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Mariana Pomies: "Creo que tener proyectos para toda la vida es cada vez más difícil"

Nombre: Mariana Pomies • Edad: 50 • Ocupación: Investigadora de mercado, directora de Cifra • Señas particulares: Le tejió el vestido de novia a su hermana, llegó a ganar plata por cantar, estudió teología, dice que va a vivir cien años.

Cuando estudió la licenciatura en Sociología, ¿se imaginaba trabajando como investigadora de mercado?

Nunca se me había ocurrido trabajar en investigación de mercado. Yo estudiaba sociología porque me gustaba estudiar el comportamiento de la gente y no veía en ese momento esa conexión entre el comportamiento de compra con el de consumo y todo eso, y en la carrera en ese momento no había ninguna conexión con la investigación de mercado. Entré a Cifra porque una amiga entró primero, ella me recomendó y vine. No tenía mucha idea de qué hacía una investigadora de mercado. 

¿Sobre qué temas le gusta investigar en su vida personal?

Tengo un problema, que es que tengo muchos hobbies. De chica y adolescente cantaba, canté en coros, tocaba la guitarra. Llegué a ganar plata cantando porque teníamos un coro, cantábamos en casamientos y cuando era joven teníamos los fines de semana repletos. De grande intenté volver a un coro pero no tengo tiempo. Siempre fui muy lectora, consumidora de libros muy variados, leo varios libros a la vez. De grande hice un curso de tejido con telar María y me encantó. Entré al mundo de la lana, el tejido y la artesanía. Ahora me metí en cursos con otras técnicas: crochet, dos agujas, telares cuadrados, redondos. Para mí es super terapéutico. Me relaja y ahora tejo muchísimo cosas diversas que en general regalo a amigos y familiares. Le tejo pila a mi hija y nunca le gusta nada. Ella me pide, elige modelo y después no le gusta. Le hice el saco de Harry Styles. Vienen las amigas y se lo ponen, pero ella no.

Es de seguir las ligas de fútbol europeas. ¿De dónde surge ese interés?

De chiquita veía mucho fútbol alemán. Mi abuelo era fanático y de noche me quedaba viendo el fútbol con él. Después acá empezó a surgir más el fútbol español y conocí a mi marido, que es fanático del Barcelona. Ahí empezamos a seguir mucho la liga española. Disfruto cuando es buen fútbol, como el Barça, aunque no es el Barcelona de cuando estaba Guardiola, que me encanta como técnico. En la época de él veía los partidos y decía: “esto es arte”.

Siempre veranea en La Paloma con su grupo de 12 amigas de la escuela y sus familias. A esta altura ya deben tener un lugar reservado en la playa. 

De las 12 siempre vamos unas nueve, pero las otras nos visitan alguna vez, o un fin de semana. Nuestros hijos han crecido juntos, aunque tienen distintas edades. Llegamos a la playa, ocupamos espacio y siempre hay algún amigo de alguna que viene y se suma a la barra. Pasamos espectacular. Es un espacio de mucho intercambio, de encuentro. Después de tantos años nos hemos casado, descasado y vuelto a casar; nos conocemos de toda la vida y nuestros esposos nos siguen en nuestros rayes. Hacemos asados, ponemos música y bailamos, hacemos coreos.

¿Qué es lo primero que hace cuando llega a su casa después de trabajar?

Buscar a mis hijos. O ir al supermercado. Si no me tengo que poner a hacer la cena, me pongo a tejer. Cocino poco, no me gusta cocinar, porque no sé. Me acuerdo que de joven decía que cualquiera que sabe leer sabe cocinar. Mentira, porque tengo el libro del Crandon y sé leer perfectamente y las cosas no me salen como a los demás. Mis hijos me terminaron pidiendo que no hiciera más tortas de cumpleaños. Alquilaba los moldes, me esforzaba y salían unas cosas espantosas. No me sale bien, no es lo mío.

¿Cómo conoció a su esposo?

Fui al colegio Seminario. No vengo de una familia católica, mis padres no son creyentes, pero mandaron a sus hijos a un colegio católico y los tres les salimos creyentes. Pertenezco a un grupo de laicos católicos, de espiritualidad ignaciana, que es la espiritualidad de los jesuitas, un movimiento mundial. Pertenezco a la Comunidad de Vida Cristiana en Uruguay (CVX) y ahí lo conocí.

Es vicepresidenta de esa comunidad en Uruguay y hace un tiempo dio una charla sobre el proceso de sanación para personas divorciadas. 

Me pasó que en mi familia y entre mis amigos la gente se iba separando, divorciando, y sentía que la Iglesia no estaba acompañando adecuadamente. Conocí en España un grupo de CVX que trabaja en temas de familia y ahí me formé para acompañar a las personas separadas en el rearmado de su proyecto de vida. Porque vos proyectaste que iba a durar, y tus amigos y familia eran la familia del otro. Y cuando te separás, y te proyectaste mucho, te quedás sin piso. El proceso de perdonarse, perdonar al otro, es cerrar y empezar sanamente otro proyecto. 

En Uruguay los divorcios son algo muy extendido. ¿Le preocupa?

No, lo que me preocupa es cómo la gente sana el dolor, se recupera y rearma proyectos sanos. También he visto gente que no termina de cerrar las heridas. Lo que me duele es ver a la gente sufriendo. También creo que tener proyectos para toda la vida es cada vez más difícil. Vivís un montón de tiempo, vas cambiando, y la vida te va generando nuevos desafíos. Es un trabajo de todos los días que no depende de uno solo, y a veces ni siquiera de los dos. Es la realidad. Lo que me mueve es acompañar a la gente en los dolores.