De estos y otros temas, Mayor Oreja habló con Búsqueda en una conversación telefónica desde España.
—En su libro plantea que Europa vive no solo una crisis política y económica, sino principalmente una crisis moral, cultural y espiritual. ¿A qué se refiere?
—Mi trayectoria ha sido de 20 años en el País Vasco, otros cinco años en el gobierno de España y 10 años en el Parlamento europeo. Y la conclusión es que vivimos no una crisis política, sino de fundamentos, de virtudes y de mandamientos. Una crisis moral. Creo que fundamentalmente lo que se ha producido es un avance de la cultura woke en Europa, que hace que Europa, que nació con alma, pero sin cuerpo, ahora tenga cuerpo, pero esté perdiendo el alma. Está perdiendo un poco sus referencias, sus orígenes, la personalidad de los padres fundadores de la Unión Europea. Esencialmente, hoy vivir en Europa tiene una cierta irrelevancia política y social por falta de cohesión, porque los fundamentos son los que cohesionan, y faltan fundamentos.
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Jaime Mayor Oreja, al centro, junto al expresidente de España, José María Aznar, durante la presentación de su último libro.
Fundación NEOS
—¿Es solamente Europa que vive ese problema?
—Al menos en Europa, estamos viviendo el final de una etapa, de un orden que nació después de la Segunda Guerra Mundial. Ahora se está manifestando un desorden extremo. La distancia entre Europa y Estados Unidos se acrecienta y, fundamentalmente, lo que se produce es el final de una etapa. En Europa no hemos afrontado los problemas de verdad, que son, esencialmente: seguridad, inmigración y falta de innovación tecnológica. Sobre todo, Europa precisa un rearme moral porque, si no hay rearme moral, lo demás no es suficiente.
—¿Ve a algún dirigente político, gobierno o país europeo que esté tomando un camino distinto al que usted cuestiona?
—Casi nadie habla de esto, pese a que hay un gran desorden. Hay dos derechas: una más institucional y otra más reactiva, y luego está la izquierda, muy desaparecida en la Unión Europea, con partidos socialdemócratas clásicos que están siendo sustituidos.
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Decenas de migrantes instalados en un campamento improvisado bajo una autopista urbana de Badalona, cerca de Barcelona, a fines de 2025.
Albert Llop/NurPhoto vía AFP
—Mencionó la inmigración como uno de los “problemas de verdad”. ¿Por qué?
—Yo creo que ha habido errores en la gestión de la administración de la Unión Europea. Se ha buscado una Europa multicultural y se han olvidado que la inmigración en sociedades sin fundamentos genera riesgos de que, en algunos lugares, haya una cierta invasión. Y eso es lo que hoy hace que Francia sea una nación sin norte, en Alemania también hay una gran fractura y luego el Reino Unido, que está fuera de la Unión Europea, pero también está viviendo la misma crisis. En el fondo, lo que planteamos es que, para que haya una inmigración legal y razonable, tiene que haber una sociedad con valores. Si vienen de otras culturas distintas, por ejemplo, vinculadas al islam, pues es evidente que hay más dificultades.
—¿La inmigración sudamericana a Europa también lo preocupa?
—Siempre digo que los sudamericanos son españoles que están en otro continente. Culturalmente, tenemos todos los lazos y hay que favorecer siempre ese fenómeno de inmigración, porque es evidente que no hay invasión porque es la misma cultura. Siempre hemos tratado de discriminar, en el buen sentido de la palabra, la inmigración que viene de países hermanos, de países hispanos. Cuando estuve en el gobierno tratamos de favorecer siempre los convenios con esos países, que, evidentemente, no tienen ningún riesgo. Buscando siempre la legalidad en la inmigración, que es un elemento esencial.
—Uruguay está viviendo un proceso de inmigración de ciudadanos cubanos, venezolanos y dominicanos, especialmente. ¿Lo considera eso también un riesgo?
—Yo creo que eso lo tendrán que responder los países afectados. No soy profeta. Pero les diría que refuercen los valores propios, como la libertad y como el sentido trascendente de la sociedad. Que tengan una convicción por la libertad y que busquen una economía libre de mercado. Que rearmen moralmente a sus sociedades y no se dejen llevar por influencias comunistas o de otras características, que al final, obviamente, buscan un sistema que no se fundamenta en la libertad. Ya sabemos lo que pasó en los países que sufrieron el comunismo. Esto es una batalla cultural.
—¿Entre quiénes?
—Hay una contracultura que se denomina la cultura woke y que hoy es la gran causa del desorden que vivimos. No es otra cultura, lo que hicieron es una contracultura: donde había una defensa de la vida, pues lo que hicieron es legalizar y legitimar socialmente el aborto. O, por ejemplo, la eutanasia, que lo que hace, fundamentalmente, es decir que tienes derecho a quitarte la vida o que te la quiten; o decidir el género que quieras tener. Todo nació de la Escuela de Frankfurt, del marxismo cultural de Antonio Gramsci, y es evidente que se ha hecho muy dominante, en unas partes más que en otras. Esta contracultura maneja un concepto equivocado: “la libertad nos hace verdaderos”, un concepto que lo mencionaron los entonces presidentes Barack Obama y José Luis Rodríguez Zapatero en un desayuno de Acción de Gracias de 2010, en Estados Unidos. Con ese concepto sustituyeron la verdadera máxima, que es: “la verdad nos hará libres”. Ellos cambiaron el orden de los términos y eso no es así. La libertad extrema, sin límites, no es libertad. Evidentemente, una libertad sin límites nos lleva al desorden, que es, fundamentalmente, lo que estamos viviendo.
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Dos policías españoles frente a un tren destruido cerca de la estación ferroviaria de Atocha en Madrid, el 11 de marzo de 2004.
Pierre-Philippe Marcou/AFP
—Habló de Francia, Alemania y el Reino Unido. ¿Cómo ve usted la situación de España?
—España vive un proceso distinto a esos países. Hubo un antes y un después del atentado del 11 de marzo de 2004, a partir del cual España cambió de dirección. A partir de ese momento lo que se produce es una mentira permanente que nos está llevando a lo que estamos viviendo: un proyecto de ruptura que ha sustituido el espíritu de consenso de la transición de 1978 que dio origen a la Constitución y a los primeros gobiernos democráticos. Fue un atentado que se hizo para cambiar esa dirección de España, de un país que estaba jugando una relación transatlántica en la buena dirección. A partir de ese atentado hay un proyecto de ruptura, con ETA como el capitán general, que lleva a que ETA gobierne el País Vasco. Fue un atentado muy determinante que dio paso a una mentira que lo inunda todo.
—¿A qué se refiere con “capitán general”?
—Lo que sucede es que, después de ese momento, ellos mismos se blanquearon, se legitimaron socialmente porque hicieron treguas trampa con el entonces presidente José Luis Rodríguez Zapatero, con quien ETA pactó entre 2005 y 2007 un proceso de paz que, como todos los procesos de paz, siempre tiene la misma ecuación: paz para la sociedad y poder para los terroristas. Y, efectivamente, eso es lo que se está cumpliendo. No se derrotó a ETA, se interpuso este proceso, con Rodríguez Zapatero como protagonista esencial.