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    Ernesto Talvi IV

    Sr. Director:

    Debo aclarar ya de inicio que nunca fui concordante con la amplia mayoría de las expresiones y actitudes de Ernesto Talvi, en razón de haber puesto atención sobre las manifestaciones que realizaba en sus entrevistas de prensa y poner foco en sus conferencias en el Ceres (Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social) , donde tenía una notoria inclinación no ya a no criticar como lo indicaba la realidad de la nefasta política económica de Astori, sino a caer en muchas oportunidades en claros elogios, o por otra parte a proponer medidas en el ámbito de la educación sin pronunciarse firmemente contra la devastación que en ese ámbito había ocasionado y continuaba produciendo el Frente Amplio. Pesaba en mi opinión mucho también su antecedente negativa a brindarle en su momento su esfuerzo no solamente al presidente Jorge Batlle, sino al país, en una de sus peores crisis como fue la del 2002, en que responsable e imprescindiblemente se necesitaba del compromiso de todos los que sintieran amor a la República, agravado ello luego de la muerte de aquel presidente y ya en carrera electoral, sin vergüenza alguna, al pasar a ufanarse de que le había ofrecido liderar su grupo político, desoyendo el muy reiterado reclamo de los hijos de Batlle, que no mentara el nombre de su padre cuando en vida no lo había apoyado en su peor momento.

    Pero, además, al lanzarse a la arena política, eligió reiteradamente no solo la desconsideración, sino el desprecio hacia quienes también conformaban el partido político que pretendía integrar. Debo a esta altura reafirmar que consideré y considero a Pedro Bordaberry uno de los mejores legisladores que ha tenido el Parlamento en muchísimos años. No se merecía Bordaberry que Talvi tuviera con él las actitudes ni las expresiones que hizo públicas, y la razón argüida de que no había competido en las internas, para ser considerado en las elecciones de 2019 por el Partido Colorado, rápidamente se develó como una rotunda falacia, al ubicar en su misma inmediatez como candidato a quien era merecedor también por méritos propios de esa consideración, pero que tampoco había competido en las internas del partido y por ende no contaba con un solo voto en las mismas.

    Desdichadamente para el Partido Colorado y en lo personal para mí, Talvi ganó las internas. Y como para esas elecciones nacionales de 2019, aun cuando se pusiera en la urna alguna de las listas que no eran de la agrupación de Talvi, era él quien encabezaba las candidaturas en la misma papeleta, por primera vez en mi vida no voté al Partido Colorado, pues decidí que ni directa ni indirectamente le daría mi voto a una persona cuyos antecedentes y acciones de entonces no me gustaban. ¡Mucho lamenté aquella decisión de tener que votar fuera del partido!

    Pero los siguientes hechos en aquel julio de 2019 me siguieron reafirmando en lo correcto de mi decisión.

    Talvi en la campaña electoral procedió mal reiterada y repetidamente con sus contrincantes dentro del Partido Colorado. Y lo siguió haciendo incluso después de las internas olvidando lo elemental, que sus descalificativos y desplantes los dirigía a quienes necesitaba también en las urnas para conseguir los objetivos que planteaba. Pero, esa actitud antropofágica hacia el Partido Colorado, Talvi, hacia afuera del mismo y dentro de la que en aquel momento era la oposición al Frente Amplio, la repitió y potenció, adoptando una conducta en la que de manera acervada prefirió excluir y dividir, en vez de sumar, olvidando enfermizamente que, para derrotar al conglomerado izquierdista, debía al final del camino electoral conjuntar esfuerzos con los otros partidos no frenteamplistas. Y se agrega a ello que Talvi no tiene en esos momentos la misma acción claramente de rechazo con el FA que con el resto de los partidos políticos, con los cuales necesitaba y debía confluir en el ballotage.

    Toda esta actitud, de mi parte en total desacuerdo con Talvi, se la comuniqué a mis amigos el 21 de julio de 2019. Hoy me congratulo de ello.

    Y hoy escribo estas líneas al ver que hay quienes se lamentan que Ernesto Talvi se aleje de la política. Incluso no comparto que haya quienes le dediquen “ditirambos” que elogian su interrupta labor como Canciller.

