Vivió su adolescencia fuera de su país: estuvo en España hasta los 15 años. Lo escuché decir que ese regreso exacerbó su argentinidad. ¿Qué le queda de lo que le generó ese desarraigo?
A veces cuando tomás distancia de las cosas te das cuenta de lo que tenés y eso a mí me tocó de muy chico. Aprendí mucho de eso, y pude valorar un montón lo que es ser latinoamericano, argentino, sudamericano, del Río de la Plata. Aprendí a valorar la música de nuestro país, nuestras comidas y nuestras costumbres; nuestra forma de ser. Después cada uno es cada uno y cada cual es cada cual, pero no hay chance de que cada lugar no tenga una idiosincrasia, un mensaje, una forma, rituales. De muy chico hubo un momento en el cual me quedé afuera y eso me hizo querer volver con mucha fuerza. En ese querer volver, en ese echar de menos a Buenos Aires, Argentina, mi forma de estar acompañado, de estar cerca, era meterme en Argentina. Viendo un partido de Boca o con un disco me podía meter en Argentina. Allá empecé a escuchar todo el rock argentino de los 60, 70. Escuchaba La Máquina de Hacer Pájaros, Invisible, Pescado Rabioso, Manal, para después escuchar los grupos de Spinetta de los 80, como Spinetta Jade, donde había tocado mi viejo, y Sui Generis.
Se fue para atrás en el tiempo. ¿Escuchaba también la música de ese momento?
Sí, escuchaba todo lo contemporáneo. Pero eso era más fácil de escuchar. Le decía a mis tíos que me venían a visitar que me trajeran discos de lo que estaba pasando acá, y caían con cosas: La Bersuit o Divididos, por ejemplo. Y después las canciones que sonaban en las radios. O sea, ya había una investigación muy potente musical, sin considerarme músico en ese momento, porque todavía no tocaba. Pero sí estaba muy metido en que la música fuera una forma de compañía, de investigar qué estaba pasando del otro lado.
A su regreso comenzó a tocar la guitarra, pero, ¿sus inicios fueron haciendo música para publicidades?
No arranqué haciendo música de publicidades, fue algo que me encontró en el camino. Arranqué tocando Jimi Hendrix, y tocando rock and roll, y sacando solos de Papo, y de Stevie Ray Vaughan. Pero en el medio me puse a trabajar con mi viejo que hacía jingles, y esa fue una formación importante, a la hora de aprender a producir, usar la compu, tocar varios instrumentos, y armar una canción.
Editó su primer disco en 2018 y enseguida logró posicionar hits. ¿Cree que ese pasado en la publicidad lo ayudó?
Lo que me dieron los jingles, más que nada, fue un aprendizaje de producción musical. Lo que hacés en una sala de ensayo, es muy distinto después llevarlo y hacerlo en una grabación. Aparte, en una grabación tenés un montón de recursos más que los que tenés en una sala de ensayo, que en general son dos guitarras, un bajo, una batería, y un tecladista. Y tenés que aprender a utilizar esos recursos. Pero hacer canciones es muy distinto, escribir una letra de una canción no tiene nada que ver con escribir un jingle de Terrabusi. Hacer una canción con lo que te pasa, con lo que sentís, o con lo que pensás, o con lo que escuchaste es lo más lejano a una publicidad donde vos tenés que hacer algo que te piden para una marca.
Cuando empezó a escribir, sus letras hablaban de su corazón roto por una separación que acababa de vivir. ¿Sigue escribiendo sobre corazones rotos?
Re. Sí, obvio.
Lo gracioso es que esa chica que le rompió el corazón ahora es su amiga y socia en un proyecto. Cuénteme un poco de eso…
Es verdad. Tenemos un bar que está bárbaro en Buenos Aires, que está funcionando súper bien. Se llama ACI2, somos socios con Dalila, y también somos socios con Nico, que es su pareja, que se ha convertido también en un gran amigo. Sí, nos hicimos familia. Con el paso del tiempo, el amor se transformó en otro tipo de amor, en un amor más familiar. Por suerte pudimos seguir manteniendo un lindo vínculo, que igual no siempre es necesario. Yo tampoco quiero ser una especie de partidario de que con tus ex te tenés que llevar súper. Esto es lo que me pasó a mí con ella, con esa historia. Con el tiempo seguimos conectados, con muchos amigos en común y con la confianza que nos teníamos, para de pronto poder vincularnos y hacer otras cosas juntos.
¿Qué le pasa a ella —si se lo manifestó en algún momento— cuando usted canta esas canciones que vivió y sintió con tanto ahínco y que hoy se resignificaron?
Mirá, no lo hemos hablado mucho, pero yo sé que siempre se puso contenta y que festejó mis logros y festejó las cosas que me estaban pasando. Festeja que me está yendo bien, y el estar cumpliendo sueños que quizás ni siquiera tenía.
Volviendo a su familia: su bisabuelo paterno era ruso, de Bielorrusia, y por eso a usted le decían Ruso; de ahí viene Conociendo Rusia. ¿Conoció Rusia?
No, el país no, nunca fui.
¿Le gustaría conocer?
Sí, obvio, estaría increíble. Me gustaría ir a todos lados del mundo; todos los países del mundo, y obviamente Rusia es súper especial.
¿Cómo le pega el tema de la guerra que Rusia mantiene con Ucrania?
Me da mucha paja y no quiero saber nada de eso, ¿viste? Una paja llamarme Conociendo Rusia con la guerra en Ucrania. Malísimo. Ahí dije: ¿cómo no le puse Mateo Sujatovich? Qué pelotudo.
¿Qué hubo en esa búsqueda de no llamarse por su nombre, ahora que vuelve a ponerlo sobre la mesa? ¿Tuvo que ver con dejar el ego de lado? ¿Por qué no Mateo directamente?
