Menos de un tercio de las personas que obtuvieron su licencia de conducir en 2022 son mujeres

El bajo porcentaje (29%) podría explicarse, entre otros factores, por el temor a sentarse frente al volante, una emoción que parece ser más común en el género femenino

“Ninguna de mis amigas maneja”, escribió una encuestada de 25 años en el cuestionario realizado por Galería, que tuvo como objetivo conocer de cerca la relación de algunas mujeres con el volante y en el que participaron 20 mujeres, de entre 24 y 67 años. “Todos mis amigos varones sí. Soy la primera mujer que está aprendiendo a manejar en mi familia. Viví una experiencia fuerte que me hizo dar cuenta de lo necesario que es manejar, que en una familia siempre tiene que haber alguien que sepa usar el auto. Con el apoyo de mi madre y mis amigos me animé a tomar clases. Mi instructor es todo menos machista y eso ayuda un montón, confía en mí; y de a poco voy ganando confianza en mí misma”, dice la encuestada, que admite haber tenido miedo de manejar y un rechazo a sacar la libreta hasta ahora. “Sentía una mezcla de miedo con la sensación de que no iba a necesitarlo: estaba papá, mi hermano, mis amigos varones para eso. Además, siempre fui muy nerviosa y manejar me ponía más nerviosa todavía, ¿para qué iba a agarrar un auto? Soy muy cuidadosa, me gusta tener todo más o menos bajo control y en la calle no tenés control sobre nada más que tu volante. Lo que pasa alrededor es imposible de controlar, y eso me parecía aterrador”, describe. 

La cantidad de mujeres que deciden no sacar la libreta de conducir, renovarla, o que no manejan a pesar de tenerla es grande. Si no se tiene a un familiar que le sucede, seguro existe alguna amiga o conocida. Tanto es así que solo un 29% de mujeres, frente a 71% de hombres, de un total de 160.090 personas, obtuvieron el permiso de manejo (dato que engloba todas las categorías de conducción, incluida la de moto) en 2022, el año más reciente del que se tienen datos en la Intendencia de Montevideo. “Cuando estoy manejando no es que lo haga mal, pero me cuesta mucho tener la iniciativa, tengo un bloqueo. Un miedo”, cuenta otra encuestada también de 25 años. “Lo mínimo que se salga de mi control me desborda. Me pongo nerviosa y siento que no puedo enfretar las situaciones”, explica. 

Por otro lado, una encuestada de 49 años que nunca intentó obtener la licencia comenta lo siguiente: “Siento miedo de no poder gestionar todos los parámetros al mismo tiempo. Miedo a no poder estacionar. Y mucho miedo al accidente”. “Me estresa y me da ansiedad. Creo que se debe a los traumas que me pasó mi madre y a la comodidad de mi parte, porque siempre alguna amiga maneja, puedo pedir un uber, un taxi o caminar”, cuenta otra participante del cuestionario, que sí sacó la licencia pero no maneja. Otra mujer de 44 cuenta que se le venció la libreta y nunca la renovó, en parte por miedo. “Tiene que ver con la velocidad en que pasa todo en el tránsito y mi miedo a no tener los reflejos suficientes. Tengo miedo de no calcular bien los espacios del auto, de tener que estacionar y que otros esperen por mí”, concluye en su testimonio. 

Entender las emociones. Grados de miedo hay muchos. El más extremo es la fobia (una patología), que existe en todas las áreas de la vida y que en el caso del manejo se llama amaxofobia­. Cuando se habla de miedo a hacer algo, se hace alusión a una emoción fuerte que no permite a la persona realizar lo que desea, en este caso a conducir. “Me da miedo pisar a alguien”, “no controlar el auto”, “que tenga que frenar y no llegue a tiempo”, “darme contra otros autos” son algunas respuestas que las mujeres dan al preguntarles por qué no manejan. Eso si la persona se anima a hablar del miedo. En muchos casos se evita hablar del tema o se esconde el miedo diciendo que se elige no manejar porque así se desea, porque se prefiere caminar o tomar el transporte público, cuando en realidad existe un bloqueo. Todas esas respuestas destilan ansiedad, al tratarse de cosas a futuro, que no pasaron. 

“Los motivos por los que muchas mujeres deciden no manejar son varios”, explica la argentina Luly Dietrich, fundadora de Mujeres al Volante, proyecto que consta de talleres y capacitaciones con el objetivo de motivar a que las mujeres superen el miedo a conducir. “Podría dividir la torta así: un 60% es porque tiene miedo a manejar, un 20% porque vienen de una historia familiar donde reina la creencia de que la mujer al volante es un peligro, de que no tienen las habilidades para hacerlo bien, y otro 20% podría decir que es porque ven imposible la compra de un auto­. Esos son los tres factores más comunes que noto desde mi trabajo”. Mujeres al Volante reúne a 210.000 seguidores en su cuenta de Instagram, donde Dietrich, que trabaja en la industria automotriz hace más de 15 años y se ha especializado en cómo tratar el miedo desde lo psicológico­ y emocional, ofrece consejos para superar esa barrera a conducir e invita a su comunidad a que cuenten sus propias experiencias al volante.

