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¿Puede un balneario mantener su identidad y a la vez transformarse en
ciudad inteligente? ¿Puede una ciudad ofrecer experiencias singulares a
visitantes internacionales y cambiar la calidad de vida para sus residentes al mismo
tiempo? ¿Puede introducir la tecnología con el equilibrio exacto para aportar
eficiencia sin perder cercanía? ¿Puede constituirse en un ejemplo estratégico y
táctico a seguir, incluso en un contexto competitivo de otros destinos con
mayores recursos?
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Algunas de esas preguntas fueron respondidas ya en noviembre de 2021 en
un evento que fue la piedra angular de un trabajo que involucra a distintos
sectores. El Punta Smart Cities Summit, organizado por la Universidad Católica
en el marco de su Cátedra de Planificación de Smart Cities con el apoyo de
Punta del Este Bureau, supuso el punto de partida de difusión de la intención
de la ciudad de tomar ese camino.
El gobierno de la ciudad participa activamente en numerosos programas
como la promoción de Ciudades Inteligentes Latinoamérica- Unión Europea desde
el año 2020, con el fin de mejorar la sostenibilidad asociando la gestión
municipal con las herramientas tecnológicas y buscando llegar al cumplimiento
de las metas planteadas por las Naciones Unidas para el año 2030, mediante los
Objetivos de Desarrollo Sustentables (ODS).
La intención es establecer un avance en la región para crear ciudades
inteligentes mediante una articulación interdisciplinaria y con distintos
enfoques, para producir nuevos conocimientos y herramientas de gestión con una
mirada integral, diversa e inclusiva sobre las urbes, especialmente relevante
en épocas de instalación global de empresas con base tecnológica. Las
actividades incluyen cursos de sensibilización, misiones para conocer
experiencias exitosas, consultorías, eventos y seminarios que buscan sentar las
bases de las ciudades inteligentes en Latinoamérica y establecer planes de
acción conjunta entre los diversos gobiernos locales. Las ciudades modernas
constituyen el principal motor del desarrollo económico, crecimiento que a
menudo no prioriza el impacto medioambiental, la visión y la identidad local o
el bienestar de los residentes y visitantes.
En el proyecto de convertir a Punta del Este en una ciudad inteligente se
apunta a lograr una mayor inclusión en la región y en el escenario
internacional, que responda a los nuevos paradigmas desde la toma de decisiones
políticas. En ese marco, quienes trabajan en este proyecto, ya sea integrantes
del gobierno departamental, como de la UCU y del Bureau, intercambian
experiencias con la ciudad de Córdoba y visitan otras como Viena, donde estas
prácticas se encuentran en fases más avanzadas. En esta última, organizaciones
como Cive Solutions trabajan en investigación, desarrollo e innovación (I+D+i)
y la filosofía radica en que las ciudades digitales e inteligentes se
construyen generando conocimiento en la sociedad, la tecnología solo es un
medio para desarrollar las soluciones ciudadanas esperadas. Lo hacen diseñando
políticas públicas que promuevan la gobernanza, la inclusividad y diversidad,
la generación de conocimiento, la participación pública, energías sostenibles,
economías circulares, la industria 4.0 y la ciberseguridad, entre otros.
Según Andrea Malaquín, profesora de alta dedicación del Departamento de
Administración y Negocios de la Universidad Católica del Uruguay y decana del
Campus Punta del Este de esa universidad, que trabaja junto con Punta del Este
Bureau, “la ciudad está en un camino claro orientado a establecer protocolos de
smart city, y para ello transitamos el proceso de definición de
prioridades, ordenamiento de roles y visión para la ciudad. El objetivo en esta
etapa para establecer el rumbo es la articulación público-privada y su
alineación con normativas que garantizan y construyen la gobernanza, cualidad
necesaria para establecer un modelo a largo plazo, independiente de intereses
particulares. El país es reconocido por su gobernabilidad (equilibrio en el
ejercicio de poder político), pero para estos procesos se requiere de una
gobernanza fuerte, entendiendo como tal el logro de un desarrollo económico,
social e institucional duradero, promoviendo un sano equilibrio entre el
Estado, la sociedad civil y el mercado”.
