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Sr. Director:
Sobre dichos del presidente José Mujica en Semanario Búsqueda el 1º de agosto de 2013. Dicho semanario atribuyó al presidente José Mujica lo que transcribimos textualmente: “Consideró que los camiones ‘se transformaron en una plaga’ que ‘rompen las carreteras’ y después el Estado tiene que ‘gastar en remendarlas’. ‘Yo les aseguro que vamos a dar vuelta el ferrocarril, y si no, va a haber una guerra, porque no bancamos más este negocio de los camiones’, concluyó”.
Desconocemos dentro de qué contexto fue dicho lo que allí se afirma, obviamente también la finalidad y para quién fue el mensaje. Lo que sí no hay dudas es que involucra directamente a los transportistas carreteros de cargas todos, autónomos, chicos, medianos y grandes.
Por tanto, sin entrar en polémicas y contestaciones de plagas o guerras, quienes sabemos sobre el transporte, cuáles son sus fallas y requerimientos, sus carencias y urgencias imprescindibles para poder seguir acompañando el movimiento requerido por el conjunto de la economía.
Como un solo dato histórico y relevante, el país hace entre 20 y 25 años impulsó la forestación, algunos años después fomentó las plantas de celulosa y al mismo tiempo, por el desarrollo agropecuario, las zafras graneleras fueron batiendo récords año tras año. ¿Qué hicieron los gobiernos de turno para preparar las condiciones necesarias y mover la producción en tiempos y costos razonables? Nada.
El presidente José Mujica no es el primer mandatario que tiene el deseo de un ferrocarril que solucione todos los males (según él y otros) que trae aparejado el crecimiento de la producción. Para que ello ocurriera en algún momento quienes deben sentarse a debatir y discutir son los protagonistas de los últimos 50 años en materia de transporte, servicios y logística y no solo técnicos, políticos o consultoras que hacen relevamientos para los intereses que son contratados.
Todos los medios de transporte son complementarios; al camión se lo considera “el eslabón imprescindible del transporte multimodal”.
El ómnibus que lleva carga, el ferrocarril, el transporte marítimo o el aéreo no son el enemigo del camión sino que son complementarios.
El gran enemigo del sistema es la falta de una política de transporte que desde hace años no existe.
La falta de políticas de Estado ha sido suplida por el impulso del sector privado que acompañó con inversión genuina la demanda que originó el importante crecimiento de la economía.
Algunos datos a conocer:
– Hay 5.000 empresas de transporte registradas, el 80% del total son familiares, no superan los 5 vehículos, dedicadas a movilizar la producción nacional que se consume y exporta.
– El 100% de las cargas se mueve en algún momento por camión, producción ganadera, agropecuaria, industrial, alimentos, vestimenta, combustible, medicamentos, autos, material de construcción o supermercado.
– El transporte de carga hace el mayor aporte de toda la sociedad al subsidio del combustible para las empresas del transporte colectivo que suma en millones de dólares al año.
– El transporte de carga paga patentes municipales de cifras escandalosas para los vehículos de trabajo, que recargan los costos de la producción y el consumo, cuando el 80% de los viajes pesados no utilizan la infraestructura departamental sino la red nacional.
– El transporte de carga paga el combustible más caro de la región, por lo que mueve la producción a un costo superior al de los países vecinos.
– Las carreteras en el mundo son pensadas, diseñadas y construidas para el transporte de cargas, pues éste mueve la economía y la producción. En Uruguay, las rutas en los últimos 20 años a sabiendas del incremento productivo interno y la demanda internacional, debieron ser hechas para soportar y sobrevivir a ese crecimiento. Confirma la falta de proyecto integral de transporte, distribución y logística a nivel de Estado que ni los medios de transporte, puertos, ferrocarriles o rutas, funcionan como lo demanda nuestra propia economía y la región.
