La zona de Plaza Mauá merece su tiempo. Allí están el Museo del Mañana —diseñado por el arquitecto español Santiago Calatrava y dedicado a explorar el futuro del planeta, la ciencia y la tecnología— y el Museo de Arte de Río, además del Boulevard Olímpico. Toda la zona funciona en un caos agradable, de esos lugares donde siempre parece estar pasando algo.
Museo del Mañana, en el Parque Mauá.
Riotur
A pocos metros, en Pequeña África, nació buena parte de la música popular brasileña, en un territorio marcado por la llegada y el asentamiento de africanos esclavizados. Hoy, el barrio mantiene viva esa historia a través de su arte urbano y Pedra do Sal, que los lunes reúne a cientos de personas alrededor del samba. Lo mejor es recorrer a pie, de ser posible con un guía local.
El paseo puede continuar hacia el centro histórico, donde aparece el Real Gabinete Portugués de Lectura, una biblioteca del siglo XIX. Su interior tiene algo de Hogwarts, con estanterías que se elevan hasta el techo y miles de libros antiguos. A pocas cuadras se encuentra la centenaria Confitería Colombo y la Catedral Metropolitana, de estilo brutalista, que sorprende más por dentro que por fuera.
Real Gabinete Portugués de Lectura, joya del siglo X IX que alberga la mayor colección de obras literarias portuguesas fuera de Portugal.
Riotur
Un buen consejo es dejar la Escalera de Selarón para la noche. Se evita el calor del día y, con un poco de suerte, también las multitudes. Encontrar un azulejo de Uruguay entre los más de 2.000 que cubren la escalera requiere de paciencia y algo de suerte.
El Río más barrial
La zona de Glória ofrece una transición casi natural entre el Centro y Santa Teresa. Hacer ese recorrido al volante requiere de coragem, entre calles empinadas, curvas cerradas y tránsito en ambos sentidos que obliga a estar atento a cada maniobra.
Y entonces aparece la recompensa: desde el Parque de las Ruinas, Río se despliega en toda su amplitud. Hacia un lado, Botafogo y el Pan de Azúcar; hacia el otro, el aeropuerto Santos Dumont, la bahía de Guanabara y, al fondo, Niterói.
En la antigua casa de Laurinda Santos Lobo, aristócrata que a comienzos del siglo XX convirtió su residencia en punto de encuentro de artistas e intelectuales, hoy funciona un centro cultural con cafetería que alberga exposiciones y todo tipo de actividades. Conviene llegar hacia la tarde, cuando la luz empieza a cambiar sobre ese barrio de Río.
Santa Teresa parece tener sus propias reglas: casas antiguas, bares, galerías, música en vivo y un tranvía amarillo que sube y baja como si nada por las pendientes. Es como si la energía de Cabo Polonio se combinara con el encanto desordenado de La Habana y el espíritu bohemio de Montmartre, todo potenciado por la alegría carioca.
Centro Cultural Parque de las Ruinas, un espacio cultural instalado entre las ruinas de una antigua mansión en Santa Teresa, con vistas panorámicas.
Santiago Perroni
Recorrer el barrio a pie permite descubrir más de 30 murales, entre ellos uno de Eduardo Kobra dedicado a Glória Maria, la primera presentadora de televisión afrodescendiente en Brasil, y otros que homenajean a figuras como Marielle Franco, la concejala y activista asesinada en 2018.
Río de noche
En Lapa, una experiencia especialmente particular es Rio Scenarium, instalado en un antiguo caserón de tres pisos que por dentro parece una mezcla de anticuario con museo y club nocturno.
La noche arranca temprano, al ritmo de samba, gafieira y pagode. Las mesas se llenan de comida y tragos, mientras el espacio entre ellas se convierte en pista. Por momentos, el ambiente parece un eterno carnaval carioca de esos que se arman en los casamientos: alguien empieza a bailar, otro se suma y, de repente, se forma una coreografía que todos parecen conocer de memoria, menos uno. Eso sí: conviene mirar dónde se pisa antes de lanzarse a la Macarena, porque entre tanto espejo veneciano y reloj antiguo, no falta con qué tropezar.
El tradicional bondinho recorre las calles de Santa Teresa y conecta el barrio con el Centro de la ciudad.
Riotur
Pero esta es apenas una de las tantas formas de vivir la noche en Río. Santa Teresa cuenta con bares pequeños y terrazas con música en vivo, algunas con vista al Morro dos Prazeres. Botafogo, en cambio, tiene una noche más contemporánea, con cervecerías, restaurantes y lugares de cócteles que suelen concentrar a un público joven. Ipanema y Leblon juegan en otra liga, con un perfil más sofisticado.
Aunque en Río no hace falta entrada para salir de noche. La rambla se llena de corredores, ciclistas, quiosques y ferias, mientras la gente sigue haciendo vida como si todavía fuera de día.
El Río que se saborea
Pão de queijo, coxinha de frango, queijo na brasa, feijoada, farofa, maracuyá, brigadeiro, moqueca, acarajé, tapioca y açaí. Caipiriña, cachaça y una cerveza helada que se pasa como agua. Eso y más ofrece un país gastronómicamente difícil de encasillar. Como dice la chef británicobrasileña Ixta Belfrage: “En Brasil, todo es un poco una fusión”.
Pero Río, con sus más de 5.800 bares y restaurantes —30 de ellos recomendados por la Guía Michelin—, permite descubrir una cocina que va más allá de sus clásicos.
Una de esas posibilidades está frente al Jardín Botánico. El jardín es una visita imprescindible: en verano, sus árboles protegen del sol; en invierno, sin tanta exuberancia, los monos se llevan buena parte de la atención. Cruzando la calle está Maguje, dentro del Jockey Club Brasileiro, con cocina contemporánea, una terraza con vista a la pista y una carta que reinterpreta sabores típicos, como el lombo de pirarucú, acompañado de reducción de tucupi, mousseline de baroa, jambu tostado y farofa crocante.
Por su parte, Corrientes 348, uno de los restaurantes con mejores valoraciones de la ciudad, propone una cocina argentina centrada en carnes a la parrilla, con el destaque de su bife ancho. Tiene varias sucursales, pero la de Marina da Glória es la más atractiva porque sus mesas tienen vista a la bahía de Guanabara y figura en la Guía Michelin.
Shiso, restaurante japonés del Grand Hyatt de Barra de Tijuca.
Grand Hyatt
Decenas de hoteles de lujo complementan la oferta gastronómica con propuestas como Shiso, del Grand Hyatt, donde se pueden probar platos japoneses como el yakitori de wagy, y el parador Origens de Radisson Barra, que sorprende con un tiramisú de caipiriña, ideal para acompañar con agua de coco.
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Sin escalas
JetSMART conecta diariamente Montevideo con Río de Janeiro mediante vuelos directos. La ruta forma parte de la expansión internacional de la aerolínea, que ya transportó más de 62 millones de pasajeros desde su creación en 2016 y opera más de 90 rutas en nueve países. Los precios van desde 130 dólares por trayecto.
Playa Vermelha, a los pies del Pan de Azúcar.
Mauricio Rodríguez
Una ciudad que se promociona
Visit Rio es una fundación privada y sin fines de lucro que desde 1984 trabaja para promover a Río de Janeiro como destino turístico. Reúne a más de 240 empresas y organizaciones vinculadas al sector, entre hoteles, restaurantes, atracciones, empresas de entretenimiento y servicios turísticos.
Además de promocionar la ciudad, trabaja para atraer congresos, ferias y eventos deportivos, culturales y científicos. En 2025, Río recibió 712 eventos de este tipo, un 42,9% más que el año anterior.