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Para muchos, el barrio Parque Miramar es hijo de Carrasco. No solo porque en este vecindario de cerca de 1.200 hogares viven muchos descendientes de familias carrasquenses, sino porque su tranquilidad y vegetación recuerdan lo que alguna vez tuvo aquel otro barrio, que hoy se convirtió en centro comercial y financiero. Parque Miramar está ubicado entre el arroyo Carrasco, avenida Las Américas y avenida A la Playa. Su geografía incluye varios lagos artificiales y un entorno verde bastante particular, con árboles de muchas variedades y fauna que incluye garzas, gansos, patos, nutrias, tortugas, aves silvestres y peces. Esta zona, que a su entrada tiene un cartel con una leyenda descriptiva que dice “barrio jardín y lacustre”, viene experimentando un fuerte crecimiento.
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En poco tiempo, el precio del metro cuadrado aumentó de forma inusual y hoy alcanza los 2.500 dólares para casas y los 3.000 para apartamentos. Muchos lo atribuyen al trabajo de su Comisión de Fomento, que se ocupa de mediar entre los vecinos y la Intendencia de Canelones, y que trabaja para que la seguridad —a cargo de una empresa privada—, el alumbrado, el manejo de residuos, la limpieza de cunetas y pluviales y el cuidado de los espacios públicos no quede olvidado en los cajones de la comuna canaria. Esta comisión se sostiene con una cuota mensual que aportan sus socios, que representan un 25% de su población total.
Con los años y de forma acelerada, también aumentó su contribución inmobiliaria (una casa de 150 m2 en un terreno de casi 500 metros paga 72.000 pesos al año) y sus servicios no son los de un barrio popular. En realidad, su único supermercado, de la cadena Frog, ostenta los precios de una tienda de conveniencia. También hay una farmacia, una veterinaria, un lavadero y un centro comercial, el Matisse, que recientemente comenzó una obra de ampliación para más locales y una terraza donde más adelante se creará un polo gastronómico (ver recuadro).
Sin embargo, aunque tenga cierto perfil de barrio de lujo o barrio privado, en realidad no lo es, pues su loteado no lo hace posible. La mayoría de los padrones de Parque Miramar son de 505 m2, lo que no deja espacio para casas ni muy grandes ni muy soleadas. Tampoco para grandes jardines ni para la privacidad propia de los barrios cerrados. En los últimos tiempos varias casas aumentaron su espacio con la construcción de un segundo piso, que casi no contempla los retiros con la casa contigua. También hay gran cantidad de propiedades horizontales.
Algunos advierten que el crecimiento de Parque Miramar tiene su lado oscuro, sobre todo por la prolífica construcción de edificios de apartamentos que poco tienen que ver con los planes de cuidado ambiental y de fomento del entorno verde que se establecieron en el Plan de Ordenamiento Territorial de la Microrregión de la Costa (Costaplan) y que preveía una protección de la zona por sus valores paisajísticos. El Costaplan estipulaba una densidad de una vivienda cada 500 m2 y una altura de 7,5 metros sobre los lagos. Sin embargo, se construyeron varios edificios de hasta siete pisos y estas excepciones se ampararon bajo un decreto del año 2020 que modificó varios aspectos del Costaplan. Algunos de estos edificios construidos al pie de los lagos son Well (que tiene más de cuatro pisos, que es la altura permitida, y un subsuelo que no estaría autorizado), edificio Americas 1 (que tiene alrededor de 65 unidades y no respeta ni la morfología ni la densidad del barrio, según advierten los detractores de estas construcciones). Asimismo, se están preparando otros terrenos para otras edificaciones, como una de la empresa Tanco, anunciada con un enorme cartel que dice “la felicidad se concreta”.
El decreto 0001/020 con fecha 14 de enero habla de un “mayor aprovechamiento por edificabilidad”, un “instrumento” relacionado con el “incremento del valor económico del suelo”. Según la Asociación Civil de Vecinos Lagos Parque Miramar, a través de este “instrumento recaudador no se cumple con la morfología del barrio ni el lugar donde los vecinos eligieron vivir”. Esta recaudación va al Fondo de Gestión Urbana, cuyo destino es difícil de rastrear. “En ningún momento la intendencia nos consulta a los vecinos si queremos que nos construyan edificios de varios pisos enfrente de nuestras casas”, reclaman algunos habitantes del barrio. “Tampoco la intendencia gasta en mantener los lagos limpios”, agregan. Según esta asociación, la comuna cobra por cada “excepción” realizada en estos proyectos edilicios que echan por la borda todos los planes de protección ambiental, acústica y paisajística prevista en el Costaplan.
Además, aclaran, con cada edificio que se construye más se contaminan los lagos de Parque Miramar y se destruye el ecosistema tan particular que se ha formado allí, generando un deterioro cada vez mayor. “A cada rato hay grúas arrasando con árboles, juncos, nidos de garzas y hasta se habilitan rellenos y modificación de las riberas”, dice un integrante de la Asociación Civil de Vecinos, que se presentaron ante la intendencia con estas denuncias pero no obtuvieron ninguna respuesta, y lo mismo hicieron ante la Comisión de Medio Ambiente del Parlamento.
Es así que para muchos, la identidad propia del lugar, que se autopromueve como un barrio jardín, lacustre, natural y tranquilo, está bajo amenaza y en 10 años quizás no sea lo que dice ser.
Todavía “el parque”, como le llaman sus habitantes, sigue siendo un lugar bello, con un tránsito de autos lento, que contempla la presencia de niños y de ciclistas o de jóvenes en skate. De noche es cuando Parque Miramar se pone más lindo, con su iluminación baja y elegante, su serenidad y el murmullo de su arboleda.
Foto: Sofía Torres
Más espacio, más servicios
El centro comercial Matisse, propiedad del brasileño Helios Sarfaty —vicepresidente del banco Safra—, cuya renovación supone una inversión de unos 300.000 dólares, también tiene previsto asociarse paisajísticamente con el supermercado y la farmacia lindera. En una primera etapa, que se prevé terminará este mes, se reacondicionará el primer piso y se instalarán más mesas y sillas. También se ampliarán y actualizarán los juegos infantiles.
Según su administrador, Federico Demarco, la segunda etapa comenzará en enero y consistirá en agrandar los locales hacia adelante, de forma de mejorar los servicios y ampliar la oferta.
En una tercera etapa se preparará la azotea para tránsito y se pondrán mesas para extender la oferta gastronómica en verano. Como último paso se prevé hacer un rooftop y cerrar el tercer piso. Actualmente, el precio promedio de los alquileres de locales en Matisse es de 20 dólares el metro cuadrado. Un local pequeño como el de la heladería Las Delicias paga 30.000 pesos al mes.