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    Eladio Dieste, poeta del ladrillo

    Sr. Director:

    La Unesco acaba de nominar como candidata a Patrimonio de la Humanidad a la iglesia Cristo Obrero de Atlántida, inspiradísima creación del Ing. Dieste.

    No es rara la nominación de la Unesco por cuanto la creatividad extraordinaria del Ing. Dieste le ha valido reconocimientos de toda índole en el ámbito nacional e internacional.

    En efecto, en la órbita internacional, la obra de Dieste ha suscitado una gran admiración por parte de destacados especialistas. Entre otros, el Prof. Stanford Anderson de Arquitectura del MIT de Massachussets; Graciela Silvestri, una arquitecta argentina docente de la Universidad de Cambridge; Edward Allen, especialista en tecnologías constructivas del MIT; Remo Pedreschi, de la Facultad de Arquitectura de Edimburgo, testimoniaron, en distintas publicaciones, su admiración por la propuesta de Dieste.

    Todos coinciden en destacar, desde distintas aproximaciones, la importancia de las bóvedas de cerámica armada —la gran creación de Dieste—, la originalidad de sus formas desafiantes, como los techos de doble curvatura o las paredes ondulantes. También el hecho fundamental de que la resistencia de las estructuras surja, precisamente, de esas formas y no de la resistividad de los materiales, pero, sobre todo, la coherencia de las obras de Dieste con algo que podría llamarse “economía cósmica” y que tiene que ver con el orden profundo del universo, la armonía íntima entre el arquitecto y su obra, el ingeniero y su construcción, el maestro y el artesano o el obrero, el material y la forma, la función y la economía, todo en una integridad sinfónica bajo la batuta del creador.

    La obra de este genial uruguayo, según todos los analistas, trasciende la ingeniería, la arquitectura y la construcción y penetra los ámbitos más sutiles de la filosofía, la ética y la religión. Así, afirman, Dieste y su obra deberían ser una guía para todos los países en desarrollo, sobre cómo gestionar la economía (en su más vasta acepción) en un mundo de oportunidades desparejas. La propuesta es dejar de mirar al primer mundo como única alternativa válida y, con la felicidad del ciudadano y el bien común como objetivo último, confiar en los recursos humanos y materiales propios, nacionales, y actuar en consecuencia.

    Dieste creía que el desarrollo económico logrado a cualquier costo y medido por los parámetros habituales del PBI, no era un fin valioso en sí mismo si no estaba al servicio de la felicidad del ciudadano. Así llegó a la conclusión de que, en general, las tecnologías ofrecidas por los países desarrollados a los países en desarrollo responden a contextos distintos y, por tanto, suelen no ser adecuadas ni, a veces, beneficiosas.

    En cuanto al Uruguay, Dieste confiaba en que, aunque el país carecía de un gran vigor económico, disponía de las reservas morales e intelectuales para protagonizar su propio desarrollo sin volverse permanentemente al primer mundo en busca de recetas, créditos y soluciones.

    Allí está la obra de Dieste, original y extraordinaria, desafiando casi las leyes de la física, imbuida de fe cristiana, de perfecta coherencia moral e intelectual, de total armonía entre la idea y la mano de obra. Su propuesta se basa en el ladrillo nacional (tierra y fuego), prioriza el trabajo nacional, y desarrolla un proyecto nacional orientado hacia el bien común, sin mirar al primer mundo, como proponía otro genio hoy casi olvidado, José Enrique Rodó.

    “Se puede” —parecen expresar las ingrávidas estructuras de Dieste.

    Es muy bueno que pasen a ser Patrimonio de la Humanidad.

    Álvaro Secondo Escandell

    CI 1.174.509-9