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    “Este es el gobierno que tomó más medidas por la pobreza; el que se metió en Cerro Norte”, dijo Cecilia Cairo

    La diputada y exministra de Vivienda habla por primera vez de su renuncia al gabinete, dijo que dialogará con Juan Castillo por sus declaraciones y reivindica que el 40% del Presupuesto esté destinado a los pobres

    Cecilia Cairo estaba en la casa de un amigo en el barrio Santa Catalina cuando en la televisión anunciaron que Tabaré Vázquez había ganado las elecciones, que el Frente Amplio llegaba por primera vez en su historia a la Presidencia de la República. Era la noche del 27 de noviembre de 1994 y ella había regresado hacía poco de su exilio en Francia junto con su esposo y sus dos hijas.

    Había militado en París con otros uruguayos exiliados y esa noche caminó hasta el Cerro, el barrio en el que vivió sus primeros años, donde su abuelo había sido un reconocido carnicero. Encontró un comité del Movimiento de Participación Popular (MPP) y entró. Supo entonces que había un error, que no había ganado Vázquez, sino Julio María Sanguinetti. Era la primera vez que entraba a un local del MPP.

    Su madre, anarquista, se había exiliado, con Cecilia y su hermano, en 1978. La adolescente entendió al llegar a Francia qué pasaba en Uruguay. En los años siguientes estudió, trabajó en una imprenta y luego con el padre de sus dos hijos en la construcción, donde aprendió a leer planos y algo de electricidad. Lograron ahorrar y a inicios de la década de 1990 compraron una casa en el Cerro, para preparar el retorno. Pero le salió de garantía a un compañero y se la remataron. Por eso, el regreso fue duro. “La estábamos gateando, sufriendo, buscando la forma de insertarnos”, recuerda. Vendía en ferias, buscaba trabajo. Por aquellos tiempos, la pasó “muy mal”.

    Una compañera de militancia aprendió a hacer buñuelos con las hojas de la remolacha. “Nunca había comido en mi vida eso. Imaginate, de Francia, venía a comer… Bueno, ahí aprendí que todo es posible”, rememora. Esos compañeros, que forjó fundamentalmente en la agrupación emepepista Negro Franco, del Cerro, son “hermanos”.

    Tuvo un tercer hijo, el único nacido en Uruguay, y fue edila y ministra de Vivienda y Ordenamiento Territorial al inicio del gobierno de Yamandú Orsi. Renunció un mes y medio después, y regresó al Parlamento, como diputada. En su despacho, donde hay a fotos de José Mujica, Lucía Topolansky y Eleuterio Fernández Huidobro, recibió a Búsqueda para hablar por primera vez sobre la regularización de su vivienda, el ingreso del Estado a Cerro Norte y lo que la llena hoy. Detrás de su silla, en un lugar central, un retrato de Raúl Bebe Sendic.

    —Su carrera política dio un salto el 1 de marzo de 2025, cuando asumió como ministra de Vivienda, y tuvo un quiebre 45 días después.

    —El Guinness tengo. En 45 días estuve afuera. Que no me lo saque nadie.

    —El 15 de abril el programa La pecera (de Azul FM) informó que su vivienda y la de sus hijos no estaban regularizadas.

    —Informó que debía (el Impuesto de) Primaria. Para muchos puede parecer que no puede ser, pero es verdad, ese terreno durante mucho tiempo no pagaba Primaria, porque es un terreno suburbano. Yo vivo en un lugar donde no tengo todos los servicios y según lo que valgan los terrenos, si pagás o no. La pecera inclusive me dijo: “pagaste $ 58”. Si me llegaba una factura, la pagaba, pero no sabía que estaba debiendo Primaria.