– Se repite incasable, reiterada y equívocamente que el puerto de Montevideo es chico, mientras que en el puerto se desarrollan actividades que deberían realizarse afuera del recinto. Podemos tener 10 muelles y enormes grúas para barcos de gran porte, pero si el embotellamiento para entrar y salir no se corrige, el problema será peor aún porque habremos invertido mucho y mal. ¿Para qué agrandar el puerto solo para el lado del agua si los accesos del lado de tierra están saturados? ¿Cómo van a entrar y salir los productos que se movilicen en esos nuevos muelles?
– En la pasada administración, la construcción de la Perimetral de Montevideo, necesaria para solucionar la circulación e ingreso a la capital, significó una baja inversión en el resto de las rutas, a pesar del sostenido crecimiento de la producción y que las mega inversiones conocidas se iniciaban y ya había otras en carpeta.
– La producción del país creció por 3 entre el año 2000 y 2010, tomando solo la madera, soja, trigo, arroz y el maíz; aumentó el movimiento en 7,35 millones de toneladas. La mala infraestructura es producto de la inoperancia e incapacidad a lo largo de los años. Los gobiernos fomentaron por el mundo invertir en Uruguay, dieron exoneraciones para mega emprendimientos y facilitaron proyectos mucho tiempo antes de estar en este caos. Como no hicieron lo correcto para preparar al país, ahora responsabilizan a los camiones. Parece una buena estrategia del gobierno: no sabemos nada pero encontramos al culpable.
- Plaga, guerra, palabras fuertes, desatinadas, fuera de contexto y con la gravedad de que quien lo dice es quien debería buscar los caminos de encuentro, armonía y sensatez, para dejar una mirada de un estadista serio y coherente para el futuro de un país que todos deseamos siga creciendo fuerte y sólido, con bases firmes que seguramente otros resuelvan lo que él tampoco pudo.
¿Quién paga por las carreteras? Según la Academia Nacional de Ingeniería existe un rezago de inversión en las rutas nacionales de U$S 1.300:000.000, mientras en valores reales el presupuesto de obras se mantuvo casi incambiado en los últimos siete años. Sin embargo, el mismo estudio reconoce que este rezago se puede amortizar en cinco años y financiarse con los ingresos actuales, lo que habilitaría a tener mejores rutas por donde transportar la producción y mejorar la eficiencia de los transportes con el consiguiente beneficio para los uruguayos, sin incrementar el costo para los usuarios.
El Estado gasta en “remendar” las carreteras porque ha hecho oídos sordos a sus propias previsiones. Debería al menos asumir su responsabilidad por lo hecho, o más bien, por lo que no ha hecho.
Intergremial de Transporte Profesional
de Carga Terrestre del Uruguay (ITPC)
Comisión Directiva
Sr. Director:
¿Qué esperamos? ¿Que nos maten a todos? En estos días nuestra sociedad se vio sacudida por la muerte, en el cumplimiento del deber, de un tacuaremboense que se desempeñaba como policía en la capital del país, algo que si bien está convirtiéndose en algo de casi todos los días, ahora nos golpeó y asumimos de cerca que la violencia e inseguridad es una realidad que, a veces, la vemos como un problema de otros hasta que “las balas salpican cerca”.
El propio gobierno está en una encrucijada donde ha probado casi todos los procedimientos para disminuir la violencia y no ha encontrado ninguna solución sino que, al revés, cada vez el desastre es mayor porque se acentúa la participación de niños en edad escolar en casos que nunca nos hubiéramos imaginado iban a suceder.
En inseguridad, como en educación, hay una realidad que nadie puede desconocer; sólo algunos fanáticos que intentan defender la gestión del gobierno pueden, justamente por su fanatismo, desconocer un fenómeno que golpea a una sociedad que ya no sabe cuál será su destino. La realidad dice que estamos en el desastre total.
Se responsabiliza al ministro Bonomi de todo esto y él ayuda mucho porque en medio de las balaceras y muertos sale con las gráficas y los porcentajes cuando en la calle hay un muerto a cada rato, algunos porque se la buscan y andan en medio del delito, otros porque la ligan mal y, de repente, van pasando por una calle o están en un comercio, o trabajando y se ligan un balazo dejando familiares en una situación de angustia que no arreglan ni con los seguros que ofrecen a las víctimas de la violencia.
