Sigo pensando en nuestra relación con los argentinos.
Sigo pensando en nuestra relación con los argentinos.
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáComo toda pareja en problemas, apelamos al último recurso, el manotón de ahogado: tener un hijo en común para salvar nuestra relación. Y no funcionó. Lamentablemente, El Tren de los Pueblos Libres resultó un fracaso como hijo. Un poco se veía venir, ¿qué hijo podíamos tener nosotros y laaargentina? Una deformidad. Creo que éramos de esas parejas que, vistas de afuera, generan el deseo de decirle: no tengan un hijo, mejor cómprense un perro.
No porque no se deba tener un hijo para reavivar la pareja, todo lo contrario: es una gran idea tener hijos con ese fin (tómenlo como un consejo familiar). Si después no funciona, uno queda prendado a la pareja por el resto de su vida, y ya aprovecha para usarla de chivo expiatorio de todos sus males. Es sano evacuar las miserias personales cada vez que tiene que arreglar una hora para pasar a buscar o devolver al botija. Se necesitan esas válvulas de escape en la vida, hay que tener vías para drenar la violencia y el resentimiento que uno carga. El padre o la madre del botija que no llega a tiempo, o no atiende el teléfono, o se hace el gil y no lo pasa a buscar, o cambia de planes a último momento, o lo hace llegar todo mugriento de su otra casa, o no le da de comer en todo el fin de semana más que papas chips y manises y coca y 2 litros de helado, etc., es una pesadilla funcional. Uno saca todo lo malo por ahí. Si total, el botija va a ser un traumado igual, vienen tan blandos ahora que se trauman por todo, por gordos, por tener las orejas grandes, o porque no les creció el germinador.
El Tren de los Pueblos Libres cumplió en parte su función, fue un renacer en la pareja su llegada. ¿Se acuerdan lo entusiasmada que estaba Cristina, tocando la campana en la estación como una niña sobreexcitada que viene a visitar a sus abuelos? Le decía a Mujica que había visto a las vacas corriendo y saltando por el pasto, estaba pletórica. El problema fue que nos salió un hijo con lo peor de ambos, eso arruinó el plan de reconciliación. A los argentinos no se le dan los trenes, eso se nota, nunca les andan bien; y la lentitud que tiene ese bicho la sacó de Uruguay, seguro (pone como 14 h de Salto a Concordia, se arrastra por las vías). Su ausencia de atractivo para nadie en el mundo, es de nuestro lado también; los uruguayos somos de los individuos menos atractivos que pueda haber, una versión lacónica y aburrida de los argentinos, eso es lo que ve el mundo en nosotros. Nuestro único encanto es, justamente, la ausencia absoluta de encanto.
Así, el Tren de los Pueblos Libres fracasó como hijo, pero en cambio ha logrado su cometido en el área de seguridad, hay que decirlo. ¿Cómo puede ser seguro un tren teniendo de socios al Estado de laaargentina y la empresa TBA, que acaban de matar a más 50 personas? Haciendo del Tren de los Pueblos Libres algo que no despierte el menor interés de la gente por subirse. El plan perfecto. Y esa otra gran medida de seguridad: se desplaza a 12 o 13 kmph, por si se descarrila (de hecho ya descarriló y no hubo ni heridos). Un gran acierto de parte de nuestro gobierno. En cuanto a seguridad no debe haber existido en la Historia un tren tan eficiente como el Tren de los Pueblos Libres: es lentísimo y debido al desinterés generalizado, casi no es abordado por el ser humano. El riesgo de pérdida de vidas se reduce a cero.
Por eso, a pesar de que como hijo para revivir la pareja no funcionó, me gustaría dedicarle unos pocos versos:
El acierto del Tren de Pueblos Libres
Es su nombre tan hermoso y sugestivo
Con el tren, ahora son libres ambos pueblos
De elegir otro transporte colectivo