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Menudo aprieto lo de la entrega de la Presidencia pro témpore del Mercosur a Venezuela. Una disyuntiva nada fácil para los países fundadores, la que no quedó resuelta, ni de cerca, el lunes 11 durante la reunión a nivel de cancillerías celebrada en Montevideo. Se vuelven a reunir hoy jueves 14. Difícil adivinar lo que pasará.
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La reunión en procura de resolver el embrollo era entre Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Pero hubieron de permitir la participación de la canciller venezolana, Delcy Rodríguez, que no estaba invitada y que no ayudó en nada. Al que no dejaron entrar fue al embajador de Bolivia, que también se hizo presente con mandato expreso de su presidente Evo Morales, según parece.
El “mero” trámite se complicó por la decidida oposición de Paraguay a que Venezuela asumiera, por no cumplir con la cláusula democrática (Protocolo de Ushuaia). Luego de los paraguayos, se sumó Brasil con algunos otros argumentos y el tema se empantanó.
El argumento de Uruguay, como se sabe, es que se trata de un tramite jurídico y corresponde cumplirlo. En realidad, la intención del gobierno, del presidente Tabaré Vázquez y del canciller Rodolfo Nin Novoa era quitarse esa “brasa caliente”. Salirse de eso cuanto antes, con el menor ruido posible —ni se citaba a una cumbre presidencial, como era de orden— y, de ese modo, esquivar problemas internos del Frente Amplio, donde una mayoría apoya a Venezuela en forma incondicional.
El tema jurídico alegado no ha tenido mucha fuerza ante la argumentación paraguaya —“la cláusula democrática”— y la de Brasil por los “incumplimientos” de la propia Venezuela respecto a varias exigencias y normas del Mercosur.
Otro elemento en consideración es la necesidad de intensificar en este período las negociaciones para un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, al que se opone Venezuela. Lógicamente, no se entiende muy oportuno en esta etapa clave que sea Nicolás Maduro quien conduzca al Mercosur.
Sin embargo, hay razones más fuertes aún, aunque se repiten en voz baja y en los pasillos, que tienen que ver con la responsabilidad de los miembros de preservar la imagen del Mercosur —y la propia— ante el riesgo de un mayor agravamiento de la situación venezolana.
Al régimen bolivariano le va quedando el apoyo de la Unasur —cada vez menos sólido— y de José Luis Rodríguez Zapatero. La fundamentación del canciller Nin Novoa en cuanto a que se trata de una “democracia autoritaria” en la que funciona una Asamblea Nacional con mayoría opositora, electa legítimamente, no tiene mucha fuerza. En los patios del Palacio Santos la visión entre los delegados es otra: “¿Democracia? ¿Con presos políticos? ¿Sin libertad de prensa? ¿Con comités y comisarios de barrio y para el abastecimiento? ¿Con represión de las organizaciones sociales? ¿Con hostigamiento a los opositores?”.
“¿De qué democracia se habla?”, preguntó privadamente —por ahora— un miembro de la representación de Argentina, el país que se ha mantenido más distante. “En cualquier momento eliminan o disuelven la Asamblea Nacional o le quitan todos los poderes por resolución de la Justicia o el Tribunal Electoral y nos escrachan a todos”, alertó el diplomático argentino.
La propia actuación de la canciller Rodríguez alimentó más temores: anunció que este jueves se haría el traspaso —lo que tuvo que ser desmentido por el propio Nin Novoa— y dijo que los representantes de Brasil y Paraguay se escondieron en los baños.
Poco después, Rodríguez insistió y dijo que no era necesario ningún tipo de acuerdo, ni de consenso, ni había que votar nada: que se trataba de cumplir con un trámite previsto para cada seis meses. También hubo de ser desmentida. Se aclaró que es preciso el consenso.
Si así es como se maneja la canciller venezolana, mete miedo lo que puede hacer Maduro desde la Presidencia, manejando a su antojo semejante megáfono.
El análisis de un corresponsal brasileño presente fue lapidario: “Eso es lo que asusta a Itamaratí y a todos: el vocabulario, el abuso, la falta de respeto. Tienen que sopesarlo mucho antes de cederle semejante tribuna a Maduro; puede utilizarla para lo que sea y decir cualquier cosa, como es de estilo. Y peor en estos momentos cuando, como dijo el ex presidente José Mujica, ‘está loco como una cabra’”.
Es una decisión que no se puede tomar a la ligera. No pasar la Presidencia a Venezuela como sostiene Paraguay y respalda Brasil sería un duro golpe para la imagen y legitimidad del régimen chavista. (Los que lo impidan, si ocurre, deberán “preparar el lomo” para la reacción y la verba bolivariana). Darle la Presidencia en estos momentos, con todo lo que ocurre en Venezuela y lo que puede ocurrir, es estar “con el Jesús en la boca”, como dijo un delegado (católico, supongo).
Una fuente de la Cancillería uruguaya no me aseguró, pero me dijo que es difícil que hoy jueves 14 se le dé trámite al traspaso. Pero, al mismo tiempo, admitió que no tenía claro lo que iba a pasar así como que podía pasar cualquier cosa.
¿Postergar la decisión? ¿Tirar la pelota para adelante? Puede ser la salida para hoy. Pero, ¿hasta cuándo? En algún momento deberán decidirlo. Asumir los riesgos que implica tomar una decisión con fundamentos cada vez más flojos o reconocer la realidad y llamarle pan al pan y vino al vino.