Era una idea que repetía cada vez que hablaba de Montevideo. Contaba que aprovechaba sus viajes para ir al cine, caminar por la ciudad, recorrer Tristán Narvaja y salir a comer. “Gracias a Dios, a excepción del cariño espontáneo de la gente, los uruguayos tienen otra manera de comportarse”, decía.
También ese mismo año le contó a Gerardo Minutti, en Sábado Show, que viajaba al país para disfrutar de una tranquilidad que ya no encontraba en Buenos Aires. “Para mí no hay otro lugar en el cual yo me sienta tan cómodo, por un lado un poco liberado del asedio”, decía.
El vínculo iba más allá de la tranquilidad. El carnaval uruguayo ocupó un lugar en el universo del Indio. “Hay dos sonidos que me emocionan mucho. Los coros rusos masculinos y el coro de las murgas”, contó en esta última entrevista. Años antes, en la previa de los recitales de los Redondos en el Estadio Centenario, le había dicho a La Nación que Momo Sampler estaba atravesado por esa influencia. “El disco tiene mucho que ver con la emulación del carnaval y, en lo personal, me gusta mucho el carnaval uruguayo”, confesó.
Solari decía que prefería los tablados de barrio antes que los grandes escenarios. “En Uruguay suelo ir al Club Albatros, a los barrios, porque ahí la gente lo vive de una manera muy diferente al del Teatro de Verano”. También destacaba el ambiente popular que rodeaba a las murgas. “Para ver a Araca y a Falta y Resto, tenés que ir a los barrios y ver cómo vibra la gente en ese ambiente donde hay choripanes, copos de nieve, bingos en el medio de un número y otro”. Para él, aquellas noches formaban parte de la esencia del carnaval. “Esa imagen del carnaval influenció bastante el origen de Momo Sampler”.
Las canciones que nacieron en Uruguay
La relación también se coló en sus canciones. En el libro Recuerdos que mienten un poco, escrito junto con Marcelo Figueras, contó que Botija rapado nació de este lado del río. “En Uruguay se me ocurrió esa historia en la que el botija se escapa de la Colonia Berro”, recordó, sobre el centro de reclusión para menores que inspiró la canción.
Embed - Los Redondos - Botija Rapado en vivo Estadio Huracán, Buenos Aires, ARG (Diciembre 17, 1994)
En esas páginas aparece además una escena que resume bastante bien su vínculo con Montevideo. “Saltaba el charco seguido” y podía quedarse “cinco días”, recordó. En una de esas estadías iba al cine “todos los días” con Virginia Mones Ruiz, su esposa. El episodio quedó marcado por una función de Analyze This (1999), la comedia protagonizada por Robert De Niro y Billy Crystal. “Durante la semana no había nadie. Pero ese sábado daban Analyze This”, relató. Convencido de que “debía ser graciosa”, decidió “quedarse un día más”. Sin embargo, se encontró con que “el cine estaba hasta las manos”. “Me tocó en el medio de todo, rodeado de gente. Empecé a transpirar y le dije a Virginia: ‘Me voy, me voy...’”, recordó sobre el ataque de claustrofobia que lo obligó a abandonar la sala antes de que terminara la película.
También hay una referencia uruguaya detrás del tema Perdiendo el tiempo. Según explicó el propio Solari, la canción habla de Ángeles, una mujer que conoció de joven y que decidió mudarse a Uruguay para realizar tareas humanitarias. De aquella historia surgieron varias de las imágenes que se reflejan en la letra. Ambas canciones están en el disco Lobo suelto, cordero atado, vol. 2, de 1993.
La primera visita y una historia mal contada durante años
Hay algo curioso en la historia de los Redondos en Uruguay. Durante décadas se repitieron fechas equivocadas sobre sus primeras presentaciones en Montevideo. La documentación de época, las crónicas publicadas en los diarios y los testimonios de quienes participaron en la organización permiten corregir ese error.
Los primeros recitales de los Redondos en Uruguay fueron el domingo 30 de julio de 1989 en el Palacio Peñarol y 31 de julio en Laskina. No el 22 y 23 de julio, como se publicó innumerables veces.
La confusión tiene una explicación. Esas eran las fechas originalmente anunciadas para el debut de la banda, pero el concierto fue postergado por problemas burocráticos vinculados a permisos y habilitaciones de la Intendencia de Montevideo.
La prueba aparece en una crónica publicada por Espina en Día Pop, el suplemento de música del diario El Día, que auspició el show y que durante los años 80 había sido una referencia para la escena roquera uruguaya. La banda ni siquiera llegó a salir de Buenos Aires. El recital debió aplazarse por las “trabas impuestas por el Departamento de Cultura de la Intendencia Municipal de Montevideo”, que obligaron a reprogramarlo para el domingo 30 de julio.
