Fue pasando la vida y tuve la oportunidad de conocerlo personalmente. Y me di cuenta de que era una persona excepcional, de esas que tienen dotes naturales más allá de la tremenda circunstancia difícil que le tocó vivir, porque estaba por arriba de eso; pudo salir de la circunstancia sin rencor, con alegría y con enorme generosidad. Era un hombre generoso, solidario. Y un emporio de música y anécdotas. Él estaba hablando contigo, te estaba contando algo y siempre, por alguna razón, tamborileaba. La música era parte de la anécdota.
Le pasó lo mismo que a Gardel: nació en Uruguay y tuvo que proyectarse saliendo al mundo. Pero dejó la vara altísima. Creo que es otro Gardel para la cultura uruguaya. Y además puso en el radar todo lo que puede dar el candombe, esos ritmos africanos que vinieron a Uruguay de la mano de los esclavos, pero que acá se arraigaron y tomaron una cantidad de tintes. Él lo supo fusionar con el tango, con el jazz, con lo que viniera, porque tenía esa calidad de navegar por todo el espectro.
Y además era un tipo querible: por los que trabajaron con él en su música, por los que lo conocimos como persona y por los que lo escucharon. Cuando se hizo la despedida, percibí que lo que había era un enorme sentimiento del pueblo uruguayo, de una cantidad de argentinos, de muchos países de Latinoamérica, hasta de Suiza. En algunos barrios menos conocidos de Montevideo vi pequeñas comparsas de vecinos, de gente común, que salieron a tamborilear en su memoria. Es todo un símbolo.
Rada no tenía ni un enemigo. Y eso es maravilloso que se dé en un ser humano; 83 años de vida derramando generosidad. Es una cosa tremenda si uno lo piensa así, en perspectiva.
Dejó una familia de músicos: los tres hijos, que hacen música, son notables, tienen una enorme mochila, pero la van a llevar con total hidalguía.
Rada quedó marcado en el ADN uruguayo.
Una pequeña anécdota que nos contó una de las últimas veces que vino a casa: Pepe todavía estaba vivo, porque él vino muchas veces a sus cumpleaños. Siendo muy joven, a Rada le daban para repartir los telegramas del correo en bicicleta. Era una época en la que, para felicitar a alguien por un cumpleaños, un casamiento, mandabas un telegrama. Y el Negro salía con la bicicleta, llegaba, cantaba algo, entregaba el telegrama y la gente le daba un pedazo de torta o lo que fuese. Demoraba, pero volvía cargado de comida.
Los dejo con eso y con ese sonido de los tamboriles, la voz y la alegría del Negro”.
“Su misión en este planeta fue demasiado grande” - Gonzalo Moreira
“Tengo un sentimiento hacia el Negro, es una sensación de que todavía está con nosotros. Y va a seguir estando siempre, de otra manera, en un plano diferente. Si bien es triste que una persona se vaya, su misión en este planeta fue demasiado grande: demasiada generosidad, demasiada alegría, demasiadas maneras de comunicar.
Fue un ser fundamental para los uruguayos y para muchos países de América; es impresionante cómo ha calado hondo en Argentina también. Es esa manera de ser, esa alegría contagiosa; yo aprendí mucho de él en ese sentido.
Y seguramente algún acorde suyo debo haber usado, alguna melodía escondida debe haber también, porque era un genio, con una obra interminable. Todos los grupos de los que formó parte fueron un hito, todos.
Entonces, hay mucho que agradecer al gran Rada”.
“Seducir a la élite y abrazar a la masa” - Carlos Dopico
“Pasan los días y el vacío emocional por la ausencia física de Ruben Rada comienza a llenarse de memoria: canciones, entrevistas, pasos de baile, bromas y ocurrencias que han inundado las redes y plataformas para resignificar a un ARTISTA con mayúsculas. Rada es probablemente uno de los músicos más internacionales que ha tenido nuestro país, y al mismo tiempo un compositor uruguayísimo. El Negro —apodo que él abrazó con convición y afrorresistencia— encontró en la world music un refugio, luego de bucear en todos los océanos y las profundidades de la música (candombe, murga, jazz, candombe beat, rock, funk, soul, reggae, bachata, salsa, bossa, plena, tango, milonga y tantos más). ‘Yo era una puerta vaivén, iba para un lado y para el otro’, me respondió en la última entrevista; ‘Es que amo toda la música’. Sin embargo, hay que dejarlo claro, fue uno de los pioneros y más célebres embajadores del candombe y la raíz afrouruguaya fuera de fronteras.
