Sr. Director:
Sr. Director:
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSaber lo que sienten, quieren y opinan los miembros de una comunidad en relación con asuntos de interés compartido por ellos resulta invariablemente útil e inclusive con frecuencia indispensable para que puedan interactuar y hasta meramente coexistir de manera pacífica y armoniosa entre sí, pero también con el resto de la gente.
Por ello, es perturbador —casi angustiante— advertir hasta qué punto individuos acreditados como idóneos para generar o simplemente para divulgar elementos de juicio tendientes a develar los estados anímicos de la sociedad que integramos pueden obrar a menudo con descomunal indolencia, ignorancia, estupidez o perfidia…
El pasado miércoles 18 de noviembre Agustín Bonino —director de la empresa “Opción Consultores”— entrevistado por el periodista Mariano López en “El Observador TV” dio a conocer algunos datos que supuestamente habría obtenido a partir de un presunto estudio en torno a cómo estaría evaluando la ciudadanía uruguaya el desempeño del gobierno actual en ciertas áreas… (*)
Y para ilustrar lo atinente al tópico “educación” —en particular…— mostró un gráfico análogo a este.
Concomitantemente, para explicar el origen y el sustento de la información resumida en ese histograma y facilitar una correcta exégesis del mismo expresó a su anfitrión literalmente lo que sigue:
“La pregunta que se realizaba era: ¿cómo evalúa usted la gestión del gobierno en materia educativa utilizando una escala de 1 a 5, donde 1 es ‘muy mala’, 2 es ‘mala’, 3 ‘ni mala ni buena’, ‘4 buena’ y 5 muy buena’…? Bueno, como se ve en el gráfico, un 20% de la población evalúa positivamente la gestión del gobierno en lo que refiere a educación, un 25% la evalúa de modo regular y un 54% la evalúa de modo negativo. Importante destacar: bueno, que el saldo es negativo en lo que refiere a la evaluación de la población de la gestión de gobierno para esta área en un 37%, es decir: el saldo es de –37% si uno hace la resta de las evaluaciones negativas a las evaluaciones positivas. Disminuye la desaprobación en la población de nivel educativo bajo; es decir: entre la población de nivel educativo bajo la desaprobación alcanza un 41% y no un 54%, como en el promedio de la población. Y en los votantes del Frente Amplio también los niveles de desaprobación de la gestión de la educación cae del 54% en el promedio de los uruguayos a un 36%. Es importante destacar de todos modos que —digamos— la valoración —o cómo la población ve la gestión del gobierno en materia educativa— para la segunda quincena de setiembre— que fue cuando se ejecutó la encuesta— es negativa en todos los segmentos…”.
El suceso descrito debería estudiarse a nivel filosófico, político, académico y popular como un acabado epítome de la insensata, nociva e irresponsable forma en que se maneja la información concerniente a nuestro sentir colectivo; más aún porque lo expuesto en esa instancia —como suele ocurrir— fue difundido a través de casi todos los canales de comunicación pública sin que nadie formulara críticas de ninguna índole o enunciado reparo alguno ante semejantes aberraciones conceptuales, de modo tal que pasaron estas a constituir un insumo axiomático incluso para sustentar especulaciones de comentaristas profesionales y —por mediación suya— de la gente común…
Indudablemente si alguien hubiera seguido con atención el discurso elaborado por el director de la empresa “Opción Consultores” a fin de validar una tesis tan pedestre como engañosa y fatua, lo primero que habría hecho es preguntarse qué sentido pudo tener para los organizadores de una encuesta pedir a los entrevistados calificar la gestión de gobierno en términos de ‘muy mala’, ‘mala’, ‘ni mala ni buena’, ‘buena’ y ‘muy buena’ si luego las respuestas obtenidas habrían de compilarse groseramente como valoraciones “positivas” “regulares” o “negativas”.