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El aviso de postergación publicado por El Día el sábado 22 de julio de 1989 y el anuncio de la nueva fecha del concierto.
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Aviso publicado en el diario El Día para promocionar el primer recital de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota en Uruguay, el 30 de julio de 1989.
Redondos-El-Dia
Dos recuerdos de la primera visita de los Redonditos de Ricota a Montevideo. A la izquierda, un cupón con entradas de regalo para el recital en el Palacio Peñarol. A la derecha, un aviso publicado en la previa del show.
Día Pop - 1989
El detalle parece menor, pero modifica una historia repetida durante más de tres décadas.
Cuando finalmente cruzaron el Río de la Plata, los Redondos todavía estaban lejos de convertirse en el fenómeno multitudinario que serían pocos años después. Tenían discos valorados por la crítica y un público fiel en Argentina, pero seguían siendo una rareza dentro del rock latinoamericano. No contaban con el respaldo de una multinacional (tampoco lo querían), no sonaban de forma permanente en las radios y no les interesaba tocar fuera de su país. Uruguay era la excepción.
Antes del recital hubo un anticipo inesperado. La noche previa, periodistas y seguidores se reunieron en Laskina, un pequeño pub de Parque Rodó que por entonces se había convertido en uno de los centros de la escena roquera montevideana, para una conferencia de prensa que terminó convirtiéndose en una pequeña actuación improvisada. El Indio no había podido viajar por problemas de documentación y seguía en Buenos Aires, pero el resto de la banda aprovechó algunos de los instrumentos que había en el local y tocó varios temas con Skay Beilinson en la voz. Para muchos de los presentes, aquel fue el primer contacto directo con una banda que todavía era un secreto para buena parte del público uruguayo. También fue una primera muestra de los contratiempos que marcarían aquella visita.
Al día siguiente llegó el debut en el Palacio Peñarol. En charla con Galería, Espina contó que la convocatoria estuvo por debajo de lo esperado. “La gente no fue”, resumió. Resulta difícil de imaginar hoy, pero aquella noche los Redondos todavía no arrastraban multitudes.
Redondos-Palacio-Penarol-1989
La banda en pleno show en el Palacio Peñarol.
Omar Bouhid
Los instrumentos prestados y el nacimiento de un mito
La noche del debut tuvo otro problema. Los equipos de la banda quedaron varados en Argentina por cuestiones aduaneras. La solución llegó gracias a Níquel. Según reconstruyeron distintos medios años después y recordó el propio Jorge Nasser en una entrevista con Rolling Stone Argentina, el grupo uruguayo les prestó instrumentos y amplificadores para que pudieran subir al escenario. Existía una relación de amistad entre ambas bandas y eso permitió resolver la situación sobre la marcha. Los Redondos tocaron entonces con equipos ajenos. Y aún así dejaron una impresión enorme.
El gesto no quedó solamente en aquella noche. Skay devolvió la gentileza participando como guitarrista invitado en El solitario, una de las canciones de Gargoland, Acto II, de Níquel. Al recordar aquella colaboración, Nasser contó a Rolling Stone Argentina que ambas bandas compartían amistades y frecuentaban los mismos círculos culturales de Buenos Aires. “Se podría decir mucho de esa colaboración de Skay, de la grabación en sí, etcétera, ellos, el Indio, son personas muy queridas. La vida nos llevó por caminos diversos pero nuestras almas siguen en contacto”, afirmó.
Laskina no era un lugar cualquiera. El pub había nacido en una casa reciclada por Gonzalo Ajo Núñez y Omar Bouhid, dos jóvenes vinculados a la escena under montevideana. Ubicado en Prudencio Vázquez y Vega, en Punta Carretas, se transformó rápidamente en uno de los puntos de encuentro del rock de fines de los 80. Por su escenario pasaban bandas uruguayas y figuras argentinas como Fito Páez o Luis Alberto Spinetta. Tiempo después se sumaron como socios los músicos argentinos Carlos Lastra y Waldo Brandwejn. Este último era platense, conocía a Carmen Castro, más conocida como la Negra Poli, histórica mánager de la banda, y mantenía una relación cercana con el entorno de los Redondos. Fue a través de esos vínculos que comenzó a gestarse la llegada de la banda a Montevideo.
La otra versión de la historia de Laskina
Con los años se instaló una historia muy repetida. Que el recital de Laskina fue un regalo de la Negra Poli porque el Palacio Peñarol había vendido pocas entradas. Sin embargo, Bouhid sostiene que eso nunca ocurrió.
Según contó a Galería, los recitales en el pub ya formaban parte de la negociación original cuando comenzaron las conversaciones para traer a la banda. “Eso que se cuenta de que tocaron en Laskina como una generosidad de la Negra Poli porque no había ido mucha gente al Palacio es una fantasía. Tremenda mentira”, sentenció.
