Los musicales, un género con menor presencia que otros en la cartelera teatral uruguaya, se convirtieron en los protagonistas indiscutidos de estas vacaciones de julio.
Desde la fusión entre ballet y comedia hasta experiencias inmersivas y mensajes clásicos que siguen vigentes, los musicales se convirtieron en los protagonistas de la cartelera de estas vacaciones de julio
Los musicales, un género con menor presencia que otros en la cartelera teatral uruguaya, se convirtieron en los protagonistas indiscutidos de estas vacaciones de julio.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáCenicienta, Oz, el secreto de la Ciudad Esmeralda y El principito son tres de las propuestas que llegarán a las salas con ambiciosas producciones que combinan canto, actuación y baile, y que apuestan por experiencias inmersivas mediante recursos tecnológicos como pantallas led, mapping y otros efectos especiales.
Aunque apuntan principalmente al público infantil, estas obras también tienen todos los ingredientes para cautivar a los adultos que acompañen —o no— a los niños.
Galería accedió al detrás de escena de estas tres producciones para descubrir qué proponen, qué las diferencia y por qué estas historias clásicas siguen siendo relevantes para los niños de hoy.
Desde afuera del espacio cultural Mad no hay indicios que permitan adivinar lo que ocurre al otro lado de la puerta. Unas voces guían hasta una sala ubicada al fondo de un pasillo. Cantan sobre una pista musical y la potencia de ese sonido bien podría confundirse con una grabación. Pero no lo es.
Dentro de esa sala, alejada de la calma habitual de un domingo a la mañana, ensayan los 24 artistas que dan forma y vida a Cenicienta. El musical.
En esos metros cuadrados pasan muchas cosas al mismo tiempo. En el centro de la sala ensayan sus escenas Marcia Rubido, quien encarna a Ella, una cenicienta dulce pero más humana y soñadora que la tradicional, junto a la madrastra y una de las dos hermanastras, interpretadas por Camila Cayota y Celina Pereyra con un histrionismo que se roba toda las miradas y que, incluso después de semanas de ensayo, provoca las risas de quienes observan atentamente: el director del musical, Daniel Infante Pan, el coreógrafo Julio Minetti, el asistente de coreografía Oscar Escudero y el productor general, Renzo Gatto Trochón (quien produce junto con Jimena Siri).
Alrededor de esa escena hay bailarines de ballet que aprovechan las barras y paredes para estirar y calentar músculos, actores que repasan movimientos y diálogos y otros que, con sonrisas en la cara, observan el trabajo de sus compañeros mientras esperan su turno.
Entre ellos, están el Príncipe interpretado por Santiago Pereyra, el Hada Madrina que encarna Alicia Alfonso y un inesperado Ciro Tamayo que esta vez sale de su rol como primer bailarín del Ballet Nacional del Sodre para cantar y actuar en la piel de Lord Pinkleton. Esta será, según Infante Pan, una de las grandes revelaciones del musical. “Es la primera vez que lo verán actuar, bailar y cantar al mismo tiempo. Al inicio tenía un personaje pequeño, pero su oficio y su intuición escénica lograron que sea uno de los protagonistas del espectáculo”, detalla el director.
“No hay registros acá de una fusión entre ballet y comedia musical”, comenta por lo bajo Gatto Trochón. “Los de la comedia están fascinados con cómo bailan los bailarines de ballet; los bailarines están fascinados con cómo cantan y actúan los de la comedia”, agrega sobre la admiración mutua surgida de esta unión de disciplinas.
Este es, precisamente, otro de los grandes diferenciales de este musical, en el que bailarines de ballet clásico elevan escenas ya de por sí estimulantes entre coros, actuaciones y la envolvente música de Rodgers & Hammerstein del clásico musical de Broadway. “Es un espectáculo que no te deja aburrirte”, comenta Infante Pan. El reparto está integrado por actores del elenco estable del Teatro El Galpón, intérpretes de comedia musical y bailarines de ballet clásico. “La sinergia entre esos mundos y cómo conviven esos lenguajes en un mismo escenario me pareció espectacular. Escuchando la banda sonora del musical, entendí que no podía ser de otra manera”, dice su director.
Más allá de esta fusión de disciplinas, el musical pretende innovar tanto en la puesta en escena como en la coreografía y el texto, con adaptaciones del cuento clásico que se apartan de la esencia de la historia.
La Cenicienta de este musical es una joven con conciencia social que entiende que está siendo maltratada y no se conforma con su realidad. “No es una Cenicienta que se queda quieta. Jugamos a la idea de que ella ya conoce el cuento y quiere modificarlo. Quiere salir de ahí y lo logra”, revela el director. El hada madrina es una especie de alter ego que la invita a correr tras sus sueños, mientras que el príncipe es un cazador de dragones en busca de justicia social y de su propia identidad. “Lo que cambia un poco es el argumento para volver la historia un poco más dinámica y actual. Nadie duda de lo positivo del mensaje, pero también está bueno que se pueda adaptar a las nuevas generaciones”, sostiene Infante Pan.