Su popularidad y su cariño son fácilmente constatables luego de ver los miles de fotos junto al músico y compositor que cada doliente ha ido publicando. Todas las personas tienen una, desde la peluquera hasta el mozo de bar, pasando por el hincha futbolero o el cuidacoches de cualquier esquina. Su notable calidad artística y su histriónica condición de comediante hicieron que Rada habitara todos los estratos y fuese venerado en todas partes. Rada logró seducir a la élite y abrazar a la masa, sentarse tanto en la mesa de Mirtha como en el sillón de tapitas de gaseosa en la chacra del Pepe o el cordón de cualquier vereda. Artísticamente, recibió la admiración de todas/os, de Milton Nascimento o Carlinhos Brown a Daniela Mercury; de Caetano Veloso y Gilberto Gil a Maria Creuza o Gal Costa; de Luis A. Spinetta, Pappo, León Gieco, Charly, Fito y Calamaro a Mercedes Sosa, pasando por Rubén Blades, Ricky Martin, Carlos Vives, Pablo Milanés, Serrat o Mick Jagger. ¿Quién no iba a querer cantar con Rada? Si además de sinónimo de calidad, honestidad y compromiso era diversión asegurada. Y, como si fuese poco, su repertorio estuvo siempre impregnado de un mensaje esperanzador, tierno, interpelante y conciliador. Rada ya no está, pero quedan toda su música y su poesía, y dentro de un tiempo saldrán a la luz un buen puñado de álbumes inéditos que él mismo dejó preparados para seguir cantando en su ausencia”.
“Tocó instrumentos, pero por sobre todo tocó almas” - Carmen Sanguinetti
Fue muy conmovedor lo que generó su partida. Son muy pocos, poquísimos, los uruguayos que logran lo que logró el Negro Rada: cariño espontáneo unánime. El desborde de gratitud hacia él, su vida, su familia y hacia su legado musical fue arrollador. Rada fue un gigante. Un gigante como músico. Un gigante como persona. Todos los que tuvieron la oportunidad de conocerlo lo honraron, y los que no… también. Tocó instrumentos, pero por sobre todo tocó almas.
¿Por qué se transformó en leyenda? La mayoría de las figuras como él hacen un culto de las apariciones medidas. Parte de su magia está en mostrarse poco, muy puntualmente. Hay un cuidado quirúrgico de la exposición. Rada hizo lo contrario. Él decía que sí. Sí a todos. Les dijo que sí a los músicos de su talla y que sí también a los otros. A los eventos por una causa, por todas las causas, a los de Uruguay y también a los de fuera. Rada iba a donde lo invitaban sin medir. No solo eso; en una sociedad profundamente adultocéntrica Rada fue revolucionario: les cantó a los niños en un espectáculo pensado para ellos poniéndolos en un lugar necesario, como destinatarios principales de su magia. En ese darse, en esa generosidad, hay algo de no olvidarse nunca de dónde viene. Sus orígenes. La generosidad de Rada tuvo un impacto descomunal porque todos conocemos a alguien que conoce a Rada, que tiene una anécdota para contar, una foto para subir, una confirmación del tipazo que era.
Se transformó en leyenda también porque se manejaba con la misma naturalidad entre una cuerda de tambores en Isla de Flores que entre los Rollings. Podía codearse con todos. Él invitó a ‘ver todo lo bueno que hay aquí, y admirar las tradiciones que hacen grande a mi país. Tomarme un mate, bizcochear, chistarle al guarda. Ir al bar por unos trucos. Y soñar con ser campeón’. En un pueblo como el nuestro, con una tendencia a ponderar más nuestras sombras que nuestras luces, un Rada es un imprescindible. Imprescindible también es su apuesta a la alegría. Los uruguayos en Rada encontramos cohesión, unión, eso en común que nos hace falta a gritos. Rada fue un gigante y, aunque se fue, se queda”.