Bouhid también puso en duda otro de los grandes mitos de aquellas noches. Con el paso de los años, asegura, fueron cada vez más los que dijeron haber estado en Laskina ese lunes 31 de julio. El problema es que el local apenas podía albergar a poco más de cien personas. “Si hubieran estado todos los que dicen que fueron, Laskina tendría que haber sido un estadio”, bromeó.
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En la esquina de Prudencio Vázquez Vega y José H. Figueira, en Punta Carretas, funcionaba Laskina. Hoy el local es una hamburguesería.
La explosión ricotera
La segunda visita a Montevideo llegó en seguida, en diciembre de 1989. Los Redondos tocaron el 8 de diciembre en el Teatro de Verano y al día siguiente volvieron a Laskina.
Para entonces ya estaban viviendo una transformación acelerada. Ese mismo mes agotaron tres shows en Obras Sanitarias y comenzaron a convertirse en un fenómeno nacional.
Aldo Silva recuerda una verdadera invasión de público en el Teatro de Verano. Su testimonio tiene peso. Mucho antes de convertirse en periodista y conductor de Telemundo, fue una figura activa de la escena roquera uruguaya. Participó en la organización de recitales, trabajó como mánager de la banda de rock Metamorfosis y más tarde acompañó el crecimiento de otros grupos, como Buitres y La Trampa.
Solo-La-Foto
El Indio Solari, entregado al escenario.
Día Pop
Silva estuvo involucrado en la promoción de la visita de los Redondos y todavía recuerda el clima de aquellas jornadas. Según su relato a Galería, se vendieron alrededor de 1.500 entradas para el recital del Teatro de Verano, pero miles de personas terminaron ingresando sin pagar. La falta de controles hizo imposible contener al público. “Cuando empezaron a sonar los primeros acordes y hubo movimiento, bajaba la gente de las canteras. Parecía una inundación de agua”, recordó. “Cuando la gente vio que podía colarse, se coló”. El resultado fue un Teatro de Verano completamente desbordado. A pesar del caos, Silva guarda un recuerdo entusiasta de aquella noche. “Fue una fiesta. Una locura”, resumió.
La masividad estaba golpeando la puerta. Y Uruguay lo estaba viendo en directo.
Entre quienes siguieron de cerca aquella visita estuvo Raúl Forlán Lamarque, periodista y crítico cultural que durante más de dos décadas escribió sobre música y espectáculos, en este caso en La República. En sus crónicas registró el fenómeno que empezaba a crecer alrededor de la banda y, especialmente, la relación cada vez más intensa entre el Indio y su público. Contó que adolescentes “frenéticos y desbordados de fervor” subían una y otra vez al escenario para abrazar o besar al cantante, una situación que terminó molestando al propio Solari. Para Lamarque, aquella escena mostraba una contradicción. Mientras miles de jóvenes comenzaban a convertir al Indio en una figura “casi mística”, él parecía empeñado en escapar de ese lugar. “La casi desesperada necesidad de desmitificarse. En una palabra, humanizarse”, escribió.
El recital también terminó formando parte de la historia oficial de la banda. En 1992, los Redondos publicaron En directo, el único álbum en vivo de toda su carrera, armado sobre todo con las canciones de ese show en el Teatro de Verano. Años después, Skay contó que nunca habían pensado editar un disco de esas características. La decisión surgió cuando supieron que una de las cintas podía circular de forma pirata. “Nos dijeron que alguien estaba por sacar un disco pirata con esa cinta. Y dijimos: ‘Bueno, antes de que lo saque otro, lo sacamos nosotros’”, recordó en una entrevista con la revista argentina Soy Rock en 2007.
El recital del 9 de diciembre en Laskina también dejó un documento histórico. Durante años, una grabación en video circuló de mano en mano entre fanáticos y coleccionistas hasta que, en 2021, el propio Indio Solari la difundió en su canal oficial de YouTube. El registro del pequeño pub montevideano es uno de los escasos documentos audiovisuales que sobreviven de los Redondos en los años 80 y permite ver a la banda cuando todavía estaba a punto de convertirse en un fenómeno de masas.
Embed - Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota - Laskina Bar - Montevideo Uruguay 09/12/89
Una banda cada vez más convocante
Otro error repetido durante años tiene que ver con la visita siguiente. Muchas publicaciones ubicaron los recitales en junio. Las crónicas periodísticas muestran otra cosa.
Los Redondos tocaron el 27 de julio de 1990 en el Palacio Peñarol y al día siguiente realizaron dos funciones en Laskina debido a la demanda de público. El primer recital comenzó cerca de la medianoche y el segundo se realizó entrada la madrugada.
