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    viernes 14 de junio de 2024

    El proyecto de ley de eutanasia

    Sr. Director:

    Pasan los meses y escuchamos repetirse los argumentos en pro de la eutanasia y en nombre de acortar sufrimientos experimentados como insoportables, cuando no se dispone de ayuda. Se alude asimismo a la presunta complementariedad entre cuidados paliativos (CCPP) y eutanasia.

    En documentos anteriores, varios articulistas, entre los que me incluyo, hemos intentado aclarar una y otra vez no solo las definiciones conceptuales sino la incompatibilidad de CCPP y eutanasia, la capacidad de la medicina actual de tratar dolores otrora insoportables, y, finalmente, el hecho de que la autonomía se ejerce en el supuesto de (y no en lugar de) la existencia del valor inherente de la vida humana, al que se ha denominado dignidad, condición irrenunciable, ya que no dejamos nunca de ser personas (con el derecho a vivir, y el deber de otros de respetar ese derecho que poseemos) independientemente de cualquier condición de raza, edad, enfermedad u otra condición permanente o accidental.

    Puntualicemos, a modo de síntesis, algunos aspectos:

    La incompatibilidad de CCPP y eutanasia se basa en que ambas acciones difieren en su intención (aliviar versus provocar la muerte), método (analgesia versus administrar droga letal) y resultado (alivio versus muerte segura). A esto agréguese que toda acción favorecedora de la eutanasia seguramente debilitará el alcance y la inversión en CCPP universales y suficientes para todos; en efecto, en una economía de mercado, tarde o temprano el sistema económico tenderá a ofrecer lo más económico, “a mano” y expeditivo, aunque se lo vista de moderno y sofisticado adelanto.

    La jerarquización de la autonomía personal por sobre el irrenunciable derecho a vivir ignora, entre otras cosas, las limitaciones que, obrando sobre aquella, la disminuyen (léase: que nos hacen menos libres). Por ejemplo: insuficiente cobertura de CCPP, creerse una carga, presiones familiares indirectas y creencias irracionales sobre el tratamiento. Sobre estas últimas ya hemos tratado en otro artículo, mostrando hasta qué punto nuestra percepción de la realidad condiciona nuestras decisiones. Mal pueden tomarse decisiones como morir cuando no se sabe de qué instrumentos se dispone o cuando una interpretación sesgada de los hechos nos haga ver “todo negro” en términos de soledad, abandono o perspectivas de sufrimiento. Las leyes 18.335 lit. 17D y la 19.286, art. 46 han procurado ponernos a resguardo de estos peligros.

    Las leyes que respaldan la dignidad de la persona han afortunadamente proliferado (18335, 18473, 19286), los recursos farmacoterapéuticos y de equipo se han perfeccionado (opiáceos en la analgesia, acompañamiento psicológico y espiritual, grupos de trabajo, etc.) pese a lo cual ahora el tema se percibe, por parte de sus promotores, como inaplazable y desesperante para su presta aprobación. En lugar de la prisa, que puede llevarnos a eliminar a los vulnerables, prefiramos redoblar las acciones en pro de su protección, acompañamiento y alivio, a que tienen derecho inexcusable.

    1. La aprobación de esta práctica en varios países ha llevado no solo a que se disparen los casos que se postulan con éxito a recibir la eutanasia, sino a que más personas, portadoras de patología tratable, aspiren a la misma, en virtud de un sentimiento comprensible pero subjetivo de insoportabilidad, pese a que se disponga de medios para su tratamiento efectivo. Son los casos de depresiones graves, edad avanzada, enfermedades neurodegenerativas y, potencialmente, de continuar en el futuro esta “pendiente resbaladiza”, podría aplicarse a diabetes, Parkinson, tumores tratables o simplemente autopercepción del apagamiento de las “ganas de vivir” por depresión o edad avanzada.

    2. Ante esto, tenemos la ley de voluntad anticipada que nos garantiza que no se nos efectuarán maniobras o tratamientos que no deseemos y que hayan quedado establecidos según cada uno así lo disponga. Por otro lado, tenemos una ley de CCPP que, una vez implementada y universalizada, asegurará el alcance del tratamiento del sufrimiento para beneficio de todos. ¿Necesitamos una ley de eutanasia en estas condiciones?

    3. El alentar el poner fin a la vida ante ciertas situaciones se contrapone a otras acciones de indudable trascendencia social como la prevención del suicidio. Si protegemos a una persona que planea suicidarse no dispensemos la muerte a otra en que también se experimente la vida como “intolerable”. En ambas se puede y se debe proteger y ayudar. De otro modo distinguiremos entre vidas de mayor o menor valor, cuando en realidad el valor que les es inherente por ser personas nos asegura que todos valemos por igual.

    Si la dignidad de la vida humana es supeditada a otros valores, se abrirá un gran signo de interrogación ante su garantía de inviolabilidad, que tenderá a relativizarla a otros intereses o accidentes sociales o históricos. Para ser libres, tenemos primero que ser personas.

    Dr. Marco di Segni

    Cartas al director
    2024-05-08T23:15:41