    Que no estaba regularizado el terreno, sí lo sabía. Fui construyendo mi casa con mis dificultades. Enseguida mi hija más grande tuvo a su hijo y fue construyendo su casa al lado de la mía. Y mi hija del medio fue haciendo la suya porque tuvo una pareja y tuvo una hija. Y mi hijo más chico, que es el último, lo mismo, y tengo un nieto. Me hago cargo: sabía que no estaba regularizada. Y si vos me preguntás: ¿por qué no regularizaste? Porque los hijos fueron creciendo y fui haciendo a medida que fui pudiendo, equivocadamente capaz. No era el mayor de mis problemas, pero siendo ministra de Vivienda me tenía que haber dado cuenta, y por eso le presenté la renuncia a Yamandú.

    —Antes de que empezara el gobierno, ¿no se había advertido que estuvieran al día con todos los papeles?

    —Si a mí me hubieran preguntado ¿vos tenés alguna deuda en tu casa?, yo iba a decir que no. Ni siquiera se me pasó por la cabeza. No estoy justificándolo. Errores míos, muy míos y punto. Me equivoqué de acá a Pando.

    —¿Por qué presentó la renuncia?

    —Porque nunca comprometería a mi fuerza política ni al gobierno por una equivocación propia. Yo primero soy militante, antes que nada, y creo en una utopía y un mundo mejor, sobre todo para los más jodidos. Para eso he militado toda mi vida. Si eso pone en riesgo un proyecto colectivo, que es el Frente Amplio y mi gobierno, tengo que dar un paso al costado.

    —¿Cómo ha visto que meses después de su renuncia hubo otros casos, otros errores que no terminaron en renuncias?

    —Yo sabía lo que tenía que hacer y lo hice. Cuando me cayó la ficha, estaba desbordada. Dije: “Pah, mirá lo que hice; comprometí al gobierno, comprometí lo que creo”. Ahí empecé a pensar cómo hacía para arreglarlo y regularicé. Pasé las de Caín. Vino BPS, inspeccionó la autoconstrucción. Ahora está todo regularizado. En los barrios periféricos muchos van creciendo las casas: te hacés el garaje y lo hacés vos. La cantidad de gente que debe estar en esa situación es mucha. Y habría que lograr en algún momento hacer una ley para que esa gente pueda regularizarse. Vos pintás tu casa mañana y lo tenés que declarar en BPS. ¿Cuántos lo hacen? Si compraste un tarro de pintura, calzás el rodillo y le das.

    —¿Cuánto le costó la regularización?

    —De Primaria debía $ 5.000. Y después vino un compañero a darme una mano, que es agrimensor. Se hizo (el trámite) en Catastro y creo que demoramos una semana y media. Y después BPS. Toda esa regularización salió $ 240.000, porque la mayoría es autoconstrucción y tiene más de 10 años. Se pudo demostrar la autoconstrucción en un 85%. Hoy soy más regular de lo que te imaginás. Lo hubiera hecho antes, si me hubiera dado cuenta de lo que significaba.

    Cecilia Cairo, diputada y exministra de Vivienda y Ordenamiento Territorial.

    Cecilia Cairo, diputada y exministra de Vivienda y Ordenamiento Territorial.

    —Después se supo que Orsi no tenía regularizada alguna de las obras de su casa.

    —Un montón de gente tiene esa situación y la única cosa que puedo aportar es que esa gente pueda resolverlo.

    —¿Tiene sentido tener normas que ni el presidente cumple?

    —No voy a hablar de ese caso particular, porque no tengo ni idea cuánto sí o no. Y es parte de una idiosincrasia que hay que asumir que tenemos y que hay que superarla.

    —¿El Frente Amplio debería tomar otros recaudos para cuidar a sus dirigentes?

    —Es lo que estamos haciendo. Yo jodo con eso todo el tiempo. Los golpes también enseñan.

    —Durante la pasada legislatura tuvo acaloradas discusiones en la Cámara de Diputados. ¿Volvió con el ánimo más templado?

    —No, no soy templada. La política es pasión. No se dedica uno a la política por plata. Hay mucho odio, de un lado y del otro; las redes son tremendas. Tenés que tener el cuero duro para sufrir los ataques, que no son fáciles. Y la pasión es lo que forma parte de las ganas de venir acá o andar en los barrios, reparar un techo. La pasión por cambiar algo.

    —Pero ha tenido un perfil más bajo.

