Según un informe del analista deportivo ecuatoriano Jaime Macías, que trabaja para Virtus Sports Group, 289 futbolistas no representan a su país de origen en este Mundial, lo que equivale al 23,2% de los 1.248 jugadores participantes. El crecimiento es sostenido: en Catar 2022 esa proporción era del 16,5%; en Rusia 2018, del 11,1%; en Brasil 2014, del 11,4%; en Sudáfrica 2010, del 10,2%; en Alemania 2006, del 8,7%, y en Corea-Japón 2002, del 8,6%.
Detrás de Curazao aparecen la República Democrática del Congo, con 20 futbolistas nacidos fuera del país —la mayoría en Francia y Bélgica—; Marruecos, con 19, y Bosnia y Herzegovina, con 17.
En contraparte, Francia, Países Bajos e Inglaterra son los tres países que más talento exportan. En este Mundial, 76 futbolistas nacidos en Francia visten otra camiseta, mientras que la cifra es de 31 en el caso de los Países Bajos y de 25 para Inglaterra.
Boateng Mundial 2014
Los hermanos Kevin- Prince Boateng (Ghana) y Jérôme Boateng (Alemania) se enfrentaron en el Mundial 2014.
AFP
Solo ocho selecciones no cuentan con futbolistas nacidos fuera de su territorio: Arabia Saudita, Austria, Brasil, Colombia, Panamá, República Checa, Sudáfrica y Suecia.
En Uruguay, son dos los nacidos fuera de fronteras. Fernando Muslera nació en Buenos Aires, aunque sus padres uruguayos lo llevaron a Montevideo con pocos meses de vida, donde se crio y se formó futbolísticamente. Distinto es el caso del volante Rodrigo Zalazar, nacido en Albacete (España) e hijo del exfutbolista uruguayo José Luis Zalazar. Tras desarrollar buena parte de su formación en el fútbol español, eligió representar a Uruguay a nivel internacional.
En esta edición, además, hay un uruguayo jugando por Paraguay: el golero Gastón Olveira. Tras varios años defendiendo a clubes paraguayos y obtener la nacionalidad de ese país, fue convocado por el director técnico, Gustavo Alfaro. El delantero uruguayo Sebastián Soria integró la prelista de Catar para el torneo, pero finalmente no fue incluido en la nómina definitiva.
El Mundial de las diásporas
Las grandes corrientes migratorias de las últimas décadas hicieron que millones de personas construyeran sus vidas lejos de sus países de nacimiento, formando comunidades que hoy se extienden por Europa y América. En muchos casos, ese proceso tiene su origen en los vínculos históricos entre antiguas potencias coloniales y sus excolonias, que impulsaron movimientos migratorios sostenidos desde África y el Caribe hacia Europa. Esto tiene hoy un impacto directo en la composición de las selecciones nacionales de fútbol.
Francia es el caso más evidente, con jugadores nacidos en territorio francés pero de fuerte herencia africana, como N’Golo Kanté, de origen maliense; Aurélien Tchouaméni, de familia camerunesa, y Kylian Mbappé, con raíces camerunesas y argelinas. Antes, ya había sobresalido Zinedine Zidane, hijo de inmigrantes argelinos y campeón del mundo en 1998. Su hijo, Luca Zidane, hoy ataja para Argelia.
Inglaterra también acentúa esta realidad con figuras como Jude Bellingham y Bukayo Saka, ambos hijos de inmigrantes africanos que crecieron dentro del sistema inglés, mientras que Bélgica suma a Romelu Lukaku, de origen congoleño, y Jérémy Doku, de padres ghaneses.
Curazao Mundial
Curazao celebró su histórico empate ante Ecuador junto con los reyes de los Países Bajos.
Algo similar ocurre con Países Bajos, donde la relación con el Caribe también se refleja en la conformación de sus equipos, a partir de comunidades provenientes de Surinam, con casos como el de Ruud Gullit, figura de la Naranja Mecánica de los años 80, y Virgil van Dijk en el presente.
Competencia más allá del fútbol
Con la globalización del fútbol, muchas federaciones han intensificado la búsqueda temprana de futbolistas que pueden representar a más de un país, especialmente aquellos formados en el extranjero o con doble nacionalidad.
En ese contexto, los campos de entrenamiento, las pruebas de talento y las giras internacionales se volvieron herramientas clave. Varias federaciones organizan concentraciones fuera de su territorio para captar jugadores de la diáspora. Marruecos, por ejemplo, realiza con regularidad captaciones en Francia, Bélgica y Países Bajos, donde se concentran comunidades de origen marroquí, con el objetivo de incorporar talentos antes de que sean convocados por selecciones europeas.
