Hace pocos días, y luego de 38 años, dejó su trabajo en la Embajada de Estados Unidos. ¿Cuántas veces viajó a ese país?
Hace pocos días, y luego de 38 años, dejó su trabajo en la Embajada de Estados Unidos. ¿Cuántas veces viajó a ese país?
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáCerca de 30 veces. He viajado por trabajo, por voluntad propia, y también después de algún viaje oficial me quedé unos días.
¿Qué destino no tradicional en ese país recomendaría?
Uno es Tucson. Allí estuve en la Universidad de Arizona estudiando Periodismo unas semanas, cuando aún trabajaba en el diario “La Mañana”; era 1977, 1978. Es una ciudad preciosa, rodeada de montañas con nieve. La otra ciudad que me encantó, también rodeada de montañas, es Denver, Colorado.
Trabajó con 11 embajadores. ¿Guarda relación con alguno?
Sí. Con (Frank) Baxter, con (James) Nealon, con (Martin) Silberstein, con David Nelson. Soy amigo de Facebook con Julissa (Reynoso), pero prácticamente no tenemos relación.
Antes de ingresar a la embajada trabajó mucho tiempo como periodista en el diario “La Mañana”. ¿Qué hacía ahí?
Primero fui editor de Internacionales, y después de Política, que entonces se llamaba Administración y Gobierno, porque era la época del gobierno cívico militar.
Además de estar muy informado, ¿qué otra costumbre conserva de su época de periodista?
El orden. Soy muy ordenado. Me gusta mucho leer y guardo recortes de entrevistas mías y de mi padre, que también fue periodista. Papá fue director de “La Mañana” y era especialista en temas internacionales. Escribía una columna dos o tres veces por semana y tengo guardadas unas cuantas.
Usted se llama Rubek, como su padre. ¿Qué origen tiene el nombre?
Por lo que me contaron, cuando mi abuela estaba embarazada de mi padre estaba leyendo una novela de (Henrik) Ibsen y el personaje se llamaba Rubek. El nombre le gustó. Luego mi padre me lo puso a mí, y yo a mi primer hijo le puse Nicolás Rubek.
Durante muchos años, por su trabajo, se despertaba a las cinco de la mañana. ¿Lo sigue haciendo?
A pocos días de haberme ido de la Embajada, me sigo levantando temprano. De hecho, en los últimos años, no necesitaba despertador. Los fines de semana duermo un poquito más, pero no mucho.
Juega al tenis con un grupo de amigos con los que viaja a ver torneos internacionales. ¿Cómo surgió esa costumbre?
Es un grupo de amigos del Lawn Tennis de hace más de 25 años. Jugamos dos veces por semana. En algún momento alguien propuso viajar para ver torneos todos juntos. La primera vez que viajamos fue a Roland Garros, y el año pasado estuvimos en Halle, Alemania. Ya estamos pensando en el destino para el año que viene. Es un grupo sensacional. Se entra por amistad, no por buen tenista.
¿Y cómo es usted como tenista?
Del medio, un poquito para arriba.
Cuando viaja le gusta comprar habanos. ¿Fuma en condiciones especiales o a diario?
No fumo a diario. Me gusta fumar cuando estoy tranquilo, cuando voy a ver a Nacional en el Parque Central o en el estadio. Cuando viajo, de tardecita, me gusta fumar un habano.
Es socio de Nacional y tiene butaca en el Parque Central. ¿Logró que alguno de los embajadores se hiciera hincha de su equipo?
Tengo butaca y con un grupo de mis amigos vamos a tener un palco de los nuevos. El embajador Nelson era hincha de Nacional, iba a jugar al tenis a Nacional. Cuando recién había llegado, una vez se reunió con (Danilo) Astori y le mostró que se había hecho socio de Nacional. Astori le dijo: “A partir de ahora nos vamos a llevar mucho mejor”.
Es padre de dos varones y tiene un nieto chico. ¿Qué le gusta hacer con ellos?
Con mis hijos almuerzo una vez por semana. El mayor es arquitecto, el menor, director creativo. Siempre nos hacemos un rato para estar juntos. A mi nieto lo voy a buscar todos los días al jardín. El abuelo lo lleva a merendar, compra golosinas a pesar del rezongo de la madre, lo lleva a las hamacas y al parque. Tenemos una relación muy buena.
Dicen que es muy bueno planchando camisas.
Siempre me gustó prepararme la ropa para ir a trabajar. Me gusta planchar siempre con tabla, muy tradicional.
¿Qué lectura prefiere?
De todo. Ahora me regalaron el libro de (Daniel) Corbo sobre la historia del Partido Nacional. Me lo regaló una compañera que sabe que soy afín a ese partido.
Ahora fuera de la Embajada, ¿pensó incursionar en política?
Tengo muchas ganas. Antes no podía hacer política. Ahora tengo ganas de trabajar en el Partido Nacional, en un segundo plano, ayudando.
¿Ha tenido contactos ya?
Algo.
Dicen que es muy bueno haciendo regalos.
Hago regalos por cumpleaños, por fechas especiales; me gusta mucho. Tengo facilidad porque los consigo enseguida, no paso horas en una tienda.
A su pareja, Estela Bartolic (gerenta general de Radio El Espectador), le regala flores todos los lunes. ¿Cómo surgió esa costumbre?
Un día le mandé flores, cuando recién estábamos juntos. Le gustaron y quedó como una costumbre. Todos los lunes tiene flores frescas en su escritorio.
¿A usted qué le gusta que le regalen?
A mí me regalaron siempre cosas de tenis. No sé si piensan que soy un gran tenista. Pero siempre para Navidad y mi cumpleaños tengo un regalo de ropa de tenis.
¿Qué cosas de tenis tiene?
Tengo 150 remeras sin estrenar. Somos tres amigos que creamos una especie de logia. Y cada vez que uno viaja tiene la obligación de traer una remera del lugar del torneo al que fue. Y como mucha gente sabe de esa costumbre, cuando viajan también me traen. Es imposible usarlas todas. Están todas guardadas y me acuerdo de la historia de todas.