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La “tubería obstruida” del financiamiento: hay “limitada transformación” de los depósitos en crédito
Un estudio del BID identifica factores detrás del bajo desarrollo del mercado de crédito, como la “persistente dolarización”, la “limitada disponibilidad” de instrumentos en pesos y una “aversión al riesgo arraigada en episodios pasados de inflación”
Carteles de los bancos BBVA e Itaú, en la Ciudad Vieja: un sistema con el horario desfasado.
Que el crédito en el país sea equivalente a un 30% del Producto Interno Bruto (PIB) “es un escándalo” por lo insuficiente, dijo hace pocas semanas el ministro de Economía, Gabriel Oddone, reforzando un diagnóstico hecho también por autoridades del Banco Central (BCU). Según el jerarca ministerial, por las características de la economía uruguaya, ese ratio debiera ser superior a 50%.
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Un nuevo estudio publicado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) explora algunos determinantes del relativamente bajo nivel de financiamiento bancario en el país, un fenómeno de larga data. El problema es relevante debido a que el “desarrollo financiero es fundamental para el crecimiento, ya que moviliza el ahorro, asigna capital y respalda la inversión y la productividad”.
Según esa investigación, con el título traducido del inglés Una tubería obstruida: el rompecabezas de la intermediación bancaria en Uruguay, el sistema local canaliza una menor proporción de su base de depósitos hacia el crédito interno en comparación con economías similares, lo que probablemente deriva de una combinación de factores: la “persistente dolarización”, la “limitada disponibilidad de instrumentos financieros en moneda local” y una “aversión al riesgo arraigada en episodios pasados de inflación y tensiones en el sector bancario”.
A partir de datos del período 2011-2023 referidos a 154 países, los autores estimaron los determinantes —macroeconómicos, de volatilidad, institucionales y de estructura bancaria— de los ratios de depósitos sobre el PIB, crédito sobre el PIB y préstamos respecto de los depósitos. Hallaron que la brecha en el ratio de crédito sobre el Producto de Uruguay se explica “en gran medida por la inestabilidad macroeconómica histórica, las crisis bancarias, los factores institucionales y las características del sector bancario; por el contrario, el volumen de depósitos supera las predicciones del modelo y el ratio de crédito sobre depósitos permanece mayormente sin explicación”. Esto, según ellos, sugiere que la política pública “debería centrarse menos en aumentar los depósitos y más en profundizar” los mercados de financiamiento en moneda local, reducir la dolarización y los costos de intermediación, así como en mejorar las condiciones para “transformar el ahorro en crédito productivo”.
Las dos partes de la intermediación
Los bancos captan dinero del público y parte de esos fondos los prestan a otros clientes, ya sea con fines de consumo o productivos y de inversión. Pero el stock de depósitos supera ampliamente los préstamos concedidos. “(La) enorme liquidez del sistema financiero uruguayo (…) hace que los bancos estemos todos procurando ver cómo colocar créditos”, describió en Búsqueda en diciembre del año pasado el gerente general del banco Santander, Gustavo Trelles.
Sobre ese punto, el estudio del BID indica que la “particularidad de la intermediación financiera en Uruguay radica menos en la movilización de depósitos que en la limitada transformación de dichos depósitos en crédito”. La relación depósitos-PIB se sitúa “solo” 3,8 puntos porcentuales por debajo de su valor previsto como referencia en el análisis; en cambio, el crédito al sector privado es 26,7 puntos inferior, y la relación crédito-depósitos se ubica en 39,1 puntos menos del nivel implícito en los fundamentos macroeconómicos.
Al considerar la inflación histórica y las crisis bancarias, la brecha crédito-PIB prácticamente desaparece. Según la investigación, las variables institucionales —en particular, las medidas relativas a los derechos de los acreedores— explican parte del déficit de crédito, al tiempo que las características del sector bancario (destacando los márgenes netos de interés y la estabilidad bancaria) reducen aún más la brecha crediticia estimada.
Como un enfoque complementario, el estudio integró estos conjuntos de variables de control en una única especificación, combinando las variables macroeconómicas e históricas con los regresores institucionales y del sector bancario. En este caso, la ratio de depósitos de Uruguay se sitúa 32 puntos porcentuales por encima de la predicción del modelo, mientras que su brecha de crédito respecto al PIB se acerca a los 10 puntos y deja de ser estadísticamente significativa. No obstante, la brecha entre crédito y depósitos sigue siendo “significativa” (de casi 32 puntos porcentuales). Estos resultados exponen que el sistema bancario uruguayo “moviliza un volumen considerable de depósitos, pero canaliza una proporción persistentemente baja de los mismos hacia el crédito interno”, subraya el estudio.
Sede del Banco Central del Uruguay, en la Ciudad Vieja.
Mauricio Zina-adhocFOTOS
El BCU ha adoptado recientemente medidas para ampliar el crédito en moneda nacional. Desde marzo ajustó progresivamente los requisitos de encaje para desalentar la captación de depósitos denominados en dólares y permitir a los bancos prestar una mayor proporción de los depósitos en pesos. Simultáneamente, se mantuvieron los requisitos aplicables a los depósitos en dólares y se redujo su remuneración, lo que “desincentivó aún más la financiación en moneda extranjera frente a la financiación en pesos”, repasa la investigación. Agrega que este mes entró en vigor una disposición que obliga a los bancos a informar a nuevos titulares de cuentas denominadas en dólares sobre las fluctuaciones de su poder adquisitivo en pesos, como parte de esa estrategia de desdolarización.
Pero, según los autores, ampliar el financiamiento productivo “también requiere abordar las restricciones estructurales y aquellas relacionadas con la demanda, tales como el limitado apetito de riesgo de los prestatarios, los elevados costos de intermediación, la segmentación de los prestatarios y la oferta limitada de proyectos sujetos de crédito a las tasas de interés vigentes”. En ese sentido, las medidas que incentivan el ahorro y el crédito en pesos “pueden complementarse con políticas que fortalezcan la demanda de crédito, amplíen el acceso de los prestatarios a la financiación y reduzcan las barreras estructurales a la intermediación, a fin de aumentar la probabilidad de que una menor dolarización se traduzca en una expansión sostenida del crédito productivo. Es probable que estas reformas surtan efecto gradualmente, pero podrían contribuir a canalizar una mayor parte del ahorro de Uruguay hacia la inversión y el crecimiento”.
Los investigadores cierran señalando que una comprensión completa de la “persistente brecha de intermediación en Uruguay” requerirá de estudios adicionales, particularmente aquellas que utilicen datos microeconómicos y a nivel bancario capaces de distinguir entre las restricciones del lado de la oferta, las limitaciones de la demanda de crédito, el riesgo de los prestatarios y otras fricciones específicas del país que no pueden captarse plenamente en un marco de análisis comparativo entre países.