Por añadidura, quien hubiese realizado algún esfuerzo por interpretar sus dichos habría notado que ni siquiera dando por atinada su línea de razonamiento podría concluirse que “la evaluación de la población” en lo referente a educación es de –37% —como sostuvo…— porque “si uno hace la resta de las evaluaciones negativas a las evaluaciones positivas” —como indicó— el resultado al que se llega es –34%, y no –37% , según erróneamente dijo y tal como se podía leer además en la figura que utilizó para ilustrar su vaniloquio…
Adicionalmente, un observador lúcido habría considerado una majadería irrelevante haber acotado que la desaprobación entre la gente de bajo nivel educativo alcanza un 41% y que se reduce a 36% entre los votantes del Frente Amplio, habida cuenta que no aportó argumento alguno siquiera para dar sustento racional a un comentario que por algún poderoso e inconfesado motivo encontró pertinente agregar a manera de colofón.
Sin embargo su interlocutor y el resto de los que figuran como avezados comunicadores, investigadores y analistas de nuestra realidad social, política, económica y cultural también dieron por buena esa gratuita ocurrencia e igualmente la repitieron por doquier y hasta el hartazgo como si fuera una más de las verdades inconcusas reveladas por el señor Agustín Bonino.
Tal vez ahora —leyendo estas líneas— los jefes de redacción, editores generales y directores de producción que dispusieron retransmitir de inmediato por todos los medios a su alcance y en forma destacada esa colosal y evidente retahíla de nocivas inanidades cuyo único efecto previsible a todas luces no sería otra que aumentar el descrédito del Poder Ejecutivo, pudieran exclamar con indignación: “¡Son detalles insignificantes; descuidos y distracciones comprensibles; errores que pudo cometer cualquiera de nosotros; y “Opción Consultores” pese a todo es reconocida como una empresa confiable, seria, objetiva; fue la que menos deteriorada vio su reputación luego de los garrafales errores de cálculo cometidos por las restantes encuestadoras en las últimas elecciones y en otras incontables oportunidades!”.
Así es, estoy de acuerdo; la inconsistencia, las omisiones y las equivocaciones en las que incurrió el señor Agustín Bonino durante su disertación son de todo punto excusables; y el que haya ocasionalmente ofrecido —según es notorio— algunas reseñas estadísticas menos disparatadas que sus competidores —al menos en forma casual y por ende transitoria— ciertamente pudo haber consolidado y hasta incrementado su prestigio entre incautos e ignorantes…
Lo que me induce a calificar su ponencia como deplorable y nefanda —la que me irrita y desespera— es que a ojos vistas no tiene siquiera noción de los importantes conceptos que maneja y sobre los cuales —como el resto de sus colegas— pontifica sistemáticamente con el beneplácito y el respaldo entusiasta de muchos que fungen desvergonzadamente como periodistas y aún como politólogos y sociólogos.
Entendámonos; pretender fijar el posicionamiento colectivo de un grupo humano cualquiera en relación con cierto asunto implica taxativamente determinar qué postura subsumiría las que individualmente hubiesen adoptado al respecto quienes lo integran.
Y si un 20% expresa opiniones positivas y el 54% negativas acerca de algo —lo cual se debería representar en esta forma—,
La valoración global correspondiente a ¡ese! Conjunto de ciudadanos — es decir: al 74% antedicho— se ubicarían en el punto –2,297 para un rango de opciones que fuese de +5 a –5.
Esto denotaría en ellos un sentir integral entre levemente negativo y moderadamente negativo tendiendo a levemente negativo, asumiendo que los posicionamientos entre 0 y 1 deberían considerarse apenas positivos o negativos, entre 1 y 2 levemente positivos o negativos, entre 2 y 3 moderadamente positivitos o negativos, de 3 a 4 altamente positivos o negativos y entre 4 y 5 extremadamente positivos o negativos.
Postular que para establecer el modo en que la ciudadanía califica la gestión del gobierno en relación a cualquier cosa deben restarse las evaluaciones positivas a las negativas carece de seriedad; no tiene rigor lógico ni científico alguno; es absurdo: constituye una prueba irrefutable y ostensible de supina e indisculpable ignorancia en la materia.
