Entrevista a la presidenta de la Asociación de Defensores Públicos, Adriana Berezán (continuación)
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá—El nuevo sistema penal apuesta a solucionar los conflictos con acuerdos entre la víctima y el delincuente, a sustituir prisión por medidas alternativas, a negociar sanciones entre defensa y fiscal. ¿Qué opina?
—A eso es a lo que hay que apostar, a una resolución del conflicto ajeno a la voluntad del Estado. El conflicto es entre la víctima y el victimario. Si me roban la cartera y la recuperan a la media cuadra, ¿por qué no me puedo satisfacer con que el que me la robó me mire a la cara y me pida disculpas? ¿Y se comprometa a determinada actividad? El tema es que hemos invertido un poco la escala de valores. Es mucho más grave el homicidio que la rapiña. Y sin embargo una rapiña especialmente agravada tiene una pena que arranca en cinco años y cuatro meses. El homicidio simple arranca en 24 meses. Algo nos pasó.
—También hay delitos sexuales que arrancan con penas mínimas menores…
—¡Obvio! Con mínimas menores que una rapiña. Es la dicotomía del Código Penal. Los códigos penales marcan las conductas sociales que no estamos dispuestos a permitir que se violen. Básicamente, son los 10 mandamientos de la tabla de Moisés: no matarás, no cometerás perjuicio, no amarás a la mujer de tu prójimo... si los dividís, están desparramados en el Código Penal. Las penas que tenemos tienen una razón de ser. El código es del 34, una época muy particular del mundo, donde la propiedad privada era más importante que la vida. Porque en ese momento, con guerra, matar un ser humano era lo mismo que matar a una rata. Arrastramos eso hasta el 2017. Y no nos hemos tomado el tiempo para repensarnos. ¿Es lo mismo, para nosotros como sociedad, la valoración de alguien que conduce imprudentemente y mata a otro, que el que con un arma apunta, te arranca la cartera y sale corriendo? Lo primero es un homicidio culposo, tiene una mínima de 24 meses. Y lo segundo una rapiña agravada: arranca con 5 años y 4 meses. Tenemos un problema que yo defino, muy groseramente, un poquito esquizofrénico.
—¿Hay que aumentar algunas penas?
—No sé. La realidad ha demostrado que el aumento de las penas nada le hace a la comisión de un delito. No hay nadie que delinca con el Código Penal abajo del brazo. Eso nos lo han querido vender, pero es mentira. El aumento de las penas sale al golpe del balde y al clamor de la tribuna. Y la prueba está con lo que pasó con el famoso “copamiento”. Se puso una pena mínima de ocho años, ¿y dejó de haber? No. ¿Disminuyeron? No. O sea que el monto de la pena no resuelve el conflicto penal. Eso está en la tapa del libro. Pero sigue habiendo quienes creen que sí lo resuelve. Y así estamos.