• Cotizaciones
    martes 25 de agosto de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Saladeros: primera revolución industrial en la ganadería criolla

    El antecedente inmediato de la industria frigorífica, tal como la conocemos hoy, fue el de la instalación de los saladeros en la Banda Oriental. Esta industria marcó una revolución económica de proporciones en la utilización del ganado vacuno como fuente generadora de divisas y que se extendió hasta los primeros años de 1900. Su muerte definitiva, después de casi un renacimiento con el estallido de la I Guerra Mundial y la inicial suspensión de los envíos de carne a Europa, se produjo en 1915.

    José Pedro Barrán y Benjamín Nahum, en el libro “Historia Rural del Uruguay Moderno”, relatan con precisión la fase previa y lo que significó la aparición de la industria saladeril para consolidar la primitiva estructura económica vigente hasta ese momento. La industria saladeril fue el complemento perfecto del medio rural tradicional, ya que contribuyó a industrializar todos los productos del ganado bovino y caballar, de los cuales solo se aprovechaban comercialmente los cueros. Era una forma colonial de explotación “destructiva”, que fue superada por el proceso de industrialización en el saladero.

    En primerísimo lugar, su creación más original fue el tasajo, o sea el aprovechamiento de la carne bovina. Lo que antes era pasto de las aves de presa o los perros cimarrones, se convirtió en valor.

    En general el ganado criollo bovino, flaco y débil pero musculoso, con excelente y grueso cuero, no pesaba más de 380 kg, y para el consumo de Montevideo se había establecido que cada bovino criollo (entre 1852 y 1900) proporcionaba unos 161 kg de carne, huesos, grasa y desechos, siendo el resto cuero (unos 30 a 35 kg).

    Utilizar esos productos, que fue lo que hizo el saladero, implicaba valorizar industrialmente el 90 % del animal, ya que el cuero, en peso, correspondía más o menos a un 10% del total.

    Barrán y Nahum observan, sin embargo, que esa industrialización del 90 % del animal no implicaba un 90 % de aumento en su valor de venta, sino en una proporción mucho menor debido a problemas en los mercados internacionales por la mala calidad de la carne del vacuno criollo, entre otros factores.

    El rendimiento que se obtenía por bovino era muy variable y dependía por supuesto del peso de estos así como de su calidad en gordura.

    Los cálculos que los autores recabaron fluctúan dentro de una escala cuyo menor guarismo es el de 53,69 kg por animal y el mayor 68,7 kg por animal, y llaman la atención sobre el hecho de que la carne transformada en tasajo sufre una merma (ante la importante eliminación del agua) de un 50 % en su peso.

    Con el tasajo, por lo tanto, adquiría valor el animal en un 30% a 40% más que lo que la sola extracción del cuero permitía.

    Con relación al mismo cuero, el saladero si bien no inventó el proceso del salado ni fue el único establecimiento en hacerlo, extendió, universalizando la producción de cueros salados, que agregaba también un plusvalor industrial interesante.

    El salado fue una operación sencilla que se practicaba en las estancias solo esporádicamente, pero el saladero lo convirtió en una norma y ello tuvo una honda significación para nuestros mercados internacionales, ya que Inglaterra los prefería tratados de ese modo.

    El salado no solo alargaba la vida del producto preservándolo de la polilla sino que además llevaba una mayor cotización del cuero en el mercado internacional. En general la diferencia entre salado y seco oscilaba a favor del primero en un 25%.

    De los otros subproductos que el saladero incorporó a la corriente de intercambios de Uruguay con el mundo exterior, y que compartió con los establecimientos llamados “graserías”, el más importante fue el de las “gorduras”, en el que debe comprenderse la grasa y el sebo, producto derivado de la cocción de los huesos.

    La incorporación de este elemento no solo obligó a la introducción de la máquina a vapor al saladero, modernizándolo en consecuencia, sino que también significó una ampliación considerable de las exportaciones uruguayas.

    Las “gorduras” también llevaron a la industrialización de un ganado relativamente olvidado como valor de intercambio con el exterior: el yeguarizo. En ese sentido, la acción de los saladeros y graserías fue sumamente importante.

    “Se mata también en esos establecimientos (saladeros) una gran cantidad de yeguas (de 15.000 a 20.000) por año en el departamento de Montevideo, y cuya carne se utiliza para extraerle la grasa y aceite que contienen, y cuyos cueros se salan como los de la vaca para la exportación”.

    “Como sueño de una noche de verano, la quimera del renacimiento de la industria de los saladeros resultó efímera y apenas subsistió dos meses. Los sucesos desatados a partir del magnicidio ocurrido el 28 de junio de 1914 en Sarajevo lo hicieron añicos”, relata Rodrigo Morales Bartaburu. Cuenta que si bien en un principio se suspendieron las exportaciones a Europa, el comercio se recompuso con creces después de que en agosto de 1914 el gobierno británico anunciara que adquiriría todo el tonelaje que fuera necesario para abastecer a su población. En enero de 1915, la demanda se tonifica aún más al hacerse cargo los británicos de las compras de Francia.

    Fue la partida de defunción para los saladeros.