“Te hacía sentir que era un igual” - Noelia Campo
“Que Rada haya sido un artista tan querido y haya generado una salida espontánea a la calle de miles de personas para cantar y bailar sus canciones, tocar los tambores y celebrar lo que fue su vida y su arte tuvo que ver son su forma de ser.
Más allá de su calidad artística, que es incuestionable, el Negro Rada siempre fue un tipo que se sentía muy cercano. Y eso tenía que ver con su autenticidad, su sinceridad y su honestidad a la hora de mostrarse, de vincularse con el público y con la gente que lo encontraba en la calle. Contaba las buenas y también las malas. Te hacía sentir que era un igual, que podía ser tu padre, tu tío, tu primo, el vecino buena onda, y que le pasaban las mismas cosas que a uno.
A pesar de que varias veces declaró que dentro suyo también había mucha tristeza, él siempre transmitió alegría. El tipo de alegría y humor que al común de la gente nos hace el día, nos facilita vivir, nos hace olvidar los problemas, las penas. Vaya si será importante que exista gente así.
Pienso que esa cercanía que generó Rada en la gente también le jugó una mala pasada. Parecía tanto el vecino de al lado que muchas veces no supimos valorar lo que lo diferenciaba: su arte. Y así muchas veces la remó para llenar conciertos o vender discos.
Creo que no hay en Uruguay un compositor tan prolífico y, a la vez, tan creativo, brillante y popular en esa abundancia. Y que el miércoles 26 saliera esa ‘abundancia’ de gente a la calle a celebrarlo era lo que venía mereciendo hacía mucho rato”.
“Así como escuchamos a Gardel, vamos a escuchar a Ruben dentro de 100 años” - Lobo Núñez
“Tuvo una forma muy inteligente de decir cosas que otros no podían decir, en el sentido de que, entre humor, sátira y mucho mensaje, él defendió nuestra cultura. A su manera, muy divertida, pero diciendo cosas muy importantes. Además, cuando irradiás alegría, cuando das una señal de felicidad a la gente y la hacés sentir bien, es muy difícil que no te quieran. Creo que en su obra hay una diversidad musical, una poesía muy directa, muy popular, que hace inevitable que la gente lo quiera. Es el más completo de los músicos. Es el tipo que hizo viajar a la música a través de su obra por todos lados, porque él compuso un rock, un jazz, un merengue, una balada, una chacarera, un tango. Creo que, si hay una definición para él, es que es el más completo de los artistas que conozco en Latinoamérica.
Él me permitió vivir de lo que más me gusta hacer. Él me dio trabajo. Fuimos compañeros no solo arriba del escenario, abajo también. Estuvimos juntos en muchas de las buenas y en las malas. De eso se trata: de ser una persona coherente con lo que uno piensa. Y nos cuidábamos; yo era su escudero. Don Quijote y Sancho Panza. Él era Don Quijote y yo atrás, adelante, al costado. Con él pude demostrarme a mí mismo que se podía vivir de lo que más nos gustaba hacer.
Y así como escuchamos a Gardel, y ya pasaron 100 años casi, vamos a escuchar a Ruben dentro de 100 años. Yo, que estoy del otro lado del público, pude ver la diversidad de edades en su público: desde niños hasta abuelos”.
“El tipo con más swing de la historia de la humanidad” - Fernando Peláez
“El inigualable Negro Rada. Extraordinario cantante, compositor, percusionista, showman, humorista, mayor embajador del candombe, artista en general más allá de la música. Superídolo del público y de todos los colegas sin excepción. Y muchas más capacidades y cualidades, por supuesto. Su estupenda forma de interpretar y de amalgamar letra y música, con una expresividad que lograba pasar de una ternura conmovedora a un estallido desgarrador, conmovía los sentimientos más íntimos de las personas, de su gente, de los pueblos de aquí y de allá. Una personalidad cautivadora, ya lo decía Coriún Aharonián hace mucho tiempo: ¿cómo hace este hombre para derrochar tanto refinamiento, tanta ternura, tanta creatividad y, al mismo tiempo, poner cara de ‘aquí no pasa nada’?