Y no sé si la culpa toda es del mismo Bonomi, de Díaz, de Tourné o de todos, porque, en definitiva, quienes pusieron al frente del gobierno a gente como el presidente Mujica, a los ministros Bonomi y Fernández Huidobro, que en un momento de su vida tomaron la decisión de matar o morir si era necesario, demostraron no darle ningún valor a la vida.
El pueblo uruguayo le dio la facultad de decidir el destino de todos nosotros a gente que no tenía ningún aprecio por su vida y, por lo visto, poco o nada han modificado su visión frente a la misma.
Lo que más les preocupa ahora, viendo la espiral de violencia que nos invade, es tener que sacar al Ejército a la calle para colaborar con la Policía y terminar con el vandalismo que no tiene en cuenta nada, porque de seguir con esa pasividad esto de morir inocentes será cosa de todos los días porque, por lo visto, los delincuentes son cada vez más y comienzan con edad escolar.
El ministro Fernández Huidobro salió en medio de la balacera que terminó con la muerte de Carlos Rodríguez y que podría haber sido una matanza de particulares, indicando que el Ejército no estaba preparado para salir a la calle. Parece que va a esperar que el desastre sea más grande para tomar una decisión, él o todo el gobierno, antes que nos maten a todos.
Parecería que sacar el Ejército a la calle a respaldar a la Policía para tratar de poner un poco de coto a este desastre lo equipararía a Bordaberry cuando lo sacó a combatir a los tupamaros.
El Uruguay necesita hoy una decisión firme y que permita terminar con esta favelización que se nos vino y no se puede combatir, ni con humanización de las cárceles ni con más cárceles. La violencia está metida, además, con ejemplos de gente que no tuvo ningún empacho en matar y que hoy está en los principales puestos del gobierno nacional.
Si los tipos que mataron, despreciaron la vida humana, hoy están decidiendo el destino de todos nosotros, ¿qué mensaje le dimos a los gurises que hoy están cometiendo las cosas más horrendas?
¿Qué esperan los gobernantes? ¿Que nos maten a todos?
Iván Rodríguez
Director
Semanario Batoví
Tacuarembó
Sr. Director:
Desde hace varios años soy un asiduo lector del semanario y es la primera vez que decido escribir a tan importante medio de prensa de nuestro país. Debo decirle primeramente que soy Oficial de la Policía Nacional y solicito a Ud. la publicación de esta Carta Abierta a un protagonista inesperado del luctuoso hecho acontecido el día 5 de los corriente en el barrio Pocitos de esa capital y que terminara con los resultados conocidos por toda la población.
Estimado Sr. Diego Añón: transcurridos algunos días luego de su participación en el luctuoso hecho acontecido el día 5 de los corrientes, donde una banda de delincuentes sembrara terror y muerte a plena tarde en una sede del Correo ubicada en Pocitos, quiero a través de la presente expresarle mi más profundo agradecimiento y mi más profunda admiración personal por el gesto heroico demostrado ante tal situación.
Sr. Añón, transcurridos estos días, y tal vez en la tranquilidad de su hogar, Ud. debe haberse hecho varias reflexiones a su interna, inclusive hasta cuan cerca estuvo de su propia muerte, por el solo hecho de encontrarse, como cualquier ciudadano, cumpliendo con una actividad cotidiana en un lugar determinando, y en cuestión de segundos, verse involucrado en una situación límite, de la cual Ud. quizás nunca hubiera participado anteriormente, ni tampoco soñado tuviera que participar y para la cual Ud. tampoco quizás estuviera preparado.
Sr. Añón, la actitud asumida por Ud. en esa oportunidad merece, como se lo dije anteriormente, mi más profunda admiración y respeto. Estas humildes palabras quizás solo pretendan agregar algo más de sentimientos a las que Ud. ya debe haber recibido por muchos integrantes de la comunidad en su conjunto y me imagino que quedarán casi desmerecidas ante las palabras o los agradecimientos personales recibidos por parte de las autoridades del Ministerio de Interior o de la Jefatura de Policía de Montevideo. Pero no importa: yo sentí la necesidad de decírselo públicamente, por cuanto un acto de tamaña grandeza debe ser destacado tantas veces como policías existan en este país.