Conceptos
clave. Las ciudades inteligentes se construyen sumergiendo lo tecnológico en la
infraestructura de la ciudad con un fin social de mejora de gestión y calidad
de vida. Supone la consolidación de gestiones sobre infraestructura tecnológica
de vanguardia que garanticen el desarrollo sostenible del territorio. Lo hace
en forma accesible para todos, facilitando la interacción e integración del
visitante con el entorno, e incrementando la calidad de su experiencia en el
destino, a la vez que mejora la calidad de vida de los residentes.
Dicho en otras palabras, una smart city no es tal si se llena de
sensores y luego no se procesan los datos para mejorar prestaciones, si no se
diseñan políticas de inclusividad y accesibilidad a sus servicios, si no se
aprovecha esa información para facilitar la instalación de negocios o
inversiones en áreas de interés. En definitiva, no se trata solo de sensores
sino de los usuarios como centro, de cuánto puede mejorar la calidad de vida de
la gente.
Una ciudad inteligente tiene la visión holística que permite a los ciudadanos
interactuar con ella de forma multidisciplinar y se adapta en tiempo real a sus
necesidades, de manera eficiente en calidad y costos, ofreciendo datos
abiertos, soluciones y servicios orientados a los ciudadanos, para resolver los
efectos del crecimiento de las ciudades, en ámbitos públicos y privados, a
través de la integración innovadora de infraestructuras con sistemas de gestión
inteligente.
Más oportunidades. La tecnología por sí misma no
resuelve los problemas de las ciudades que habitamos. Todo pasa por una gestión
planificada que incorpore esa tecnología y facilite el acceso de los ciudadanos
a esos nuevos esquemas. De hecho, la tecnología es apenas un 20% de esa
gestión, la base es la visión comprometida y transversal a gobiernos, la
gestión inteligente y creativa de sus recursos.
Malaquín sostiene que hay diversos sesgos que atender y balancear en la
gestión para que la introducción de la tecnología haga los procesos más eficientes
y no se desperdicien recursos. “Siendo una economía turística pero también de
residentes, es importante generar un mindset digital y trabajar para una
desestacionalización de Punta del Este, una transformación digital y
tecnológica, una estabilidad económica, y para la protección de la
sostenibilidad de procesos buscando el triple impacto: social, financiero y
ambiental”.
Por otro lado, la decana de la UCU opina que un factor importante es el
ánimo de cocreación de la marca del destino “que potencie un desarrollo
económico diferencial, una visión común para Punta del Este, en una
multiplicidad de áreas, no solo enfatizando extremos como el turismo de lujo,
por ejemplo, que desplace otras áreas de interés más accesibles y diversas”.
Algo que ocupa a las autoridades que están trabajando en este tema es la
movilidad, “una carencia seria, evidente tanto en alta como en baja temporada,
que la sufren locales y visitantes: no hay una red eficiente de transporte y
tampoco es una ciudad ‘caminable’”, asegura Malaquín. “Pretendemos ser un
vínculo académico entre la comunidad y el gobierno para generar
implementaciones y decisiones estudiando los impactos y ayudar a aportar valor
en los procesos para que no sean solo licitaciones, sino una consideración más
integral. El ordenamiento territorial también está dentro de estas
preocupaciones: creemos en los estímulos pero también en darlos en el marco de
leyes claras. Trabajamos con asociaciones civiles para que las decisiones
técnicas o políticas no caigan en sesgos de saturaciones que producen temas de
asimetrías o desigualdades y desperdicios de recursos”.
La inclusión de la
tecnología crea un ambiente socioeconómico diferente al abrir oportunidades de
innovación y desarrollo, crear nuevas fuentes de trabajo e impulsar modelos de
negocios en big data, hasta hoy impensados en los modelos tradicionales.
Cuestiones como la planificación, la organización de actores públicos y
privados o la equidad son aspectos importantes de una ciudad inteligente, no apreciables
a simple vista. La inteligencia hay que demostrarla y la ciudad es inteligente
por los impactos y beneficios que implica para quienes la viven. El desafío es
hacerlo mirando al futuro, sin desconocer el pasado y la herencia cultural que
la diferencia de otras.