A lo largo de sus más de siete décadas en el arte y el entretenimiento (una faceta que en su caso no era menor), Rada fue capaz, como muy pocos artistas uruguayos, de ofrecernos “salidas” a nuestro gris habitual, a nuestra muy gallega melancolía, a nuestro ritmo cansino, al frío de nuestras casas y veredas en el invierno