Sr. Añón, Ud. no puede ser un héroe anónimo para la Policía Nacional. Ud. debe ser reconocido de alguna manera y su nombre debe por lo tanto quedar escrito en algún lugar con letras de oro que recuerden esa actitud tan valiente por Ud. asumida. Por supuesto, eso no me corresponde a mí hacerlo, por cuanto no tengo la jerarquía ni ocupo ningún cargo relevante, pero como simple integrante de la misma, a pesar de econtrarme jubilado, me sentiría inmensamente aliviado en nombre de la conciencia colectiva de la institución si esa, su actitud, fuera reconocida debidamente, cosa que descarto lo será, aunque Ud. tal vez no lo quiera ni le importe, porque es evidente que todo lo hecho por Ud. esa tarde lo hizo bajo el mandato de la voz imperativa de su conciencia, que lo hizo exteriorizar toda su bondad y su solidaridad ante la realidad allí existente, traducida en el auxilio de cualquier manera al policía heroico que comenzaba a debatirse entre la vida y la muerte, arriesgando Sr. Añón, Ud., en un principio su propia vida al intervenir directamente, y después resolviendo conducir en el móvil policial al herido, en un gesto quizás sin precedentes en la rica historia policial del país.
Por último Sr Añón, quiero desearle a Ud. muchísimos años de vida para que pueda seguir sembrando actitudes solidarias en el medio de esta sociedad a veces tan egoísta y mezquina. Ojalá que nunca más deba exponerse a situaciones tan delicadas como la que le tocó participar. Ud. ya está cumplido, aunque casi lo doy por seguro que Ud., en el transcurso de su existencia ya debe haber tenido miles de gestos anónimos que lo han transformado en un solidario, por cuanto actitudes como la demostrada el día lunes 5 no surgen de un día para el otro en un ser humano, sino que son la sumatoria de una vida tal vez llevada con mucha nobleza y con mucho carácter.
Esperando un día poder estrechar su mano y darle un abrazo fraterno se despide a Ud.
S/ Comisario (R) Arbelois Castillo Pérez
CI 2.887.976-0
Melo (Cerro Largo)
Sr. Director:
Quien le escribe es el convocante de la “Marcha Por Más Seguridad” llevada a cabo el 9 de agosto pasado de las plazas Libertad a Independencia de nuestra capital. Habiendo tenido activa militancia política y sin desmerecer el rol vital de los partidos políticos en una democracia, llegué a la conclusión de que aun queriendo, no podía enfrentar la inseguridad que nos arrincona desde ellos. Ante los problemas sociales los partidos nos dividen y no permiten que los ciudadanos afectados nos juntemos. Decidí dejar de lado mi identidad política e involucrarme en algo más grande, más comprensivo, en algo que nos identificara a todos, como la bandera uruguaya. Porque solo juntándonos los ciudadanos podremos hacer frente a la incertidumbre y la impotencia que nos genera el avance delictivo.
La crítica desde posiciones partidarias respecto a mi origen político es la prueba de que la camiseta política nos tapa los ojos. Yo me la saqué.
Ninguno de mis críticos se atrevió a decir que no resulta imprescindible recuperar la seguridad; más bien pretendieron desvirtuar la convocatoria y a mi persona por posiciones políticas que nunca invoqué y dejé de lado para formar un frente ciudadano común. También pretenden atribuirme responsabilidad por consignas anónimas en una marcha callejera abierta que no reflejan el pensamiento de los convocantes, que lejos de justificar la pena de muerte, nos juntamos para luchar por la vida.
Por los motivos expuestos le solicito que junto a estos publique la proclama que leímos en la plaza y que refleja cabalmente lo que sentimos quienes nos fuimos juntando para ponernos de pie y reclamar una convivencia que no queremos mendigar aisladamente sino que se conquistará desde un colectivo ciudadano nacional.