    —No quería volver al Parlamento, que era el lugar adonde tenía que volver, sin antes haber regularizado. Eso me llevó un tiempo, como les dije. El año pasado tuve un tiempo sin estar, pero después no falté más. Estoy en la Rendición de Cuentas, en la agenda, discuto con todos.

    —Integra la Dirección Nacional del MPP y su Comité Ejecutivo, ¿parte de su rol es articular entre la dirección del MPP y la bancada de diputados?

    —Sí, puede ser. Sale naturalmente. Pero no soy la única que integro el Ejecutivo y la bancada. También están Julieta (Sierra) y Carlos Rodríguez. (Pero) sí, estoy, sobre todo con el Ejecutivo de Montevideo. Y ahí también participo de las reuniones después del Ejecutivo Nacional para contarles en qué estamos.

    —El MPP ha crecido mucho en los últimos años. ¿Hay corrientes dentro del MPP?

    —No. El MPP goza, por suerte, de buena salud. Tuvimos nuestros momentos: hubo escisiones, el Ñato (Fernández Huidobro). Pero no hay ese tipo de problema hoy en la organización. Eso también hace que potenciemos el trabajo que hacemos cada uno de nosotros cumpliendo su función, porque esos problemas te meten para adentro y nosotros estamos mucho más para afuera.

    —¿Alejandro Sánchez es un potencial candidato a presidente?

    —Pacha es el capital político más importante que tenemos hoy en el MPP y por lo tanto es un potencial candidato. Pero ustedes piensan desde la presidencia. Los capitales políticos son mucho más que eso. Las elecciones son una parte de la vida política. Entonces, ¿quién va a ser el candidato a presidente? No sé. Todo dependerá de cómo lleguemos al 2028, cuáles son los potenciales, cuáles los mejores. ¿Estoy descartando a Pacha? ¡Por supuesto que no! Pero hay algo más importante que eso. Es nuestro capital político. Es un compañero que ha llenado nuestras expectativas, políticamente hablando. Si llegamos a que sea candidato, será candidato. Y si no lo es, sigue siendo el capital político de nuestra organización.

    —¿Y el presidente?

    —Y si terminó de presidente, ¿a vos qué te parece? Si será un capital político. Lo elegimos, lo militamos. Era el mejor candidato que teníamos en el momento.

    Despacho de Cecilia Cairo.

    Despacho de Cecilia Cairo.

    —El lunes (31 de agosto) en radio Sarandí le preguntaron a Sánchez por lo que dijo el ministro Juan Castillo el Día del Comité, cuando barajó la posibilidad de que la negociación con Cabildo Abierto pudo incluir cargos…

    —Se equivocó.

    —Sánchez dijo que “otra vez la pelota en la casa del vecino”.

    —¿Dijo eso? Bien expresado. Por algo es nuestro capital político. Se equivocó (Castillo) porque, además, los que no están acá y entienden cómo funcionan las negociaciones que estamos obligados a hacer, porque no tenemos mayoría, pueden entender ese mensaje de una forma confusa. Cuando uno cumple una función de dirigente político o representa, en este caso además un ministerio, tiene que tener mucho cuidado en cómo plantear las cosas, que no sean mal interpretadas. La negociación está más que clara. La bancada de diputados estábamos todos por dentro, inclusive el Partido Comunista. Esas cosas se discuten en el Ejecutivo.

    —No es el primer cruce entre Castillo, Sánchez y Orsi. ¿Siente que está tirando un poco de la piola?

    —No lo sé. Es más, voy a tener una conversación con Juan. Lo conozco del Cerro también. Sé que hay muchas presiones cuando estás en un cargo ministerial y que es difícil a veces lograr despegarte y mirar la globalidad. Pero hay discusiones que se dan en el Consejo de Ministros y deben darse.

    —¿Cómo está la relación con el Partido Comunista?

    —¡Bien de bien! Participaron de todas las negociaciones. Saben lo que se habló. Integro la Comisión de Presupuesto con Hacienda y nos juntábamos todos los días la bancada del Frente Amplio. De la forma que lo expresó daba a pensar eso que vos decís, que hubiera algo que no se sabía. Se equivocó porque todo se sabía.