Llega la escena de un gran banquete, cerca del final, y recién ahí comienzan las correcciones del director en la recta final. “¡Te la querés comer!”, le dice un poco en broma y un poco en serio a Pereyra (el príncipe) cuando se encuentra con Cenicienta. “¡Tenés que convertirte en político!”, le dice para que refleje un convencimiento absoluto en sus palabras. “¡No te ahogues!”, le pide a Rubido cuando su tono nace algo más suave de lo esperado. Su insistencia no es casual: el director cuenta a Galería que el espectáculo se enfoca especialmente en la emocionalidad y sensibilidad de los personajes.
Cenicienta apunta al público infantil pero también a todo el que quiera ser testigo de esta inusual unión entre comedia musical y ballet, con múltiples cambios de un impactante vestuario de Vladimir Bondiuk —también integrante del elenco—, un juego de pantallas y mapping e interpretaciones que, según el director, se convertirán en revelaciones de esta temporada.
Del 27 de junio al 5 de julio a las 11, 15 y 18 h (según el día) en el Teatro El Galpón. Entradas de 490 a 1.370 pesos por Redtickets.uy y boletería del teatro.
Muchos clásicos requieren de ciertos ajustes para mantenerse actuales y conectar con los niños y adolescentes de hoy. Una de las pocas excepciones es El principito, la novela del francés Antoine de Saint-Exupéry que se sigue leyendo a más de 80 años de su publicación. Hay frases de esta historia que siguen resonando, al punto de parecer escritas por algún filósofo de esta era.
Respetar y rescatar la esencia del libro para llevarla a los niños uruguayos en forma de musical es el objetivo de la productora Box, que se prepara para presentar El principito, una nueva versión de la obra llevada al teatro Metro en 2023, la primera de la productora en llevarse un premio Florencio a Mejor espectáculo musical. “Estamos hablando de un libro que marcó varias generaciones, y sigue tan vigente como la primera vez. Al mismo tiempo, es como si el texto tuviera una metamorfosis interna que te va llevando a lo que estás viviendo en ese momento”, subraya Nicolás Fernández, director del musical.
Aunque haya sido premiada, la productora entendió que para esta temporada tendrían que llevarla al escenario “con todos los bombos, los platillos y sus redoblantes”. Si en 2023 el musical llevaba escenografía corpórea, este año se apostó a cubrir todo el escenario con pantallas led, una tecnología que abre una infinidad de posibilidades a la hora de contar una historia que transcurre en paisajes de ocho planetas. “Vamos a tener un universo totalmente inmersivo. Corporizar ocho planetas es todo un tema. Este universo de pantallas nos permite hacer de todo, desde que vuelen las palomas hasta pilotar el avión del aviador y hacer que las estrellas brillen”, indicó el director.
Del elenco del 2023 se mantienen los personajes estables: Evangelina Rodríguez como el Principito, Albino Almirón como el Aviador y Lorena Ifrán como la Serpiente. Los 13 restantes serán incorporaciones de esta puesta —elegidos en una audición a la que se presentaron más de 800 personas—, que le darán otra impronta al musical coreografiado por Carla Latorre, con dirección vocal de Martín Angiolini y estética de Sofía Páez. Entre los intérpretes también estará Valentina Sosa, niña ganadora de La Voz Kids 2025. “Más allá de los personajes estables, el elenco funciona como un ensamble de reparto que participa en distintas escenas y sirve de nexo entre los diferentes momentos de la historia”.
Parte de mantener la esencia de la historia original consiste en lograr la inocencia del personaje principal, así como todo aquello que se sobrentiende sin ser dicho. Que el Principito sea interpretado por una joven, por ejemplo, no fue producto del azar: “Jugamos con esa ambigüedad. Más de una vez nos preguntaron por qué y nuestra respuesta fue: ¿por qué no? No sabemos su nombre, ni su edad, de dónde es o si es humano o no. No sabemos prácticamente nada. Entonces decidimos que esa ambigüedad estuviera presente en escena, con una mujer interpretando al personaje sin dar por sentado si es niño o niña. Queda librado a la lectura de cada espectador”, señala el director.
En esta versión musical habrá canciones solistas, dúos y momentos en los que cantará todo el elenco microfoneado, con estilos que pasarán desde lo más clásico hasta ritmos pop.
Para mantener la atención de los niños, el musical plantea escenas ágiles y efectivas, sin “dilatar ni agregar cosas que no sumen a la historia”, ya que la idea es que el niño comprenda el relato en un recorrido de muchos estímulos narrativos y visuales. Otro de los desafíos es enganchar a los adultos que acompañan a esos niños. En ese sentido, la obra tendrá desde el humor generado de situaciones absurdas, sin convertirse en parodia, hasta momentos emotivos. “Lo que esperamos que se lleve el público es la idea de que lo esencial es invisible a los ojos, y darle valor a la amistad, que es uno de los grandes temas que atraviesa la historia”.