Pero hay falencias intelectivas más graves aún: el director de la empresa “Opción Consultores” mencionó que hay otro 25% de uruguayos para quienes el desempeño del Poder Ejecutivo es “regular”: esto es, que no lo conceptuaría malo ni bueno; que tendría un juicio “neutral”.
Y este dato no debió haberlo pasado por alto alegremente a la hora de singularizar el posicionamiento valorativo de ¡toda! la población de nuestro país; el sistema vectorial constituido por las fuerzas anímicas operantes en el universo concernido se altera significativamente debido a la existencia de tal contingente humano y por tanto la disposición general sería distinta.
… el juicio colectivo resultante contemplando ese factor —según surge de un correcto análisis matemático de la situación—, se ubicaría en el punto –1,717 del susodicho eje axiológico.
Se trataría por tanto de un temperamento entre ‘apenas negativo’ y ‘levemente negativo’ teniendo a ser ‘apenas negativo’”, aun cuando en cualquier circunstancia el señor Agustín Bonino asigne igual saldo…: –37 o –34 por ciento…
pero además; ¿qué habría ocurrido si los responsables de “Opción Consultores” hubieran perseverado a las hora de recabar datos más precisos que los obtenidos a partir de los habituales planteos dicotómicos pretendiendo por lo visto aparentar que su trabajo arrojaría en consecuencia datos más exactos, pero que a la hora del escrutinio sencillamente desestimaron por no saber de qué modo aprovechar?
Es decir: ¿cuál habría sido su ponencia de haber constatado —por ejemplo — que todas las evaluaciones favorables en lo tocante a la gestión del gobierno eran “extremadamente positivas” —es decir, lo que podríamos denominar “categoría +5”— y todas las desaprobaciones “apenas negativas” —esto es, “categoría –1”?
¿Habrán atribuido a esa información alguna trascendencia estadística?
¡Difícilmente!; de lo contrario habrían sabido interpretarla representando la situación como sigue:
Y eso los habría llevado a concluir que la resultante del sistema se hallaría entonces en el punto –0,464, lo que revelaría para el total de nosotros una evaluación que ni siquiera podría considerarse propiamente “negativa”…; estaría —de modo preciso— entre “neutral” y “apenas negativa”, teniendo a “neutral”.
Todo esto dando por fidedigna la cuantificación que aportó el director de “Opción Consultores”, para quien sin embargo la valoración correspondiente a lo que define como población promedio uruguaya con respecto al ítem “educación” sería inalteradamente de –37%; o de –34%.
Pero…, ¿tampoco habría tenido incidencia para el señor Agustín Bonino el que —hipotéticamente— justo ese 20% de la población al que atribuye una evaluación positiva fuera el único sector verdaderamente compenetrado con la realidad educativa del país en tanto el resto de la gente desconociera todo aquello que le habría permitido emitir un juicio debidamente fundamentado?
¿Advirtió el señor Agustín Bonino que si efectivamente un 20% de la ciudadanía estuviera “extremadamente conforme” con la gestión del gobierno y el 54% que manifestó estar en desacuerdo con ella tuviera efectivamente un juicio “entre neutral y apenas negativo, tendiendo a neutral”, para el caso de que las autoridades adoptaran un rumbo diametralmente opuesto al que han seguido hasta hoy podrían llegar a contrariar vivamente a ese 20% sin complacer de modo significativo prácticamente a nadie?
Además: el señor Agustín Bonino afirmó que la desaprobación de la ciudadanía en cuanto a cómo el gobierno gestiona lo atinente a “educación” disminuye de 54% a 41% entre las personas de bajo nivel educativo y a un 36% entre los votantes del Frente Amplio, pero ¿qué ocurre con los porcentajes de aprobación —o sea, con las valoraciones “buena” y “muy buena”— para esos mismos conjuntos?, ¿permanecen iguales?; ¿aumentan?;¿disminuyen?
Y de modificarse, ¿cuánto varían en cada caso?
