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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLas nuevas autoridades en la Iglesia. Como consecuencia de la asunción del Papa Francisco I y de la designación del nuevo arzobispo de Montevideo, de un año a esta parte la prensa de noticias, la prensa de opinión, la gente en general, sean laicos, ateos, indiferentes, los que profesan alguna religión, los simpatizantes católicos y los practicantes, es decir los que integran la iglesia militante, especulan sobre los cambios que los nuevos jerarcas a nivel universal y/o nacional introducirán en la Iglesia Católica sobre muchos temas, especialmente: matrimonio de personas del mismo sexo y adopción, aborto, divorcio, celibato, pedofilia dentro de la Iglesia, etc. (llamándome la atención que no haya referencias a la cremación), como si se renovaran las autoridades políticas de un Estado y cada uno asumiera para aplicar su propio programa de gobierno.
Si bien el Papa, además de serlo, es el jefe de un Estado con una diminuta jurisdicción territorial debe aplicar determinadas normas de administración, lo mismo el arzobispo dentro de su Arquidiócesis, con referencia a su función pastoral las autoridades de la Iglesia no son dirigentes políticos que cada uno vienen con sus ideas y políticas.
La Iglesia Católica se rige por las Sagradas Escrituras, la tradición de los santos, beatos, teólogos, papas, los Diez Mandamientos entregados por Dios padre a Moisés en el Sinaí y esos temas, a pesar de no ser dogmáticos, ya están laudados desde siempre y en algunos casos desde el comienzo de los tiempos y esa opinión no se cambia por la aplicación de un nuevo “programa político”. Lo que sí puede cambiar es la actitud y disposición frente a esos temas en una época en que la sociedad laica en general tiene una actitud y disposición distinta frente a los mismos y esa nueva actitud y disposición debe encararse no condenando sino con una conducta de tolerancia en aplicación de lo que dispone el primer mandamiento: “Amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo”.
El Papa renunciante, teólogo y estudioso profundo de la historia y de la filosofía de la Iglesia —alguien dijo que era como tener de Papa a un San Agustín o Santo Tomas, no por su condición de santo sino por su sabiduría y conocimiento en filosofía y teología—, sustituido por un pastor con una brillante actividad al frente de una de las más importantes Arquidiócesis de América en la que estuvo muy cerca de su feligresía y de la gente en general, es decir en términos políticos, un “hombre muy popular”, hacen que se abran expectativas sobre cambios en posiciones que son de interés de la gente y que interpreten las informaciones en función de esas expectativas; en noviembre pasado se difundió la noticia de que la Santa Sede estaba haciendo un relevamiento sobre algunos de los temas referidos, pidiendo información a las conferencias episcopales, arquidiócesis y diócesis sobre la actitud frente a esos temas en la feligresía y la gente en general de sus jurisdicciones, a fin de preparar el Sínodo a reunirse próximamente para tratar esos temas; pues bien, a raíz de esa información a nivel popular, entre laicos creyentes y no creyentes, se decían cosas como que ahora este Papa “va a aceptar el divorcio” o “va a permitir el matrimonio de personas del mismo sexo” o “al final va a permitir el aborto”, dando por hecho que se producirían inminentes cambios cuando en realidad lo que se buscaba era material para tratar la actitud de la sociedad en el inminente Sínodo.
Recuerdo en el año 1988, en su visita pastoral, el papa Juan Pablo II, en el Estadio Centenario colmado con más gente que en un clásico, pronunció un discurso brillante y acorde con la tradicional posición de la Iglesia referente a la familia y al aborto pronunciando aquella frase que si mal no recuerdo decía: “los hijos con amor se pagan”. Ese brillante discurso (que debería imprimirse y repartirse en todas las parroquias) llegó a muy poca gente, la mayoría no lo escuchaba y se preocupaba de vivarlo en un ensordecedor barullo, como si fuera líder político o un destacado deportista.
Una cosa es la comunicación objetiva de una posición firme en la Iglesia y otra cosa es la recepción subjetiva de esa posición por la gente, adaptándola a sus expectativas, interesándoles la cantidad y no la calidad, ya que se dicen cosas como que “si no cambian se quedarán sin gente”, sin tener en cuenta que la Iglesia nació con un pequeño grupo y cuando Cristo fue crucificado, hasta el propio Pedro lo negó y todos huyeron; solo María y el discípulo preferido estaban al pie de la cruz. Es decir que la Iglesia empezó con pocos y ya lleva más de 2.000 años sin haber claudicado en sus principios.
Con el nuevo Papa la Iglesia universal, y con el séptimo arzobispo la Iglesia uruguaya, va a seguir, como siempre, con su objetivo: la salvación del alma para alcanzar la paz que no es otra cosa que la gloria eterna y para alcanzarla el instrumento es el amor a Dios y al prójimo en su expresión más pura que es la caridad material, intelectual y sobre todo espiritual como lo hizo, la hace y lo hará a través de las obras vicentinas, franciscanas, salesianas, hermanas de la Madre Teresa, San Pío de Pietrelcina, etc. y tantas otras a través de merenderos, hospitales, institutos de enseñanza, casas cuna, misiones en continentes y países olvidados por las organizaciones políticas internacionales.
Los que profesamos la fe católica debemos rezar para que se sigan cumpliendo los objetivos de la Iglesia y los no católicos tengan la seguridad de que con las nuevas autoridades la Iglesia seguirá con sus principios de siempre.
Miguel Ángel Estévez
CI 1.043.766-1