Del 27 de junio al 5 de julio a las 11 y 14 h en el auditorio Nelly Goitiño (Sodre). Entradas de 520 a 700 pesos por Tickantel y boletería del teatro.
Falta media hora para que comience uno más de los ensayos. Son cuatro horas de lunes a viernes que vienen siendo parte de la rutina de los 20 artistas del elenco y el equipo técnico desde fines de marzo. Ahora, en la recta final, el teatro de La Gaviota (o Stella D’Italia) cerró sus puertas para volver a abrirlas convertido en la Ciudad Esmeralda; técnicos que van y vienen, partes del teatro que se pintan y un escenario en pleno proceso de transformación son muestras de lo que se viene. El musical Oz, el secreto de la Ciudad Esmeralda es la mayor apuesta hasta el momento de La Gaviota.
A Paula Elutchanz se la ve emocionada. Está en la entrada charlando con el director, Sebastián Silvera Perdomo, quien le da algunas indicaciones para un momento clave de su personaje hacia el final de la obra. Interpreta ni más ni menos que a Dorothy, la protagonista de esta clásica historia presentada como una experiencia inmersiva, con sus personajes de siempre, como el Hombre Hojalata, el León, el Espantapájaro y Ozian, entre otros.
A sus 17 años Elutchanz canta, baila y actúa, pero el entusiasmo en este instante se debe a que está a punto de aprender a volar. Ese día llegará al ensayo Selva Fox, directora de teatro paraguaya a quien la joven artista simplemente define como “experta en vuelo”. No quiere spoilear más: quizás esté metiendo la pata, dice.
Minutos más tarde, Silvera Perdomo lo confirma. “La conocimos en Paraguay. Ella hace teatro aéreo; estábamos haciendo Peter Pan y sentíamos que nuestra parte más débil eran los vuelos. La conocimos y fue increíble, de esas cosas que parecen señales del universo”.
La especialista entra a la sala y los jóvenes del elenco que la esperaban desde las butacas del teatro la reciben con un canto al unísono: “¡Selva, bienvenida!”.
Una vez sobre el escenario, entre técnicos y pintores que siguen trabajando, la música se enciende desde un parlante y la energía de la sala cambia por completo. Los jóvenes que minutos antes calentaban voces y cuerpos ahora despliegan sobre el escenario un talento tras otro: todos cantan y bailan, varios hacen movimientos acrobáticos —con coreografía de Christian Moyano— y los personajes se adivinan al instante gracias a la precisión de las actuaciones, desde el León Asustado hasta los movimientos mecánicos de Tictoc, o el andar robótico del Hombre Hojalata. La especialista en vuelo, sentada al lado del director, anota, dibuja y registra los momentos en los que los intérpretes serán enganchados para volar. Son 20 artistas pero casi 60 personajes en escena, por lo que buena parte de ellos transitarán la obra entre constantes cambios de vestuario, creado por Isabel Cleffi en un taller montado en el teatro. En el elenco hay desde estudiantes de carreras de danza del Sodre hasta figuras del carnaval y actores que forman parte del elenco de La Gaviota.
La obra busca dejar un mensaje de esperanza, amistad, confianza y amor. “Investigué y rescaté personajes porque queríamos darle otro vuelo a la historia. En esta versión rescatamos la mirada de Wicked, de entender por qué existe el mal. Nadie es malo porque sí; pasan cosas y de alguna manera uno se transforma”, comenta Silvera Perdomo.
Tanto Peter Pan como Alicia en el país de las maravillas, estrenados durante las últimas vacaciones de invierno, ganaron múltiples premios Florencio; entre ellos, al de Mejor espectáculo musical del año. El éxito de estas obras fue tal que muchos niños llegaron a verlas hasta tres veces. “Ahí se rompe el mito de que la pantalla absorbió a los niños, y es alucinante poder generar eso. Los niños son el público más honesto que podés tener”, subraya.
De todas formas, mantener su atención durante poco más de una hora es siempre un desafío. Por eso, cada año se busca subir un escalón. “La idea es hacer algo con esa calidad, pero mejor, con algunos otros artificios”, adelanta el director. Este año se incorporará tecnología de pantallas y mapping que transformarán la atmósfera del teatro, que también traspasará el escenario para ser utilizado en su totalidad: la platea, los pisos, la sala y hasta el hall de la entrada serán abarcados por los actores y también por los efectos. “Es un desafío enorme porque estaremos rompiendo constantemente la cuarta pared”, agrega. n
Del 27 de junio al 12 de julio a las 15 h en el Teatro Stella D’Italia (La Gaviota). Entradas de 600 a 850 pesos por Redtickets.uy y boletería del teatro.