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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn la edición Nº 1.903 del 26 de enero pasado se publican dos artículos que hacen referencia al judaísmo y los judíos. Por un lado, en la página 18 firmado por Andrea Blanqué un homenaje a Auschwitz en el día de su liberación (27-01-1945) a través de una referencia y reseña del poema “Auschwitz” de León Felipe, que no conocía. Por otro lado, en la página 40 firmado por Marcos Cantera Carlomagno, un resumen acerca de las fuentes del antisemitismo de Marx.
He seguido las columnas de Carlomagno con cierta disciplina por su pretensión, tal como lo titula, de pronosticar “el futuro de la historia”. En especial, respecto a la Historia Nacional reciente, el autor ha sido claro e inequívoco en sus opiniones, sin dejar finales abiertos. Me sorprende entonces sobremanera lo ambiguo que resulta este artículo, así como otros sobre la figura de Hitler que leí oportunamente pero que no guardé, por lo que no puedo citar. Está claro que el autor no comulga ni con Marx ni con Hitler, pero al citar tan profusamente su obra y poner negro sobre blanco su texto no hace más que reavivar llamas que todos luchamos por apagar. Sea “Mi lucha” o “Sobre la cuestión judía”, no hay necesidad de inspirar a las nuevas generaciones de antisemitas. Que sean ellos quienes encuentren sus fuentes para justificar su ideología.
Por otro lado, la columna de Andrea Blanqué me resultó especialmente inspiradora y humana. La fascinación de León Felipe con la historia, la religión y los mitos judíos no le quitan mérito ni validez a su sencillo y directo poema acerca del niño enfrentado a las cámaras de gas. El miedo, el Infierno, la soledad, son sentimientos humanos que exceden a cualquier pueblo o religión. Por eso el 27 de enero cada año la sociedad internacional elige recordar la Shoá: por lo que representa en la historia de la humanidad.
En el “futuro de la historia” también podrá analizarse, en un futuro no muy lejano, cómo Donald Trump devino presidente de los EEUU, borrando el pueblo estadounidense con el codo lo que escribió con la mano en la presidencia de Obama. Pero eso no hará de Donald Trump una figura inspiradora ni sus postulados dignos de ser recordados, a la luz del fracaso que, casi inexorablemente, serán.
La Historia merece contarse no solo para intentar no repetir el pasado sino para encontrar en ella la inspiración para enfrentar las incongruencias y sorpresas que nos depara la realidad.
Ianai Silberstein
CI 1.412.860-4