Adicionalmente, cuando Agustín Bonino seccionó a quienes habrían de componer la muestra representativa de la encuesta, ¿escogió al azar los números telefónicos o sabía con quiénes habría de comunicarse?; y en este último caso, ¿conocía previamente la filiación político partidaria de sus interlocutores y su nivel educativo? ; ¿qué sabía de cada individuo antes de contactarlo?; ¿nada?
¿El muestreo fue aleatorio?; ¿sistemático?; ¿estratificado?; ¿simple?; ¿no probabilístico?
Ningún comunicador debería prestarse a difundir datos de una encuesta sin tener plena certidumbre de que al menos la información técnica respecto a cómo fueron obtenidos está disponible para su audiencia.
Y los entrevistadores tampoco deberían permanecer impasibles validando con su mutismo cualquier afirmación descabellada que se les enrostre tal como hizo el periodista de Canal 12 Aldo Silva en ocasión de interrogar al director de una de las más connotadas firmas consultoras hace ya más de un año procurando que ratificase la certeza de los datos que proporcionaba; con su habitual desparpajo el inefable señor Luis Eduardo González respondió en aquella oportunidad: “Si uno hace las cosas muy prolijamente, igual cinco veces en cien va a pasar alguna cosa loca. Ahora, ¿esta es una de esas cinco en cien? Ah, solo Dios lo sabe. Entonces, esa es una posibilidad que no se puede descartar: solo cinco en cien, pero ocurre”.
Actuando en esa forma, ¿quién podría tomar en serio a uno u otro “forjador de opinión pública”?
Pero también las autoridades nacionales deberían hacer algo con el propósito de impedir procederes tan lesivos para la sociedad que integramos…; porque desconociendo nuestro sentir global —o todavía peor, guiándonos por información estadística baldía, capciosa y hasta deliberadamente amañada—, toleramos, admitimos, rechazamos o apoyamos individuos, organizaciones partidarias, iniciativas y programas de gobierno que orientan el devenir de nuestro país.
El actual presidente de la República sabe muy bien que los dictámenes de las empresas encuestadoras están lejos de ser confiables: “Como ha sido contundentemente demostrado, a veces aciertan y a veces se equivocan feo”, sostuvo.
“Y nadie puede saber cuánto y cuándo”, bien pudo haber agregado teniendo presente las declaraciones del titular de Cifra.
También las acriminó con virulencia manifestando que operan políticamente.
Sin embargo, no alcanza con denunciar, impugnar, cuestionar, desautorizar, desechar o ignorar lo que hacen.
Tampoco resulta lógico perder el tiempo en procura de regular y controlar su actividad a efectos de saber lo que piensa y quiere realmente la ciudadanía uruguaya.
Empero, Tabaré Vázquez tiene obligación de saberlo con exactitud y en todo momento; su investidura como primer mandatario de un país democrático se lo exige.
De ahí que la única y definitiva solución a este problema sea poner al servicio del pueblo recursos que garanticen al ciudadano acceso libre, ilimitado, permanente, cómodo y gratuito a un ámbito institucional de consulta en el que pueda expresar oportunamente desde cualquier lugar del planeta en forma reservada, precisa, práctica y verificable lo que opina y desea sobre cualquier asunto de su incumbencia, garantizando que las apreciaciones vertidas por todos nosotros habrán se ser correctamente procesadas y homologadas a efectos de conocer cabalmente y en tiempo real nuestro sentir colectivo.
En esa forma, quienes deban actuar en su nombre tendrán claro cómo hacerlo.
Hoy la tecnología informática posibilita contar con esa herramienta y la reforma electoral que promueven sus propios correligionarios le ofrece una oportunidad inmejorable para convertir ese instrumento de inmediato en una realidad tangible.
Si no lo hace, nuestra sociedad continuará efectivamente conduciéndose igual que un hospital psiquiátrico dirigido por sus pacientes —como le gusta repetir a menudo— pero la máxima responsabilidad por tan infame y trágica situación será suya.
Sergio Hebert Canero Dávila
CI 1.066.601-8