“Tenemos que partir de la base de que lo que tiene que ver con el área psicológica de los seres humanos, está presente en todas las actividades que hacemos”, comenta la pscicóloga Adriana Di Franco, fundadora de la academia de manejo Academia­ Shopping­. “No podemos funcionar en ningún área sin que nuestras emociones entren en juego. Y segundo, hay que saber que cada persona tiene una forma diferente de aprender”. La ansiedad y el miedo son las emociones que priman en los bloqueos relacionados con la conducción de vehículos­. 

¿Un tema de género? Por los talleres de Mujeres al Volante­ han pasado más de 5.000 mujeres, y tal como cuenta su fundadora, el 90% logra destrabar lo que no les permitía manejar. Además, a Dietrich le llegan mensajes de mujeres de distintos países que logran animarse a manejar luego de consumir el contenido que ella ofrece por la red social. “Con las experiencias que te relatan los varones, en general, te das cuenta de que sacar la licencia es como un trámite para ellos. Para muchas mujeres es totalmente distinto, lo ven como un acto de responsabilidad”, comenta. 

Di Franco ofrece una lectura sobre el tema. “Las mujeres estamos más veces expuestas a situaciones de peligro que los hombres y, por lo tanto, el mecanismo del sistema nervioso que se dispara ante situaciones de peligro es mucho más frecuente en mujeres que en varones”, comenta Di Franco, que en los primeros años de la academia aplicaba sus conocimientos en psicología a su rol de instructora, que hoy ya no ejerce. “La mujer tiene una carga histórica de responsabilidad de la casa, de los hijos, de tener que cumplir con multitareas, que hace que hayamos desarrollado a través de la historia esta forma de existir. De alguna manera, la sociedad nos lleva a estar más expuestas a situaciones de estrés y de tensión, y eso se replica en otras circunstancias. Nosotras tenemos la responsabilidad de gestar vida. Entonces, hasta biológicamente tenemos una carga de responsabilidad mucho mayor que el género masculino”, analiza la psicóloga. 

Tanto Di Franco como Dietrich notan que, en la mayoría de los casos, a medida que las mujeres crecen, más difícil es superar el miedo a conducir. Ambas lo adjudican al cambio de noción de responsabilidad que se da con la edad. “Por una cuestión de experiencias­ vividas, después de determinada edad solemos tener otro concepto de la responsabilidad que quizá con 18, 20 o 22 años todavía no lo tenemos”, explica Di Franco. 

“Cuando empecé a aprender con el auto de la familia, mi padre siempre tenía algún comentario para hacer”, comenta una entrevistada de 24 años, que comenzó clases de manejo hace unos meses. “Si bien no eran comentarios directamente negativos, sí me hacía sentir que le iba a hacer algo al auto. Nunca le escuché decir eso a uno de mis hermanos. Cuando saqué la libreta, siempre se ofrecía a llevarme  para que no usara el auto. Hacía lo mismo con mi madre. Hoy vivo con mi novio, él compró un auto y me impulsó a tomar clases, en eso estoy”, dice, en un testimonio que se asemeja al de varias y que va de la mano con la idea de que una mujer al volante es un peligro. “Tenías que ser mujer” es un comentario en tono despectivo que se escucha con frecuencia en las calles. 

Superarlo. No hay mucha ciencia. Para perderle el miedo a manejar, hay que manejar. Solo con la práctica se puede ganar confianza. Pero para eso hay que querer manejar, hay que tener la voluntad de superar el bloqueo. Sin embargo, hay varios aspectos a considerar para enfrentarlo y superarlo. El miedo, un mecanismo de defensa que se activa ante situaciones de peligro y que prepara nuestro sistema nervioso para enfrentarlas, no tiene el mismo origen en todas las personas­. Alguien pudo haber tenido una situación traumática con el manejo, ya sea propia o de alguien cercano, que haga que todo lo relacionado con el manejo se asocie con el peligro, el accidente­, incluso la muerte­. Otra persona puede ser más sensible, puede tener padres que conducen por igual y que lo motivan­ a manejar, pero no lo puede hacer por la violencia que percibe en la calle, por ejemplo. Latinoamerica es conocida por tener calles peligrosas. En Uruguay­, no pasa un día sin que haya un accidente de tránsito, razón de sobra para tenerle miedo al volante. Los miedos y ansiedades vienen de lugares distintos e investigarlos puede ayudar a entenderse a uno mismo, o a quien se le está enseñando.  

Por otro lado, los procesos de aprendizaje son individuales. Cada persona tiene sus propias capacidades de concentración, de atención y de motivación. “Es bueno aplicar determinadas técnicas de contención y de entendimiento de lo que le está pasando al otro. Hacerle entender que se tiene que tomar su tiempo, que su proceso no tiene nada que ver con lo que hizo su mamá, su papá, su hermano, su amigo, su pareja. Algunos tienen más facilidad para algo y otros para otra cosa”, explica Di Franco. “Muchas veces una se desmotiva porque viene de una familia en la que todos manejan por igual, incluso a veces una heramana o hermano menor, y todos dicen que es algo muy fácil pero para una es todo lo contrario. Entonces entra la inseguridad”, dice la responsable de Mujeres al Volante. “Lo primero que tiene que pasar es que la persona con quien alguien se ponga a intentar superar el bloqueo, miedo o ansiedad tiene que lograr empatizar con lo que siente el conductor en cuestión. También hay que respetar los tiempos de cada uno y plantearse el superar esto como una obligatoriedad”, concluye Di Franco.