En la era de la desinformación a escala, Uruguay tiene la posibilidad y la responsabilidad de liderar con el ejemplo: demostrar que es posible compatibilizar libertad de expresión y mitigación de riesgos sistémicos, que la gobernanza de las plataformas no es una concesión, sino una oportunidad para la democracia, y que el diálogo informado y plural es la mejor herramienta para lograrlo