    —¿Por qué el gobierno tiene una aprobación tan baja?

    —Es una pregunta que me hago todos los días. Porque el gobierno que ha tomado más medidas por la pobreza ha sido este, sin lugar a dudas. El 40% del Presupuesto va destinado a los que no están organizados, a los que no tienen voz, a los que son invisibles, a los que no tienen oportunidad. Esos gurises que nacen y no saben qué va a ser de ellos o esas mujeres que se levantan todas las mañanas pensando cómo consiguen leche para darles a los gurises. La palabra vulnerabilidad a esta altura ha sido usada para todo y no representa exactamente lo que le pasa a una parte del Uruguay, desconocido por muchos. Entonces las discusiones terminan siendo: si le mandamos la plata en efectivo capaz que la gastan en vino, en un celular o en whisky. Es no entender nada o saber muy poco. Porque lo primero que van a hacer es comprar comida.

    —¿Cuál es su hipótesis sobre la baja aprobación?

    —Muchos dicen que hay un problema de comunicación. Puede ser. Pero como tengo mucha autocrítica, me pregunto qué puedo hacer yo para cambiar esa realidad. Andar en el territorio, contarle a la gente lo de las becas. La mayoría de las madres más jodidas no saben lo de la beca para que los gurises sigan estudiando, que se puedan anotar para que no tengan que ir a trabajar y puedan seguir estudiando. Y eso es trille, porque desde acá no lo ves. Acá es el Uruguay más lindo. Mirá la vista que tenés. Este no es el Uruguay real. Hay que salir. Cuando entrás, no hay gente que esté pensando en comprarse un celular y tomar whisky. Hay gente que está pensando qué le voy a dar de comer hoy a mis hijos.

    —¿Al resto de la sociedad le importa cada vez menos esa gente?

    —Son invisibles. Cuando no hay una organización social que reclame por tus derechos, vos estás sola. Inclusive la vergüenza de sentirte mal, de no tener los zapatos, no tener un pantalón para poder ir a buscar un laburo, que tu salud bucal no sea la mejor para poder conseguir ese trabajo, todo eso te va invisibilizando. Te escondés y la sociedad acepta que te escondas. Y terminamos olvidándolos. Este gobierno es el que se metió en Cerro Norte. ¿Sabés lo que significa eso? Es tener mucho coraje. De verdad. Yo soy de ahí. Ningún gobierno se metió en Cerro Norte. Y hoy se metió, con todo lo que eso significa.

    —¿Qué significa?

    —Mucho más de lo que puedan imaginar. Que las familias por fin tengan la esperanza de que su vida pueda cambiar. Ese barrio provisorio que crearon cuando yo era una gurisa chica y al que después nunca más nadie entró. Que tiene saneamiento, pero como nadie entra a limpiar los caños, se llenan de agua y de mierda, hablando mal y pronto, todas las casas. Que viven en 22 metros cuadrados y de a poquito fueron agrandando sus casas sin declarar a nadie. Tampoco nadie les preguntó. Son los olvidados y ahí nadie se quiere meter porque hay todo. Hay mucha pobreza, mucha invisibilidad. Encontraron 150 familias que no cobraban ni siquiera (las transferencias de) el Mides (Ministerio de Desarrollo Social). Para los que dicen que si cobran más van a gastar en whisky o en celulares. Ni siquiera sabían que tenían derecho a una prestación, que el Estado los podía ayudar. Ni eso. Cédula: olvidado. Dos por tres vamos a conversar con los vecinos. Yo estoy orgullosa que alguien entre. Y se precisa coraje. No solo recursos.

