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Las trabajadoras domésticas tienen más edad que el resto de los empleados, menos años de educación, viven en mayor porcentaje en asentamientos y son más dependientes de los planes de asistencia social del gobierno. Según un reciente análisis del Banco de Previsión Social (BPS) este sector muestra una “situación de vulnerabilidad socio-económica”.
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La información surgen de la Encuesta Longitudinal de Protección Social realizada entre 2010 y 2013 y cuyos datos vienen siendo procesados por ese organismo previsional. Así se concluye que el trabajo doméstico remunerado es casi totalmente femenino (la actividad representa al 12% de las mujeres ocupadas del país) y se concentra en personas de entre 30 y 49 años que abandonaron el liceo para salir a trabajar y que en promedio trabajan 23 horas semanales.
Según el estudio, publicado este año por la Asesoría General en Seguridad Social del BPS, son aproximadamente 72.000 los hogares (6% del total) que tienen personal doméstico remunerado.
El 53% de las trabajadoras manifestó tener primaria completa o primer ciclo secundario incompleto, mientras que 27% llegó a completar al menos algunos años de liceo y apenas 10% lo finalizó.
Cerca de 40% abandonó para salir a trabajar y 21% porque “no le gustaba” estudiar. Hoy la mayoría se desempeña en familias biparentales con hijos, seguido por hogares unipersonales.
Las trabajadoras domésticas tienen más edad que el resto de los empleados, menos años de educación, viven en mayor porcentaje en asentamientos y son más dependientes de los planes de asistencia social del gobierno
La encuesta estima que 45% del trabajo doméstico es informal. “Esto muestra una mayor evasión en el sector (en comparación con el total de empleados) que implica mayor desprotección en la vida activa y también para el futuro la imposibilidad de acceder a una jubilación”, dice el informe de la Asesoría. Para diciembre del año pasado el BPS pagaba 43.239 jubilaciones del sector doméstico, menos de 10% del total de pasividades otorgadas.
Al igual que en el resto de los trabajadores formales, la mayoría de quienes se desempeñan en este rubro tiene pareja e hijos o proviene de hogares “extendidos o compuestos”. Sin embargo, se trata de una actividad que depende más de algunos planes sociales del gobierno: 14% de las trabajadoras domésticas cobraba el antiguo Plan de Emergencia Social (casi el doble que el resto de los ocupados) y 25% tiene algún tipo de asistencia alimentaria (más del doble en comparación con los otros trabajadores).
“En general se observa que los hogares donde hay trabajadoras domésticas son beneficiarios en mayor medida de programas dirigidos a mitigar situaciones de vulnerabilidad socioeconómica”, señala el estudio. Además, 48% cobra asignaciones familiares y se atienden principalmente en dependencias de salud públicas.
La encuesta apunta a porcentajes similares con respecto al resto de los trabajadores en relación con la tenencia de vivienda. Mientras que 38% de los ocupados se declara propietario de su casa y terreno sin deudas pendientes, para las domésticas la cifra asciende a casi 32%. Sin embargo, mientras 6% de las personas ocupadas vive en asentamientos, la incidencia en el sector doméstico sube a 9%. “Si bien el hecho de ser propietario de una vivienda puede ser un factor de autonomía económica, esta circunstancia no se estaría verificando si dicha propiedad se encuentra en zona de asentamiento”, recuerda la asesoría del BPS.