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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáPasaron las elecciones internas, ahora se abre un paréntesis hasta que llegue la propaganda de grueso calibre con la mirada puesta en octubre. No obstante, mientras tanto habrá que escuchar a los inefables analistas políticos que se multiplican para explicarnos por qué pasó lo que pasó.
También pasó la Copa América para Uruguay, el proceso zozobró sin que hasta la fecha haya ni un solo procesado.
Como la cultura no ha estado presente en ninguna de las propuestas partidarias, es el momento oportuno para recordarla ahora que no hay elecciones ni fútbol celeste.
Hablar hoy de cultura es clamar en el desierto, sobre todo porque cuando los autodenominados comunicadores se acercan a ella lo hacen para festejar premios o eso que los seduce llamado “consagraciones internacionales”.
Así lo hicieron, por ejemplo, cuando descubrieron que una escritora llamada Ida Vitale era uruguaya y había sido premiada en el exterior. Recién en ese momento les interesó su poesía. ¿Son negligentes, indiferentes o ignorantes triunfalistas?
El Consejo de Educación Inicial y Primaria (CEIP) le otorgó la Moña de Honor en un acto celebrado en la escuela República Argentina en la que Ida Vitale cursó sus primeros estudios. El homenaje se realizó por supuesto después de que recibiera el Premio Cervantes.
¿Las autoridades de la enseñanza —tal como los comunicadores— pensaron que solamente en ese momento debía ser reconocida su poesía? ¿Antes del premio no valía nada? ¿Son negligentes, indiferentes o ignorantes triunfalistas?
Me dejo llevar por la tentación de citar un caso que desoriente a los comunicadores y a los gobernantes adictos a los triunfos. Puede servirles para reflexionar acerca de que es necesario celebrar el valor de la obra literaria en sí misma. ¿Se darán cuenta de que la creación artística nada tiene que ver con las competencias deportivas? Que ningún escritor esencial escribe para ser ganador.
Recordaré el nombre de una valiosa escritora uruguaya que seguramente no saben que existió debido a que nunca llegó primera en una competencia internacional. Es un ejemplo, nada más que eso, podría dar muchos más de la literatura, de la música, de las artes visuales, etc.
Armonía Somers (Pando 1914, Montevideo 1994) fue una narradora excepcional admirada y valorada mucho más en el exterior que en el Uruguay. Maestra, además, y ensayista en temas pedagógicos.
Algunos hechos esperanzadores nacidos gracias a plausibles preocupaciones individuales hacen pensar que no todo está perdido. Veamos algunos de los últimos.
Un grupo de Pando dedicado a las actividades culturales después de engorrosa investigación logró ubicar el lugar en el que había nacido la escritora. El 2 de octubre de 2014, en ocasión del centenario de su nacimiento, colocaron una placa en el edificio ubicado en la esquina de avenida Artigas y Marcelino Champagnat, donde actualmente hay un local de Anda.
Tres años después, en marzo de 2017, se inauguró la Semana de la Cultura de Pando que llevó su nombre.
La Junta Departamental de Colonia el 27 de abril de 2018, resolvió designar con el nombre de Armonía Somers “a la calle innominada primera al suroeste de la calle Prof. María Oroná, desde el Camino del Medio hasta ruta Nacional No. 21, de la ciudad de Colonia del Sacramento”.
Se trató de dos hechos conmovedores, sobre todo la resolución de la Junta Departamental de Colonia, ya que Armonía Somers no tuvo ninguna vinculación especial con ese departamento.
Mientras tanto, en el exterior la obra de Armonía Somers sigue despertando el mismo interés de siempre.
Feminist Press at The City University of New York, reeditó en noviembre de 2018, la primera novela publicada por Armonía Somers en 1950: La mujer desnuda.
La traducción al inglés respetó literalmente el título al llamarla The naked woman. En la presentación de la edición se la relaciona nada menos que con Clarice Lispector, Djuna Barnes y Leonora Carrington.
La Universidad de Sevilla en la colección Escritores del Cono Sur acaba de publicar Armonía Somers: pulsión y riesgo, un libro monográfico sobre su literatura en el que participaron 11 académicos (un alemán, un español, un norteamericano, dos uruguayos, dos chilenos y cuatro argentinos).
Por su parte, la editorial argentina El Cuenco de Plata, muestra en su catálogo varios títulos de Somers.
¿Los comunicadores y las autoridades considerarán que todos esos reconocimientos a una escritora que no recibió medallas de oro constituyen un desatino?
El Ministerio de Educación y Cultura no iluminó ni iluminará el escenario cultural del país, seguirá dando más de lo mismo.
¿Cómo podría confiarse en él si ni siquiera investigó lo sucedido después de reconocer que los valiosos objetos y muebles del artista Manuel Espínola Gómez desaparecieron de una de sus dependencias?
Miguel Ángel Campodónico