Yo creo que al haber ocultado un poco mi nombre durante un buen tiempo lo transformó en algo íntimo. Si bien igual después lo empecé a poner en canciones, creo que quedó como en un lugar de la intimidad. Y este es un show íntimo donde estoy solo, completamente vulnerable y se me nota todo lo que me pasa en el concierto. Entonces, si había algo íntimo para traer a la mesa, era mi nombre.
Está de gira desde hace un mes y medio y llega a Uruguay, después a Colombia y el año que viene, a México. ¿Cómo viene esa búsqueda de cercanía con los distintos públicos?
Estoy muy contento con el show, es muy divertido. A veces pinta un poco el stand-up también. Es bastante gracioso. Preparé un show que pasa por toda mi discografía. Tengo bastantes instrumentos que me acompañan, tengo baterías electrónicas, voy al piano y voy a la guitarra, y tengo loops y un montón de cosas que suceden. La gente se siente muy cerquita, entonces me hablan.
¿Le hablan? ¿De qué?
El otro día nos cagamos de risa en Neuquén. No podíamos parar de reír: ni ellos ni yo. Estábamos tentados y no podía seguir con la siguiente canción.
¿De qué se reían?
No sé, una chica me gritó algo que no se entendió. Me dijo algo de unos canguros. No entendí nada, te juro. Y la gente tampoco entendió. Y fue como una especie de risa total de que nadie entendía a qué se refería la señora con lo de los canguros. Decía que los canguros se transformaban en ratones. Y que los ratones se transformaron en canguros. No entendíamos de qué se trataba.
Para el show en el Auditorio del Sodre, tiene un telonero uruguayo que se llama Tomás Dari y convocó a través de redes sociales a los teloneros de esta gira. ¿Cómo fue eso?
Con mi equipo tuvimos la idea de poder usar este tour para abrir puertas y dar lugar a chicos y chicas que estén tocando la guitarra, aprendiendo a hacer canciones o que ya estén andando con sus proyectos y quieran cantar en el teatro de su ciudad. Y que quizás todavía no tienen la oportunidad o porque no venden tickets o porque no hay una productora que esté empujando para hacer cosas ahí. Damos como un empujón a algún que otro artista que esté en formación.
¿Cuál es su vínculo con Uruguay?
Con Uruguay tengo un vínculo muy cercano, porque voy todos los años. Debo ir fácilmente dos veces por año. Hace ya unos buenos 6, 7 años que voy siempre. Voy en la mitad del año a hacer algún concierto. En el verano voy de nuevo a tocar o a pasear. Tengo amigos en Uruguay de toda la vida, de la infancia. Mi amiga Fefi Camejo que está por ahí siempre que voy a tocar y se pasa todo el día conmigo en el camarín. Montevideo es una ciudad que me regala siempre una sorpresa hermosa que es una gran convocatoria en mis conciertos. Me sorprende siempre para bien la cantidad de gente que me escucha, que me viene a ver, que se identifica con mis canciones. Y estoy súper agradecido con el país y con la ciudad. Así que siempre es una gran noticia tener shows en Uruguay, por el chivito que voy a comer y por el mate que me voy a tomar. Voy a tomarme una Zillertal ahí con un chivito. Con eso siento que hice un check. Eso tiene que estar siempre.
Ganó un Grammy Latino en 2025 por su tema con Jorge Drexler Desastres fabulosos y está nominado este año al Grammy Latino con una canción del último disco de Drexler que co-escribió: Ante la duda baila. ¿Cuál es su vínculo con Drexler?
Con Jorge tengo un vínculo de amistad muy lindo, que ya tiene unos años, un vínculo de colegas y de fan. Son como tres vínculos en uno. La cercanía que él tiene conmigo y la familiaridad es divina. Como colegas me encanta compartir con él; componer, cantar en vivo, encontrármelo en lugares. Y después soy fan porque lo escucho. Me pongo su música y canto sus canciones. Si me voy de vacaciones con mis amigos en el auto, en algún momento vamos a poner alguno de todos sus discos, que ya nos los sabemos todos.
Lo empecé a escuchar a Jorge cuando vivía en Madrid y casualmente él también vivía ahí. Y me acuerdo que hubo un día donde apareció el disco Eco y me cambió la vida. Y después fui para atrás y escuché Sea y Frontera. Después sacó otro y después otro y eran todos buenos. Y así sigue siendo la carrera de Jorge. Súper inspirada, con novedades, con un Jorge deseante, un Jorge con ganas de investigar, de hacer música, de conocer gente nueva, de juntarse con gente que hace las cosas diferentes a él para crecer, para cambiar. Es un tipo muy interesante, un referente total a la hora de trabajar en la música.
No solo con Jorge ha hecho colaboraciones: también con artistas como Juanes, Miranda, Mon Laferte, Nathy Peluso. ¿Qué escucha de lo que suena ahora y con quién le gustaría colaborar?
Mi sueño total era hacer un día algo con el Negro Rada porque, si soy fan de alguien, soy más fan del Negro desde antes. Mi disco favorito de chico era Quién va a cantar, que era hit tras hit. Ese disco me lo escuchaba siempre en el auto con mis viejos, era un disco de música familiar, ¿viste? La partida del Negro me rompió el corazón. Y no haber podido conocerlo un poco más, si bien nos dimos un beso y un abrazo al costado del escenario del Quilmes Rock en Tecnópolis hace un par de años, es una locura lo que nos dejó. Es enorme y se lo echa de menos. Y después te podría hablar de 200 artistas y, a la vez, te diría que en este momento no me interesa colaborar con nadie. Tengo ganas de componer. Y cuando pienso en componer no pienso demasiado en con quiénes sino que estoy más metido en mi mundo.