ordeig y Gonzalo Becoña en el “Informe de Consultoría: Huella de Carbono y Comercio Exterior en Uruguay”.
Hace ya varios años que la norma internacional ISO trabaja para lograr un “consenso pleno” en cómo calcular esta huella y necesita la aprobación de sus países miembros, entre los que está Uruguay. Becoña comentó que en 2013 hubo una reunión de ISO pero no se aprobó lo esperado sino que se fue para atrás debido a problemas metodológicos “mínimos”.
“Todavía no se llegó a un acuerdo porque hay muchos actores involucrados en la cadena y la metodología tiene que estar avalada por todos los sectores”, explicó.
El panorama es muy diverso, incluso algunos países propician formas de trabajo que interesan a los gobiernos. No hay una fórmula aceptada “mundialmente” y es tanta la diversidad que no hay una más popular que otra. También es válida la metodología planteada por el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), el panel de científicos de Naciones Unidas. Hasta empresas como Unilever han desarrollado sus propias formas de calcular la huella.
Cada empresa tiene sus requisitos para calcularla: las cadenas como Walmart (estadounidense), Tesco (inglesa) y Casino (Francia) utilizan metodologías distintas. Si medir la huella fuera una exigencia, la empresa que quiera venderle un producto a estas cadenas debería adaptarse a cada una de las distintas metodologías.
Criterio.
Pese a esta situación, que está lejos de llegar a un consenso, aún hay un largo camino por recorrer. Por eso Ordeig opina que aún las metodologías diversas no son un problema. “Lo importante es comenzar a trabajar con alguna”, cualquiera de ellas, y contar con una línea de base, con primeros intentos de cálculo de la huella para adaptarse a gestionar esta información y mejorar los procesos. Como aún los gobiernos no han establecido la obligación de certificar las mediciones de la huella de carbono o calcularla como condición para ingresar a los mercados, entonces no es una urgencia.
Sin embargo, los especialistas coincidieron en que hay que estar preparados por si ocurre y haber recorrido un camino que permita continuar exportando los productos sin que el cálculo represente una traba comercial.
“No hay una exigencia porque hay diversidad de metodología. Hoy los mercados quieren saber si estás trabajando en el tema, si estás tomando acciones, este es el quid del asunto. A su vez hay un problema con el etiquetado —con la forma de expresarlo en los envases, con diversidad de propuestas—; es todo tan complejo que no hay unificación de criterio”, explicó Becoña.
“Estamos lejos de la etapa de certificación. Hay tanto trabajo previo que hay tiempo para trabajar en la huella de carbono, en identificar los puntos ineficientes del sistema” y cambiarlos “más allá de que la ISO esté aprobada o no”, destacó Ordeig. En Uruguay “hay mucho para hacer en diferentes sectores de la economía y de la academia” y hay que “estar preparados” para cuando venga el proceso de certificación.
Intentos.
Hay varias iniciativas a nivel mundial y organismos que trabajan para unificar criterios. En estas reuniones participan tanto empresas privadas como gobiernos. De hecho, ha dejado de ser potestad de los estados y el crecimiento de esta área de trabajo se ha generado en el sector privado, comentó Becoña.
La Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés) ha reunido al sector público de países como Francia, Nueva Zelanda e Irlanda con grandes cadenas de supermercados y de alimentos como Mc Donald’s y Kellogg’s para que juntos elaboren una “base científica para armonizar” el cálculo de la huella, entre otros temas.
Por otra parte, la Unión Europea ha lanzado un estudio piloto de tres años para intentar unificar criterios de certificación y etiquetado. Una investigación en Francia probó que los compradores están mareados ante tanta oferta de certificación.
“A nivel país Uruguay no se tiene que casar con una metodología, el gobierno no lo tiene que impulsar, es de los privados”, aclaró Becoña.