Silva recuerda que aquellas presentaciones fueron muy distintas a las de 1989. La expectativa alrededor de la banda había crecido tanto que los organizadores optaron por dividir al público en dos funciones consecutivas. “En Laskina hicieron dos microshows. Tocaron poco para poder meter los dos shows y mucha gente se fue recaliente”, recordó. Según su relato, se trató de recitales breves y caros para los estándares de la época. “Fueron dos shows para aprovechar. Era una demanda tremenda. En el micromundo del rock de ese momento había una locura con ellos”, resumió.
Pero antes de salir a tocar, la banda mostraba otra faceta. Silva conserva una de las imágenes más íntimas de aquellas visitas. Antes de uno de los recitales en Laskina, subió a un pequeño altillo donde esperaban los músicos y se encontró con una escena que todavía recuerda con asombro. “Skay tocaba una guitarra desenchufada mientras el Indio emitía sonidos guturales. Los dos estaban cabeza con cabeza, completamente abstraídos. Era una escena muy íntima”, recordó. “Estaban en un acto místico, solos, ignorando el mundo entero”. Silva se retiró en silencio para no interrumpirlos. Minutos después bajarían a tocar.
Indio-Skay
El Indio Solari y Skay Beilinson, solos.
Skay Beilinson
Fuera de los escenarios, el Indio parecía buscar algo parecido. Silva y Bouhid coinciden en un recuerdo: le gustaba caminar solo por Montevideo. Durante sus visitas solía perderse por horas recorriendo la ciudad, sin custodias ni acompañantes, algo que ya empezaba a resultar difícil en Buenos Aires. Esa búsqueda de anonimato aparece una y otra vez en los testimonios de quienes lo trataron en Uruguay y ayuda a explicar el vínculo especial que tuvo con la ciudad.
El regreso al Centenario
Cuando los Redondos regresaron en abril de 2001 el escenario era completamente distinto. Ya no eran una banda de culto. Eran un fenómeno social. El 22 y 23 de abril llenaron el Estadio Centenario.
Redonditos-Montevideo-2001
Unas 40.000 personas asistieron a cada presentación. La dimensión del fenómeno quedó reflejada en la prensa. El País tituló su crónica del lunes 23 de abril con una frase que mostraba cómo era visto el fenómeno ricotero en ese momento: “Marihuana, vino tinto y rocanrol”. El artículo destacaba que, pese a las pedreas y los botellazos registrados durante el fin de semana, los recitales habían transcurrido con menos incidentes que los ocurridos en Buenos Aires.
Últimas Noticias fue todavía más lejos. En su portada del mismo día eligió un título sensacionalista. “Droga, alcohol, asalto y récord de botellazos”. Los diarios dedicaron amplios espacios a los operativos policiales, los controles de seguridad y la llegada masiva de seguidores argentinos, una cobertura que mostraba hasta qué punto los Redondos ya se habían convertido en un fenómeno que trascendía lo musical.
Durante aquellos recitales el Indio pidió públicamente que cuidaran la ciudad. “Respeten esta ciudad, es gente muy hospitalaria, yo los conozco”, dijo desde el escenario.
En una entrevista con Clarín, publicada durante la visita de 2001, recordó que su primer contacto con Uruguay había sido mucho antes de los Redondos. “Casualmente la primera vez que estuve fue en 1971, medio rajando de allá. Y terminé detenido en Treinta y Tres, en un retén. Yo estaba haciendo un viaje en el que pretendía llegar a Manaos y de ahí ir a Dakar. Iba con una chica uruguaya que se había escapado del padre, pero el tipo era un jerarca del Partido Comunista, curiosamente, y nos agarraron en Río Branco”, recordó.
Cuando le preguntaron si alguna vez había pensado vivir en Montevideo respondió que sí, “cuando sea viejito”.
Con el paso de los años siguió regresando. “Acá pasa que si te cruzan en la calle, de movida piensan ‘no puede ser que esté acá’”, explicó. Esa suerte de anonimato le permitía hacer una vida normal durante algunos días. “Siempre son tres días hasta que se corre la bola y con eso alcanza para ponerme al día con el cine”.
En 2005 tocó de nuevo en Montevideo junto con Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado y reunió a unas 15.000 personas en el Velódromo Municipal. Sin embargo, incluso en medio de un recital multitudinario seguía apareciendo el visitante habitual de la ciudad. Antes de despedirse del público lanzó una frase que arrancó risas y aplausos. “Tocamos un tema más y nos vamos a comer unos chivitos a La Pasiva”. Seguro que fue así.
Carlos Alberto el Indio Solari murió el viernes 5 de junio de 2026 a los 77 años. Había sido diagnosticado con párkinson hace varios años y estaba (semi)retirado de la música.
Con su muerte se cierra una historia con Uruguay que se extendió durante más de medio siglo y ocupó un lugar especial en su vida.