(Enviado) Por todos lados está la palabra revolución y referencias al pasado. En las casas, en las calles, en los monumentos históricos y hasta en los hoteles lujosos repletos de turistas extranjeros.
(Enviado) Por todos lados está la palabra revolución y referencias al pasado. En las casas, en las calles, en los monumentos históricos y hasta en los hoteles lujosos repletos de turistas extranjeros.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá“Aquí no se rinde nadie”, desafía un enorme cartel apostado a la entrada de La Habana.
“Gracias Che por tu ejemplo”, “Vamos bien Fidel”, “Protagonistas de nuestro tiempo”, “Viva la revolución. Vamos por más”, dicen otros en distintas partes de la ciudad.
Los retratos de Fidel Castro, Ernesto “Che” Guevara y Camilo Cienfuegos abundan por todos lados. En las paredes de los edificios públicos, en las remeras, en las ventanas, en los autos. El primero tiene más de ochenta años y los otros dos murieron hace más de cuarenta.
Pero en La Habana, todo parece parte del pasado, detenido en el tiempo. Una ciudad con pocos autos nuevos y muchas “cachilas” de los cincuenta. Una ciudad con pocas construcciones nuevas, sin publicidad comercial en las calles ni en la televisión, sin supermercados ni shoppings, sin muchas tiendas.
Un país con dos monedas, una para los cubanos y otra para los extranjeros. Por eso, los cubanos que trabajan con turistas a veces terminan ganado más que los profesionales universitarios al beneficiarse de la conversión, confiesan algunos consultados por Búsqueda.
Para comprar un auto, para poner un negocio, para mudarse, para acceder a los lugares de recreación, para casi todo hay que recurrir al Estado. Todo está bajo el control de uniformes que están por todas las esquinas. Algunos son de policías, otros de personal de seguridad o inspectores de tránsito.
Hay pocas personas pidiendo dinero por la calle y pocos robos, pero lo que piden casi todos los cubanos es hacer un negocio con los turistas, de lo que sea. Un paseo, una cena, una salida, hasta un jabón o una remera.
Eso sí, ante esos mismos visitantes, casi todos hablan bien de Fidel Castro y de su epopeya. Se saben de memoria cada uno de los episodios importantes de su vida y siguen viendo a Estados Unidos como el enemigo.
Agradecen a la revolución cubana la salud, la educación, haber puesto a la isla en los ojos de todos. La reivindican pero sienten que ya no es lo mismo.
“Yo me muero como viví”, canta Silvio Rodríguez. “La revolución cubana seguirá siendo joven”, dice Raúl Castro al conmemorar el 60º aniversario del Asalto al Cuartel Moncada.
“Todo eso es cierto. Les creo cada una de sus palabras y los respeto. Pero no se puede vivir solo del pasado”, dice un taxista.
“Aquí somos todos muy patriotas e instruidos. Tanto, que nos sobra inteligencia para darnos cuenta que la realidad se está imponiendo”, opina un padre de familia que ofrece de comer a turistas en su casa.
“La apertura va a ser hecha a nuestra forma, porque nos criamos con esto, pero llegó para quedarse”, responde un universitario al ser consultado sobre el futuro de Cuba.