“¡Parecés más joven!”, “estoy hecha una vieja”, “¿cómo lo ayudo, abuelo?”. Desde los comentarios más mundanos hasta el diseño de las políticas públicas y los pensamientos más profundos sobre la vejez, el mundo está atravesado por el edadismo, una de las formas de discriminación más socialmente aceptadas y a la que todos, tarde o temprano, estaremos expuestos
Por María Inés Fiordelmondo Blaires