• Cotizaciones
    jueves 13 de agosto de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    ¡Viene el avión!

    Sr. Director:

    Los más jóvenes no van a tener ni idea de lo que estoy diciendo: allá por mediados de los 80 había una serie superpopular de TV que se llamaba La isla de la Fantasía, donde iba gente a realizar sus sueños y deseos y cada episodio empezaba con un señor, medio enano, vestido de galán caribeño, que anunciaba a los gritos la llegada de una nueva camada de peregrinos.

    Me imagino hoy a Rodrigo Arim, rector de la Udelar, gritando “llegó el avión”, al ver que la Cámara de Diputados estaba para sacarle fondos al Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria para dárselos a la universidad. En un acto de la más pura fantasía.

    ¿Sabrán acaso los Sres. Diputados cuánto aportan a la sociedad, respectivamente, la Udelar y el INIA, como para resolver adecuadamente dónde rinden más y mejor sus recursos? Lo dudo: porque una de las notas que caracterizan el drama anual protagonizado por la Udelar en las instancias presupuestales, cuando acusa a los gobiernos de estrangularla despiadadamente, es que nunca rinde cuentas.

    Es la Isla de la Fantasía.

    Más allá de que sus enojos, agravios y lamentos, siempre se escudan en temas como la investigación y el Hospital de Clínicas, el hecho es que la sociedad no sabe realmente si se justifica toda la plata que la Udelar recibe de aquella. Una universidad es algo superimportante, por supuesto, pero si la plata se le va como agua en un canasto…

    Por ejemplo: ¿cuántos estudiantes se reciben por año? Todo bien con producir investigación, pero el objetivo central de toda universidad es “producir” egresados (y no cualquier tipo de egresados). O sea, ¿cuántos de los recursos de la Udelar se consumen en estudiantes que, o abandonan, o no terminan nunca de recibirse? Porque, en definitiva, ¿cuánto le reditúa a la sociedad un estudiante frustrado o fallido?

    En El País del viernes 19/8, Arim hace una curiosísima afirmación: que al Uruguay le hacen falta más estudiantes universitarios. Parece revelar una realidad: que, en vez de ser una institución enfocada a generar personas formadas, para satisfacción propia y de la sociedad —como hacen todas las universidades del mundo— la Udelar se concibe a sí misma (y ajusta su proceder a eso), como una especie de parking de adolescentes, estudiantes eternos.

    Por otro lado, ¿no es una fantasía que una sociedad con recursos limitados (y exigencias ilimitadas,) financie a estudiantes universitarios independientemente de su capacidad económica? No digo que no sea ideal, pero ¿tiene sentido? Sobre todo cuando un alto porcentaje no responde con su desempeño o, sencillamente, no lo necesita. ¿Para disfrutar de asistencia médica gratuita, no se exige acreditar necesidad de ello? ¿Y por qué no para la educación?

    Todo ello sin perjuicio de que no se sabe a ciencia cierta con qué eficiencia gasta la Isla de la Fantasía los dineros que el Estado le saca a la gente.

    Para ser honestos, no es la Udelar la única Isla de la Fantasía que tiene el Uruguay. Otras instituciones gozan de los dos atributos: la fantasía y el aislamiento de la realidad.

    Entre ellos, unas fuerzas armadas de dimensiones, objetivos y ocupaciones que no guardan proporción con el país (y que, como corolario, son más mal remuneradas); o el sistema de seguridad social, que hace décadas vive de lo que no tiene; o el Estado, que también vive de lo que no tiene, en vez de vivir para lo que la gente necesita.

    Lo que, sumado a otras cosas más o menos fantasiosas, pone grandes dificultades al país para poder cuerpear la realidad con perspectivas sólidas.

    Ojo que no nos vaya como al enano de la Isla de la Fantasía.

    Ignacio De Posadas