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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl daño que la gestión de Ancap está haciendo en la economía nacional es tremendo. Mayor al que muestran los números de sus Resultados y Balances.
Al punto de que hay aparentemente un consenso entre los dirigentes políticos de que está ocasionando un daño a la competitividad del país (nuestra capacidad de competir).
Es que el asunto Ancap se está convirtiendo en el cuello de botella de nuestra economía; una restricción grave incorporada con cierta naturalidad peligrosa al paisaje. No solo por lo que pierde sino, mayormente, por lo que impide.
El asunto no se solucionó con la capitalización. Ni cerca.
Hace un año que estamos pagando sobreprecios en combustibles porque ni Ancap ni el gobierno pudieron trasladar el beneficio de petróleo más barato.
Ancap, por la sencilla razón de que no le dan los números. El gobierno, porque al imponer al combustible en términos relativos (porcentaje del precio) recauda menos si el precio es menor.
Y aquí la paradoja increíble: si no modificamos drásticamente la situación de Ancap o la cerramos, a uruguay le conviene un petróleo cuanto más caro mejor para no afectar la competitividad. ¡Insólito!
Este razonamiento sería una locura hace unos años hasta para un escolar; un país que no produce petróleo jamás le convendría el petróleo caro. Pero en este nuevo modo de pensar y actuar uruguayo es así.
Me explico. El petróleo incide en la formación de precios a nivel mundial. Dado que tanto los costos de producción como los impuestos, como las eventuales pérdidas son en relación al costo de la materia prima, cuanto mayor sea el precio de esta, dichas ineficiencias se disfrazan. Esto es, en la torta hay más de materia prima que de otros componentes. Y si el mundo está afectado por un precio caro, la competitividad de Uruguay no se ve tan afectada. Porque lo que domina es el pedazo más grande la torta: el petróleo.
Pero, cuando por el contrario, el petróleo está barato y el resto del mundo puede ahorrar en materia prima y baja sus precios, allí es donde queda en evidencia que nuestros precios de cualquier bien están inflados. Sencillamente porque las porciones de la torta más grande se corresponden a costos de producción, impuestos y pérdidas. Y en esta torta, el petróleo barato incidiendo menos.
Pero no es todo.
A esta calamidad instalada hay que sumar la pérdidas del Cemento Portland Ancap. Otra vez, no tanto por la pérdida sino porque Ancap fija, por razones de mercado oligopólico, el precio. Todos siguen al ineficiente y se ponen en la zona de confort. Es así que su principal competidor ya no cuenta sus ganancias; las pesa. Porque le da menos trabajo.
Esto afecta dramáticamente los costos de producción de la construcción.
Veamos algún número. La empresa cuyos propietarios son los conocidos jugadores de nuestra selección importa clinker a U$S 55 (CIF) la tonelada. A nivel mundial se considera que el clinker pariticipa en el entorno del 80% del costo del cemento terminado. Por tanto, aún importando el clinker de Turquía el costo no supera los US$ 70.En Uruguay el precio de una tonelada está en el entorno del U$S 200. ¡Y a ese precio Ancap pierde!
En resumen. A mi criterio, se necesita una actitud de liderazgo firme y restructurar Ancap drásticamente o cerrarla. Sin paños tibios.
Nuestros administradores están tomando decisiones según esta restricción en lugar de tomar medidas para que esto no ocurra.
Es claramente una evidencia de que estamos en la República Oriental de Ancap. Todos defendiendo una ideología, una quimera industrial en manos de personas que no piensan en el bien común. No da para más.
Es muy injusto. Para todos. Y lamentablemente no hay NI UN representante que haya mencionado la palabra “cierre”.
E.I.
CI 1.764.862-5