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    jueves 13 de junio de 2024

    Competencia preservada, una buena noticia

    Nº 2277 - 23 al 29 de Mayo de 2024

    La comisión de defensa de la competencia tuvo ante sí la decisión más importante y difícil de su historia. Aunque al momento de escribir esta columna no está todavía la oficialización del fallo, todo lleva a pensar que ha elegido preservar la competencia en la industria frigorífica uruguaya. Es probablemente la decisión más importante en su historia por el monto de la operación analizada, por lo estratégico del sector involucrado y por la importancia de Brasil como socio comercial. También lo fue porque 90% del territorio de Uruguay esperaba con alta expectativa su fallo técnico, que se sabía de antemano sería el determinante de la decisión política.

    Que la competencia es necesaria para la innovación y la mejora es uno de los tantos hechos que tienen en común la ecología y la economía. Las gacelas y los galgos corren tan rápido porque han tenido durante miles y miles de años carnívoros persiguiéndolos. Pero sin la competencia de los carnívoros, los perros pueden ser lentos y rechonchos.

    En cualquier sector de la economía sano hay rivalidad entre empresas y ese es el aliciente para la mejora continua. Las que logran innovar, bajar costos, vender y atender mejor a sus clientes, lograr relaciones laborales más armónicas y en la agroindustria construir una red vibrante de productores abastecedores persisten. Las otras, a la corta o a la larga, quedan por el camino. Pero en el agro, donde los abastecedores son miles, que están atomizados y sometidos a los vaivenes del clima, que haya opciones es crucial.

    La preservación de la competencia es fundamental en las economías libres, porque la libertad debe ser cuidadosa de los eslabones más débiles. Y un mercado, cuanto más concentrado es, más desventajoso resulta para los proveedores o abastecedores. Especialmente cuando el relacionamiento de la industria con sus proveedores tiene un impacto social enorme.

    La ganadería es la gran red que convierte fotosíntesis en dólares, captados mayoritariamente del exterior, la misma que asegura proteínas de altísima calidad a la población local. Preservar una competencia que rivalice por tratar bien a los productores ganaderos es importante para el Uruguay de siempre, y de este siglo aún más.

    La decisión es muy importante para quienes creemos que el camino de Uruguay­ es valorizar al máximo posible cada tonelada de carne exportada, porque las dos empresas involucradas tienen estrategias distintas y se precisa de las dos para optimizar la valorización de la carne de Uruguay. Por otra parte, es deseable que ninguna empresa tenga 50% del mercado o compre plantas frigoríficas para mantenerlas cerradas.

    La decisión tiene otra arista importante, que refiere a lo conceptual. Liberalismo no es ni debe ser anarquismo. La idea de que si el mercado así lo determina, debemos someternos a una concentración resultado de una especie de dictado natural, es errónea.

    El mercado es un mecanismo maravilloso de formación espontánea de precios y siempre que sea posible hay que dejarlo funcionar libre, o corregir estructuras para que la formación de precios no sea manipulada.

    Uruguay, al no avalar la operación tal como fue planteada, da al mundo una señal de madurez importante. Nos interesan mucho las inversiones y son muy bienvenidas, pero no de cualquier manera. No aceptamos todo al bajo precio de la necesidad.

    Mucho más importante es recuperar la ilusión a futuro. Industrias y emprendedores de la venta de carne compitiendo por conseguir los mejores precios posibles en el exterior y trasladarlos a los ganaderos locales. Competir por quién vende a los cinco continentes la que puede considerarse la mejor carne vacuna y ovina del mundo, originada en convivencia con la vida silvestre y apostando a la neutralidad en carbono. Que peleen varios por ese trofeo y que ganen los mejores.