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    Beethoven con claroscuros

    Filarmónica de Cámara de Bremen

    El lunes 29 se realizó en el Teatro Solís el quinto concierto dentro del ciclo de abono del Centro Cultural de Música. Faltó con aviso la violinista Hillary Hahn, que canceló su gira, e iba a ejecutar uno de los conciertos de Henri Vieuxtemps. Una verdadera lástima.

    El programa fue todo de Beethoven: la “Obertura Coriolano” op.62, de 1807; la “Sinfonía Nº4” op.60, de 1806, y la “Sinfonía Nº3” op.55 (“Heroica”), también de 1806. La orquesta de Bremen y su director estoniano, Paavo Järvi, son especialistas en Beethoven. Eso se notó, para bien y para mal.

    Para bien porque fue notable el dramatismo y la teatralidad que imprimieron a la “Obertura Coriolano”, jugando con los sorpresivos silencios que salpican la partitura. También por la vitalidad avasallante del primer movimiento de la cuarta sinfonía; el movimiento final de la “Heroica”, donde la transparencia de la orquesta permitió escuchar al detalle cada instrumento, y la levedad y despliegue técnico con que frasearon el Trío en el Scherzo de la “Cuarta”.

    Para mal porque fue inocultable cierto automatismo en la ejecución. La calidad de Järvi como director no se puede discutir, pero su gestualidad es algo excesiva: el marcado de los tiempos y los acentos por momentos tuvo un rigor casi militar.

    La mecánica de la orquesta está aceitada. Järvi es un conductor tan obsesivamente detallista, que a veces pierde cierto espíritu de libertad, de espontaneidad, de frescura. Esto fue claro en el Adagio de la Cuarta Sinfonía, donde la excesiva acentuación del director conspiró contra la suavidad y la delicadeza de la escritura. Y fue aún más notorio en la Marcha Fúnebre de la “Heroica”, donde como tantos directores, Järvi también pareció olvidar que se trata de un Adagio. El tema del tempo aquí es crucial; de lo contrario, el carácter funerario y solemne puede escurrirse como arena entre los dedos.

    Fuera de programa la orquesta hizo como los dioses la “Danza húngara Nº6” de Brahms. Fue tan magnífica la versión que uno no puede menos que preguntarse por qué tanto Beethoven si esto otro lo hacen tan bien o aún mejor.

    Un destaque: dentro de un conjunto de excelentes músicos, el premio se lo llevó el timbalista. Es inusual escuchar timbales de ese filo y sonoridad. Seguro que Järvi tiene algo que ver en esa exigencia de sonido y forma de ataque.

    Otro destaque: por dos veces sonaron celulares en medio del concierto. La primera fue la peor: además del ringtone, su dueña anunciaba en alta voz que no podía apagarlo. ¿Será posible?