Proclama 9 de agosto de 2013
“Hoy estamos aquí en forma pacífica, sin banderas políticas, pues los muertos no las tienen. Al delincuente, antes de perpetrar sus actos, no le importa la ideología de la víctima. Siendo así, menos nos tiene que importar a nosotros. Sabemos lo que es el dolor de los niños que quedan huérfanos. No queremos más familias destrozadas, no queremos acostumbrarnos a la muerte. El pueblo no es responsable del aumento del delito, por el contrario, es su víctima.
Nos hacemos eco de las palabras del Sr. Julio Guarteche, director nacional de Policía, vertidas en el semanario Búsqueda del 25 de julio del 2013: ‘No puede ser que alguien con 6 antecedentes y 23 años de edad esté afuera. Eso es una fuente inagotable de trabajo para nosotros’. ‘Tenemos que tener en claro que hay gente que no es recuperable, y esa gente tiene que estar más tiempo en la cárcel’.
Se precisa ya desalentar la reincidencia con penas acordes a ésta. Precisamos dotar a la Policía de herramientas y mando para cumplir con éxito su tarea.
Se necesitan mejoras en el Sistema Educativo que conlleven el conocimiento y preparación para la vida académica y laboral, y no que por carencia de educación, el destino sea la carrera del delito. Formar ciudadanos en las virtudes del estudio, del trabajo, del esfuerzo personal y familiar, que lleven a elevar la dignidad del hombre. Generar ciudadanos útiles a la sociedad y no delincuentes que sean una carga para todos.
Necesitamos que los poderes del Estado asuman este problema.
Le pedimos al Poder Legislativo que legisle como deben hacerlo, al Poder Ejecutivo que ejecuten como deben y al Poder Judicial para que juzguen como deben. Necesitamos los poderes de cara al pueblo, no de espaldas. Les pedimos compromiso en esta lucha en donde nuestro derechos humanos son vulnerados día a día (Artículo 3 de la Declaratoria de DDHH: Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona).
A su vez, nuestra Constitución en su Artículo 7 dice: Los habitantes de la República tienen derecho a ser protegidos en el goce de su vida, honor, libertad, seguridad, trabajo y propiedad. Nadie puede ser privado de estos derechos sino conforme a las leyes que se establecieren por razones de interés general.
Todos los días varios ciudadanos son vulnerados en sus derechos, todos los días se nos vulneran nuestros DDHH.
Para cambiar esto precisamos que asuman responsabilidades. A los ciudadanos no nos importan índices, ni el tiempo en que esto está pasando, ni políticas erráticas… Necesitamos sentirnos protegidos, nos estamos jugando la vida, comprendan.
También comprendan que esto no es un tema político. Se trata de que no nos sentimos protegidos ni siquiera en nuestros hogares. Solo pedimos a todos los actores compromiso real en esta guerra contra la delincuencia.
Atentamente
Miguel González
CI 5.118.824-7
Sr. Director:
Solicito a Ud. un breve espacio de vuestro semanario para responder a una carta de Iván Altesor.
Luis Iguiní
Compañero Iván Altesor: en tu carta última reafirmas información sobre algunos hechos que te habría trasmitido tu padre. Lógicamente no puedo cuestionar que una persona a quien aprecié mucho te haya dicho tal o cual cosa; no tiene sentido.
Te puedo sí decir que para quienes participamos y dirigimos la Huelga General ello será un recuerdo de tal importancia al cual continuamente recurrimos y también para recoger las experiencias positivas para la actividad sindical de hoy en día.
En caso de tener interés en tratar o ver determinado tema, en el futuro podemos intercambiar correspondencia pues los dos contamos con correos electrónicos, los que podemos facilitar a amigos o conocidos.
Es por ello que no volveré a las “Cartas al Director” que amablemente nos ha facilitado Búsqueda.
Hasta pronto.
Luis Iguiní