Francia, en tanto, mantiene una red de captación en academias de Europa y en sus antiguos territorios de ultramar, mientras que selecciones africanas como Senegal, Ghana o Nigeria buscan identificar a jóvenes talentos formados en clubes europeos antes de que sean convocados por países donde nacieron o crecieron.
Golero Japon
Zion Suzuki, golero y figura de Japón, nació en Estados Unidos; es hijo de padre ghanés y madre japonesa.
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Esta tendencia también llegó a Sudamérica. Argentina ha desarrollado actividades de detección de talentos en Europa y Estados Unidos, especialmente en Miami, donde la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) organiza pruebas y seguimiento de juveniles con ascendencia argentina. En los últimos años, ese esquema se tradujo en la incorporación de varios futbolistas nacidos o formados fuera del país, como Alejandro Garnacho (España) o Valentín Carboni (Italia).
En muchos casos, la decisión final de parte del jugador no depende solo de su origen familiar, sino de la proyección deportiva y de la posibilidad de jugar torneos importantes.
Cambios en las reglas FIFA
El crecimiento del fenómeno de las dobles nacionalidades llevó a la FIFA a ajustar sus reglas de elegibilidad, en setiembre de 2020. El objetivo fue ordenar situaciones cada vez más frecuentes en las que un mismo futbolista podía ser convocado por varias selecciones a lo largo de su carrera.
Uno de los cambios más relevantes es la flexibilización para cambiar de equipo en casos específicos. Hoy, un jugador puede representar a un país diferente si no ha disputado más de tres partidos oficiales con la selección mayor antes de los 21 años, y siempre que no haya jugado un Mundial o una competencia continental mayor.
La FIFA también amplió los criterios para permitir que jugadores con vínculos familiares o de residencia prolongada puedan optar por más de una federación, algo que impacta directamente en países con fuerte presencia de migrantes.
Mientras tanto, se endurecieron algunos controles para evitar cambios considerados oportunistas, especialmente en etapas avanzadas de la carrera. La intención es equilibrar dos tensiones: por un lado, el derecho del jugador a elegir su selección; por otro, la necesidad de preservar la integridad deportiva.
Una contradicción silenciosa
En varias potencias futbolísticas convive un discurso político endurecido sobre la inmigración mientras tienen selecciones nacionales profundamente marcadas por la diversidad de orígenes.
En Alemania, el debate sobre integración y ciudadanía convive con una selección entre las más multiculturales de Europa. Bajo gobiernos recientes —desde Angela Merkel hasta la actual coalición— se endurecieron algunos aspectos del control migratorio, mientras figuras como Mesut Özil, Jamal Musiala e lkay Gündoan tienen trayectorias familiares ligadas a Turquía, Inglaterra o Polonia.
Yamal festejo Mundial
Lamine Yamal celebró su primer gol mundialista haciendo la postración musulmana.
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En Estados Unidos, la política migratoria ha sido un eje de disputa constante entre administraciones demócratas y republicanas, con endurecimientos en controles fronterizos en los últimos años. Aun así, su selección masculina es el resultado directo de la inmigración mexicana, caribeña, africana y europea.
Japón, bajo gobiernos como los de Fumio Kishida y Sanae Takaichi, mantiene uno de los marcos migratorios más cerrados del mundo desarrollado, con controles estrictos a la residencia permanente. En paralelo, su selección incorporó a Zion Suzuki, arquero nacido en Estados Unidos e hijo de padre ghanés y madre japonesa, símbolo de una diversidad creciente en tensión con una narrativa oficial de homogeneidad cultural.
La herida que el fútbol no logra cerrar
Esta mayor diversidad convive con un problema que el fútbol no ha logrado resolver: el racismo. En un escenario donde cada vez más jugadores tienen orígenes múltiples, las identidades también se vuelven blanco de ataques, especialmente en contextos de alta exposición como los mundiales.
Uno de los hechos más recientes fueron los cánticos racistas de hinchas y jugadores argentinos tras la Copa América, dirigidos a futbolistas franceses de origen africano. La canción —“Juegan en Francia pero son todos de Angola…”— incluía insultos y todo tipo de estereotipos raciales, lo que generó condena internacional y la apertura de actuaciones disciplinarias.
Este Mundial no está exento de discriminación. Tras su primer gol mundialista, en la goleada ante Arabia Saudita, Lamine Yamal hizo el sujud, la postración musulmana. En la tribuna, algunos españoles optaron por no festejar y otros lo insultaron. En redes, un video con la escena y el mensaje “España es cristiana, no musulmana” llegó a tres millones de reproducciones. En la última temporada del fútbol español, Yamal, de solo 18 años, ha acaparado el 60% de los mensajes de odio en redes, según un informe del Observatorio Español de Racismo y Xenofobia.