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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáHabiendo sido expresamente citada mi columna en El País del sábado 12 de diciembre del 2000 en tres Cartas al Director en las últimas dos ediciones de Búsqueda amén de otra misiva sobre el tema de la eutanasia, siento que debo responder y expresarme sobre ellas.
La estimada colega oncóloga médica y especialista en cuidados paliativos Dra. Ana Guedes pone en evidencia un error que cometí en mi citada columna. No debí pretender que no se debatiera más sobre la supuesta contraposición entre cuidados paliativos y eutanasia/suicidio asistido (en adelante CP y E/SA). Mi posición sigue siendo que es una falsa oposición digna de Vaz Ferreira, pero la posición contraria es sostenida firmemente por muchos así que el debate al respecto no desaparecerá.
Apoyo 100% los CP. Y sé perfectamente que la inmensa mayoría de quienes por una grave patología sin solución quisieran terminar con su vida cambian de opinión al recibir los CP correctos. Pero, como los mismos paliativistas reconocen, no cubren las expectativas del paciente en el 100% de los casos. Serán el 95% o más los conformes, serán el 5% o menos los disconformes, pero estos últimos son una realidad. Y no por ser notoria minoría pierden el derecho a ser contemplados.
Sostiene mi colega que llegado el caso es de aplicación la sedación paliativa que se define, según el Dr. Marco Gómez Sancho, referente en la materia, como “la disminución deliberada de la conciencia del enfermo, una vez obtenido el oportuno consentimiento mediante la administración de los fármacos indicados y a las dosis proporcionadas, con el objetivo de evitar un sufrimiento insostenible causado por uno o más síntomas refractarios”. También afirma que “ni acelera ni retrasa la muerte”. En definitiva, se trataría de un tratamiento neutro.
No solo los médicos sabemos que el sistema inmune nos defiende de las agresiones. Es una verdad científica (hasta tanto la ciencia demuestre lo contrario). Y también es una verdad científica, en las mismas condiciones, que medicación utilizada en los procesos de sedación paliativa deprimen en menor o mayor medida el sistema inmune. Con lo que queda claramente cuestionada la “neutralidad” de la sedación paliativa en la evolución de un paciente. Asimismo, la inmensa mayoría de los casos de sedación paliativa no son acompañados con una alimentación vía sonda nasogástrica, vía gastrostomía o vía intravenosa con todos los nutrientes y calorías necesarios para mantener al organismo en óptimo estado de combate a su enfermedad. Queda, nuevamente, seriamente cuestionada la “neutralidad” de la sedación paliativa. Lejos de mi intención criticar o condenar, simplemente sostengo que no podemos cerrar los ojos ni hacer oídos sordos al respecto, debemos asumirlo.
Con mi otro estimado colega, el Dr. Alberto Piñeyro, como él mismo refirió, hemos tenido un enriquecedor intercambio epistolar. Coincido con él en dos aspectos, las prevenciones sobre la judicialización de la medicina y el poco conocimiento y difusión que hay sobre la ley de voluntad anticipada (en adelante VA). Esta ley, a resumidas cuentas, establece que un paciente puede establecer anticipadamente que no se le apliquen medidas extremas como, por ejemplo, una gastrostomía a permanencia, con plena conciencia de las implicancias sobre su sobrevida.
Mis discrepancias con él expresadas en nuestro intercambio epistolar son dos, pero voy a referir a una sola de ellas que es la que él manifiesta en su carta publicada, que entre los CP y la VA se cubren todos los casos. Puede perfectamente darse la situación de alguien que no esté cubierto por ellos. Por ejemplo, un portador de una enfermedad degenerativa severa e irreversible que le implica sufrimiento no controlado a satisfacción, pero que aún no necesitó de medidas extremas. Poco frecuente sí, imposible claramente no.
Respecto al tema de la eutanasia planteado en el proyecto en estudio y su comparación con la eutanasia practicada por los nazis referido en las misivas del Dr. Roberto B. García, la Dra. Ana Guedes y el Prof. Miguel Pastorino veo que puede haber problemas en lo que interpretaron y respondieron los diferentes escribas. Para mí hay un tema esencial que torna incomparables ambos hechos y es que el proyecto en estudio acota a la propia voluntad del paciente sobre un diagnóstico médico y una evolución clínica claramente definidos. No tiene ninguna analogía posible con las prácticas nazis y seguramente se debe a un error de redacción o interpretación. Si con plena conciencia se adhiriera a dicha analogía tendría que coincidir en el término de terrorismo verbal.
Finalmente refirámonos a los aspectos filosóficos de la cuestión que, creo yo, son el aspecto absolutamente medular del tema y sobre el que menos se debate. Más allá de lo que escribí en mi columna de El País, a ello me introduce el profesor en Filosofía Miguel Pastorino con su carta. Primero aclaro que yo nunca usé a la religión como falacia ad hominem para desacreditar las voces críticas de la eutanasia y, en honor a la verdad, él no me cita como haciéndolo. Fui muy claro en que hay convicciones religiosas, morales y filosóficas contrarias a ella y que merecían todo el respeto. Y que, de hecho, son la verdadera oposición a la E/SA más allá de la discusión de aspectos instrumentales o de si CP y E/SA son contrapuestos. Simplemente afirmaba y afirmo que quien cuyas convicciones sean diferentes debe poder ejercer su derecho individual a disponer de su vida.
Sobre este punto, el del derecho individual de disponer de la propia vida, el profesor Pastorino sostiene que si existiera “debería ser extensivo a todo ciudadano y todos deberíamos contar con asistencia en el suicidio por las razones que sean, tan solo por considerar que el sufrimiento psicológico que se vive sea insoportable”. Y más adelante agrega: “¿Cada uno decide el valor de su propia vida? ¿Puede alguien entonces decidir venderse, pedir que lo torturen o lo esclavicen si es su ‘derecho’? Por más que alguien quiera que le hagamos daño no tenemos derecho a hacerlo”.
Por burdo que parezca el que alguien quiera terminar con su vida no es delito. Como tampoco lo es, por poner un ejemplo, realizar actos sexuales masoquistas consentidos que implican torturas. Es precepto fundamental de la concepción liberal a la que adhiero que la restricción de los derechos debe ser la justa y necesaria para no afectar los derechos de los demás. No nos gustará, pero el que desea suicidarse o sufrir durante la relación sexual es libre de hacerlo.
El proyecto de ley en cuestión acota muy claramente las situaciones en que la eutanasia o el suicidio asistido dejan de ser delito. Plantear que se podría hacer extensivo a las muchas situaciones que el corresponsal describe es, respetuosamente lo digo, una extrapolación que distorsiona el debate ampliándolo a lo que no está planteado ni se tiene la más mínima intención de plantear.
Dr. Pedro Kasdorf
CI 1.135.902-8