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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEstán transcurriendo los primeros 100 días del nuevo gobierno, un período crucial para cualquier gobierno que se inicia y sin embargo, en lugar de una inyección de confianza, lo que se obtuvo fue un mensaje de incertidumbre, miedo y peligro. Naturalmente no es un buen comienzo.
Los agentes económicos se mueven por análisis de la realidad, expectativas y la comparación de sus desvíos. Hasta el momento no ha habido ninguna actitud que favorezca un voto de confianza; más bien todo lo contrario. Se están gestando expectativas nada favorables.
A vía de ejemplo, si tomamos el caso de Brasil, el cual está atravesando una grave crisis política y una situación económica complicada (en parte por los aconteceres políticos), el gobierno salió al cruce. La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, públicamente afirmó que para finales de abril el problema de Petrobras estaría encaminado y que no se apartaría de la ortodoxia económica promulgada por el Ministerio de Hacienda.
Esa intervención de palabra no costó un solo dólar a las arcas del gobierno y, sin embargo, repercutió muy positivamente en las expectativas de los agentes económicos lo que se observa día a día en el mercado de deuda.
No siempre la solución viene de la mano de poner plata. Y Uruguay no es la excepción.
A mi modo de ver, lo que está faltando en Uruguay es una inyección de confianza en la población. Una intervención de palabra, clara, contundente, sin miedo y firme que convenza. Hasta ahora sigo esperando.
Michel Bomsztein