El Negro fue un referente cultural para varias generaciones. Desde el punto de vista personal empecé a idolatrarlo cuando yo era un niño de ocho años. Claro, fue décadas antes del Rada para niños, cuando en 1966 se presentaba en El show del mediodía como aquel flaquito bufón, supergracioso, que podía hacer malabarismos vocales inauditos. Para mí y mis compañeritos de escuela era un ser mágico. Cinco años después, ya con Totem, la magia vino por otro lado: mucho más potente, roquero y comprometido con las peripecias sociales que aquejaban al planeta. Es que hablar de Rada es hablar de nuestras vidas.
Derroche de humildad, solidaridad, fraternidad y modestia. Nunca se olvidó de sus raíces: aquellos orígenes en un hogar muy pobre desde el punto de vista económico, pero con un entrañable amor de su mamá, que tanto luchó para que pudieran salir adelante. Cuando trabajamos en su biografía, él no quería hablar de sí mismo, pero disfrutaba muchísimo refiriéndose, con mucha propiedad y placer, a centenares de músicos y artistas que había admirado y de los que se había nutrido.
El tipo con más swing de la historia de la humanidad. Uruguay no hubiese sido el mismo sin su presencia. Y tenemos el legado de más de 50 discos (además de centenares de colaboraciones), para gozarlos hasta el infinito. Fue tan crack el Negro que, en esas canciones y músicas diversas que han quedado registradas, podemos encontrar no solo las virtudes que mencioné, sino muchísimas otras”.
“Vino a esta Tierra a mostrarnos que se puede vivir con alegría y manifestarla más allá de las dificultades” - Ago Páez
“Siento que el querido Negro Rada vino a esta Tierra a mostrarnos que se puede vivir con alegría y manifestarla más allá de las dificultades, poniendo el foco en lo positivo de la vida. Tenía clarísimo cómo quería que fuera su despedida de este plano: arte, música y color. Por él nos dimos cuenta de que podemos transformar la muerte en eternidad, el odio en amor, la oscuridad en luz, la guerra en paz unidos todos por el sentimiento más humano y profundo, que es el amor, donde no existen las divisiones.
Él nos deja su siembra, que podrá florecer cuando un día estemos preparados para no juzgar y podamos abrazarnos fuerte de corazón a corazón.
¡Gracias, Negro, por mostrarnos este camino de humildad, de música, de colores y de amor! ¡Abrazo al cielo, donde te esperan todos con sus tambores, que resonarán eternamente!
“En sus mejores momentos era un huracán de alegría y, en sus peores, un señor perfectamente correcto” - Fernando Santullo
“Rada se convirtió en una figura querida por la sencilla razón de que no hay manera de enojarse con él. Tratándose de un caballero que en sus mejores momentos era un huracán de alegría y, en sus peores, un señor perfectamente correcto, es muy difícil que alguien pueda construir un contencioso con él. Incluso gente que es muy agresiva con las cuestiones ideológicas (lamentablemente, cada vez más) lo tenía muy difícil, porque si algo no hizo Rada fue comprometer su mirada artística por temas de ideología.
¿Qué quiero decir? No es que Rada no fuera explícitamente de izquierda. O que no apoyara públicamente al Frente Amplio. Digo que fue capaz de hacer eso sin alienar a su público por ponerse a hacer música de mala calidad por razones de propaganda. Incluso las quejas que pude leer sobre su velatorio en el Palacio Legislativo (hay gente miserable, qué le vamos a hacer) eran dirigidas a las autoridades, no a él. La conexión de Rada con una cantidad importante de sus compatriotas es resultado de su maravilloso talento y también de su excepcional talante, que siempre fueron de la mano.
En todo caso, jamás había visto una serie de manifestaciones de congoja tan auténticamente populares (es decir, de abajo hacia arriba). Una congoja que, justo por las características de Rada, venía cargada de música y de celebración de la vida. Lograr esa clase de emoción en un nivel tan masivo está al alcance de muy pocos. El Negro fue uno de esos pocos y tuvimos la suerte de tenerlo entre nosotros, con su música y su luminosa forma de pararse en el mundo”.