    No me duelen prendas decir que quien lo definió más acertadamente respecto a su tarea como ministro de RR.EE. fue Nin Novoa, haciendo diana al expresar que fue como canciller un buen cónsul. Perfecta definición de quien, en el citado Ministerio, se ocupó destacadamente de repatriar uruguayos y residentes en el extranjero y auxiliar a extranjeros, incluso demorados en aguas jurisdiccionales del país, a regresar a sus naciones. Reconozcamos que esa tarea humanitaria la hizo muy bien y olvidemos el abusivo uso propagandístico que hizo de tal tarea, incluso pese a su actitud de procurar “tapar” el mérito de otros ministerios, médicos, etc., que también participaron en la labor. Pero olvidémonos de su afán de acaparar las cámaras y rindámosle pleitesía por un trabajo bien hecho “como cónsul”.

    En el resto de los temas de su Ministerio, tuvo escasos aciertos y rotundos errores, como el procurar borrar lo que había expresado en la campaña electoral respecto a notorias dictaduras y, en el cargo de gobierno que ocupaba, tratar de enmendarle la plana al mismísimo gobierno que integraba, contradiciendo de arriba a abajo, desde el presidente de la República (a quien obviamente debía responder en su labor como secretario de Estado) hasta incluso contradecir la opinión de los demás integrantes de su propio Partido Colorado, que nunca citaron al régimen de Venezuela con otro calificativo que el que debe merecer de todo demócrata: que el gobierno de Maduro es una dictadura.

    Pero sus problemas de sufrir una conflictiva personalidad fueron crecientemente menguando sus aptitudes intelectuales (que las posee) y nunca más válido que con él el concepto de inteligencia emocional, que nos aclara que el nivel intelectual, por más elevado que sea, se ve seria y rotundamente menguado por una personalidad con perfiles negativos.

    Analícese como se quiera sus últimos momentos en el Ministerio, y nadie puede negar desde sus conflictos de escándalo con funcionarios a sus inocultables discrepancias hasta con la subsecretaria de la cartera (de su misma agrupación política), a sus “me voy, pero por ahora me quedo, pero me voy…”, a dejar plantado al gobierno en un momento en que se asumía la conducción del Mercosur.

    Su creciente protagonismo como mediocre actor de comedia barata llega a niveles de parodia al ir un día a la proclamación de Laura Raffo a la intendencia de Montevideo y, por más que se piense que no tendrá repercusiones en las elecciones municipales, ¿alguien duda de que no será su ahora “renuncia a la política” utilizada por el Frente Amplio para atacar a la coalición y llevar agua al molino nada menos que de la dilapidadora Cosse, del desmemoriado Martínez o del insípido e incongruente Villar?

    Hace no más de una semana intentó a través del grupo político que le iba quedando incomodar al gobierno que hasta inicios de este mismo mes integraba con una postura contraria a incentivar el asentamiento de extranjeros. Ni le contestaron, sabedores ya de sus inestabilidades de carácter y su creciente actitud de vedete escandalosa en decadencia.

    A los pocos días, esos mismos compañeros de fracción política a los que pretendió azuzar contra el gobierno que integran se enteran intempestivamente de que “abandona la política”.

    Lamentables la amplia mayoría de actitudes y acciones de Talvi, que culminan así. Lo único no lamentable a futuro es que se recupere mental y psicológicamente para bien de él mismo, de su familia y de sus actividades privadas.

    Pero, en resumen, en cuanto a su actuación pública, especialmente desde aquel 2002 en adelante, no puedo dejar de reafirmarme que es un irresponsable con el cumplimento del compromiso que asumió con quienes confiaron en él (ahora se confirma equivocadamente) y le dieron su voto. Demostró entre otras cosas no entender que en las Repúblicas democráticas, cuando se les pide el voto a los ciudadanos y se recibe la confianza para representar a los mismos, se contrae un compromiso de cumplir más allá de todo esfuerzo y sacrificio, donde no tienen lugar los devaneos histéricos ni el desplante de diva “hollywoodense” de los años 50. En buena parte de ello va la salud institucional de la nación. Enfermo de protagonismo, un inconsistente que, con manto de intelectual, comprobó en la acción su incapacidad para cumplir ciudadanamente sus obligaciones.

    Ricardo González Falcón