N° 1853 - 04 al 10 de Febrero de 2016
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa columna en Búsqueda de la semana pasada de Antonio Pippo, “Sainete y tango”, me condujo a asociar el sainete y el grotesco con los procesos de cambio en la FIFA y en la Conmebol. Inevitable. Los golpes judiciales sufridos en Estados Unidos, Suiza y Uruguay por ambos organismos y sus dirigentes parecen no haber tenido impacto hacia el futuro. En los dos casos hay puestas en escena de sainetes y grotescos más allá de expresiones de buenas intenciones, transparencia y cambios.
Los sondeos previos indican que el futuro presidente de la FIFA, que será electo el 26 de febrero para sustituir a Joseph Blatter, será el italiano Gianni Infantino. Lo respalda en bloque la Conmebol. Tanto Infantino como los otros candidatos (el francés Jerôme Champagne, el jeque Salam bin Ebrahin Al-Jalifa, de Barhein, Alí Bin Housein, de Jordania y Tokyo Sewale, de Sudáfrica) tienen, unos la matriz FIFA, y otros su aroma cloacal. Y gane quien gane habrá repartija. Jamás lo admitirán pero todos conocían las prácticas corruptas. Ninguno ha sido, por ahora, acusado, aunque las investigaciones avanzan.
Pese a esa inocencia legal hay cuestiones éticas y morales. ¿Es posible que ignoraran lo que sucedía? ¿Nunca sospecharon? ¿Por qué no lo denunciaron? ¿No veían crecer las fortunas de quienes los rodeaban? ¿No despertaban sospechas las arbitrarias concesiones publicitarias y de las transmisiones televisivas? ¿Y la adjudicación de sedes mundialistas en Rusia (2018) y Catar (2022)?: de los 21 integrantes del Comité Ejecutivo que las decidió solo seis no han sido enjuiciados.
Cierto es que en los últimos años algunos dirigentes se opusieron a las conducciones históricas en la FIFA y en la Conmebol. Oposiciones políticas. Nadie denunció a fondo nada concreto, salvo en 2013 un grupo clubes uruguayos, que luego se apartó cediendo a extorsiones. Como dice la tribuna, “arrugaron”.
En la elección de la FIFA la cuestión no es solo de candidatos. Quienes votarán serán los 209 miembros de las organización regionales. Casi los mismos —personal e ideológicamente— que en mayo del año pasado por abrumadora mayoría reeligieron a Blatter dos días después de la detención en Zurich de varios dirigentes. Hoy son más de 30.
La situación en la Conmebol es similar. El nuevo presidente, el paraguayo Alejandro Domínguez, votado por unanimidad, ocupó desde 2007 la vicepresidencia de la Asociación Paraguaya de Fútbol y desde agosto de 2014, su presidencia. Fue cuando a su amigo Juan Ángel Napout lo eligieron presidente de la Conmebol. Después, Napout termino en la cárcel, y se le abrió el camino para la presidencia definitiva.
La semana pasada en una entrevista exclusiva con Búsqueda, Domínguez aseguró que buscará recuperar el prestigio perdido y que la organización atraviesa por “una crisis moral”. Afirmó que “no habrá más conductas corruptas e inaceptables” y descalificó a João Havelange, Joseph Blatter, Julio Grondona, Nicolás Leoz y Eugenio Figueredo como los “artífices” de la corrupción. Por sus dichos no dará un paso atrás.
Por nacionalidad y cercanía Domínguez debe conocer bien esa historia. También que Grondona y Leoz “colocaron” a su director general, el abogado español Gorka Villar, extorsionador de los clubes uruguayos para que retiraran la denuncia que no impidió el procesamiento de Eugenio Figueredo. Villar es el titular en Madrid de “Sport Advisers”, en la calle Serrano 6, creada en 2010 para asesoría deportiva, según el Registro Mercantil español.
Domínguez es hijo del histórico dirigente Osvaldo Domínguez Dibb. Sus títulos universitarios de economista y administrador de empresas debieron servirle para ver lo que ocurría. Sin embargo en la entrevista expresa dudas sobre cesar a Villar. Dice que necesita pruebas. El padre de Gorka, Angel María Villar, es vicepresidente de la FIFA y desde hace 28 años preside la Federación Española de Fútbol.
El periodista británico John Carlin, autor de varios libros sobre deporte, recordaba a fines de enero en el diario español “El Mundo”, que cuando en agosto de 1972 Richard Nixon fue elegido por la convención republicana para la reelección, un grupo de estudiantes montó en Miami, en la puerta de la convención un puesto con un cartel: “Pase a recoger su bolsa de vómito gratis” (1).
Carlin, un especialista en la interna de la FIFA, cuestiona duramente las actuales candidaturas. Sostiene que no son un cambio. Para cambiar es necesaria una revolución y no la presencia de consejeros o amigos de Blatter, argumenta.
En una breve nota que tituló “Náusea en Zúrich”, sostiene que sin sangre nueva en la FIFA ocurrirá lo mismo que con Nixon. La historia les dio la razón a los estudiantes y en 1972, dos años después de ocupar la Presidencia, debió renunciar debido al escándalo de Watergate.
De repente no pasa nada y la FIFA y la Conmebol alojan monjes cartujos. O tal vez transcurrirán otros 24 años de negociados y lavado de dinero hasta que algún juez o algún fiscal decida investigar. Con una bolsa de miles de millones y salarios de decenas de miles de dólares para los dirigentes, no hay muchas garantías.
Veremos qué sucede en la Corte Federal de Brooklyn cuando declaren los investigados, o cuando se amplíen las declaraciones en el juzgado del Crimen Organizado de Uruguay. ¿Hacia dónde y a quiénes apuntarán?
(1) Uno de los libros de Carlin, “El factor humano”, fue la base de la película “Invictus” sobre la Copa de Rugby en Sudáfrica en 1995. Fue dirigida por Clint Eastwood y Morgan Freeman interpretó a Nelson Mandela.