    Estaban tan abandonadas que mandaban otros. No mandaba el Estado ahí. Porque la delincuencia termina generando un Estado paralelo. No es de hoy. Lleva décadas. Gente que no puede decir que vive ahí, y la mayoría son trabajadores. Pero saben que llega una hora y tienen que meterse para adentro. Las casas son de bloque y si se empiezan a tirar, el bloque puede traspasar y pegarle un tiro a un hijo. Y ahí estoy, laburando. Mi militancia es territorial. Cambiamos chapas, conseguimos un wáter, porque la gente es solidaria. No ando con un cartel que diga MPP, porque la política no es ventaja para nadie. Ando con las Iglesias, con el que sea. Si es para ayudar, no tengo límites, porque la gente precisa para ahora.

    —¿Cuáles son sus principales preocupaciones?

    —Las que dije, vivo para eso, para ayudar. Ahora se viene el Niño: hay que pensar qué vamos a hacer, cómo ayudamos. El Estado y el gobierno se van a preparar, pero los luchadores sociales, los que estamos en la calle ayudando gente, también nos tenemos que preparar. Algo útil tenemos que poder hacer. Ahí vamos a estar. Hoy soy diputada, esto es una changa. Mañana no soy más y no pasa nada. Hay otras cosas que me mueven. Me decís: llegaste con un perfil bajo. No, en un momento lo que había resuelto era (que) no voy a hacer prensa. Ya está. Me importan otras cosas. Sé para qué estoy acá, cuál es mi función, qué quiero.

    —¿El cambio en Cerro Norte ya es notorio o habrá que esperar meses?

    —Estamos avanzando. Hay un merendero puesto. Pacha me dio una mano. Los vecinos arreglaron una cancha de fútbol; colaboramos en lo que pudimos. Estamos haciendo toda la logística, la infraestructura que va a ser necesaria ahí, la están construyendo. A la gente no hay que prometerle, hay que hacer. Es complicado, va a haber avances y retrocesos en esto. Pero hay que hacer. ¿Con esto ya resolviste el problema de seguridad? No creo que las cosas sean tan sencillas. Nunca le tiré con los muertos antes, pero esta situación de inseguridad total yo la vengo diciendo hace mil años. Porque el terreno que nos ganaron es también porque hacemos demasiado discurso y no nos damos cuenta de las cosas que realmente pasan en el territorio. En algún momento tenemos que empezar a abrir los ojos y la forma es con más Estado; esa es la discusión de fondo. Algunos creen que es solo con Policía y represión. No, es con más Estado, porque hay familias que quedan de rehenes en esa situación. Si vos no tenés cómo salir o no tenés para el litro de leche y me lo paga un narco… ¿quién te salvó durante todo ese tiempo? ¿Fue el Estado o fueron los que tenés aquí?

    —¿Qué cambió en el Frente para que se metiera ahora y no en los tres gobiernos anteriores?

    —Este gobierno está pensando en destinar un 40% de su Presupuesto a los más pobres. Los más pobres viven ahí. Es en esos lugares donde es más difícil.

    —¿Le interesaría ser candidata a intendenta de Montevideo?

    —No, ni en pedo.

    —¿Por qué?

    —Estoy más para seguir militando lo social. Mi vida la quiero terminar ahí. Tengo 62 años. Quiero disfrutar lo que me llena, que es andar en los barrios. No quiero tener que cumplir una función institucional. En los malos momentos que pasé, mi energía estuvo ahí, y son los que me ayudan a curarme.

    —¿Se siente curada de lo que pasó en el Ministerio de Vivienda?

    —Sí, hace rato. Me hice la autocrítica y seguí para adelante. La sensibilidad la tengo destinada a otra cosa. Cuando vos le resolvés el problema a una persona, a una, ese día soy feliz. Vos me dirás: “pero fuiste ministra de Vivienda y le cambiaste una chapa”. Sí, pero andá a ver cuándo llega el ministerio. Si puedo colaborar desde ese lugar, estoy colaborando con mi gobierno. Y eso me importa.

    —¿Ese trabajo (social) se estructura desde la Negro Franco?

    —Ahora somos más grandes. Es verdad que al principio era la Negro Franco la primera brigada, pero ahora hay en varios municipios. La brigada se llama La Solidaridad Podrá con la Codicia. Es una frase de Pepe. Pepe me enseñó un camino; Lucía me lo sigue enseñando.