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El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáUna vez hubo una edad de oro en el sentido literal de la palabra.
Existía cuando los bancos que emitían billetes respetaban rigurosamente la obligación de mantener atesorado un respaldo equivalente en lingotes de oro.
Incluso era posible la reconversión de los billetes en metálico.
El valor relativo de las diferentes monedas quedaba para siempre fijado en función de ese respaldo.
¿Cuánto vale una libra esterlina?, preguntaba la maestra de primer grado.
$ 2.70, contestábamos.
Con el tiempo, llegamos al sexto grado y si saltaba la misma pregunta la respuesta no cambiaba (tal cual lo enseñaba la Aritmética de Pedro Martin).
El precio de los bienes tampoco cambiaba; los grandes almacenes publicaban catálogos con precios, que se mantenían vigentes durante años.
Luego de la I Guerra Mundial, el mundo abandonó el patrón oro y, por supuesto, al no tener esa limitación, la emisión de billetes se disparó sin control.
En algunos casos el valor real del billete no superaba el valor del papel donde estaba impreso.
La inflación de los precios es una consecuencia de esa emisión ilimitada.
Supongamos que en el mundo circulan 1.000.000 de millones de dólares.
Supongamos, además, que el banco prestó ese dinero al 4% de interés anual.
Entonces, todos los años se vuelcan sobre los Estados Unidos cuarenta mil millones de dólares, a cambio del papel y de la tinta que se utilizó para imprimirlos.
106x106x4/100=40.000 millones
Ing. Ruben Castro Rivera