N° 1858 - 10 al 16 de Marzo de 2016
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSuperaron el dislate del ex presidente José Mujica en cuanto a que lo político está por encima de lo jurídico. El presidente Tabaré Vázquez, sus legisladores y los órganos partidarios le tiraron el chico lejos. Para respaldar al vicepresidente Raúl Sendic, no solo cuestionan la intervención de la Justicia, sino que además elevan lo político sobre las instituciones, la ética y los principios democráticos.
Siembran degradación moral en la sociedad al validar la mentira y el fraude como instrumentos útiles; la perversa ideología del “todo vale”. ¿Qué podemos esperar cuando los líderes cimentan su trayectoria de espaldas a la verdad y a la moral? Son prueba elocuente cuatro palabras del senador Rafael Michelini: “es un tema menor”.
¿Cómo se identifica a un inmoral? Es el que comete acciones contrarias a la moral, que se oponen al conjunto de valores, costumbres, creencias y normas de una comunidad, como la ley, la actividad política y el ejercicio del gobierno. ¿Y a un mentiroso? Es el que falsea la verdad en su beneficio induciendo en error a ingenuos ciudadanos y a obtusos militantes.
Sobre la inexistente e imaginaria licenciatura de Sendic, sus correligionarios han sido inmorales y mentirosos. El barro salpica y desvían la atención con argumentos abstrusos, pero las manchas quedan. Diferente sería si apareciera el título académico y demostrara las distinciones con medallas de oro. Pero no aparecen. ¡Ah, esa terrible burocracia cubana!
Sendic niega haberse arrogado ese título, pero lo hizo, y digan lo que digan, es un delito. Ningún fiscal o juez consideró intervenir de oficio. Tal vez por la teoría que ahora pretenden aplicar: hay que descartar los delitos leves para concentrarse en los graves. ¿No es grave lo que hizo Sendic considerando su cargo y habiendo trampeado a miles de ciudadanos que confiaron en su honestidad? ¿Acaso sus falaces contradicciones no generaron alarma pública, ese argumento que jueces y fiscales suelen utilizar en otros casos? En la historia política y judicial del país no hay, a ese nivel, un antecedente igual. ¡Es un asunto mayor, no menor!
El abogado Gustavo Salles formalizó una denuncia para que se investigue si Sendic se arrogó ese título y si es responsable de falsificar los documentos oficiales que lo identifican como licenciado. Es probable que termine archivada. El cargo de vicepresidente, su inmunidad, el respaldo del gobierno, de su partido y el peso de su apellido tienen una incidencia mayor que la de anteriores procesados por ese mismo delito u otros actos corruptos.
Las reacciones del gobierno y del Frente Amplio demuestran definitivamente que el discurso revolucionario de los años 70 desapareció. De aquellas luces de colores que anunciaban al hombre nuevo y aseguraban que terminarían con la corrupción del sistema político, quedan solo harapos.
Con cara de cemento Portland de Ancap, Sendic sigue en sus trece. La semana pasada Búsqueda reveló que intentó convencer al decano de la Facultad de Medicina, Fernando Tomasina, para que acreditara como licenciatura una materia sobre genética que cursó en Cuba. Tomasina debió responderle que ese pedido lo ofendía. Hubiera sido lo lógico. Sin embargo, educado y prudente, le dijo que esos documentos no equivalen “ni por tiempo ni por temática” a una licenciatura.
Esa vergonzosa gestión, que haya borrado de su perfil en Wikipedia el párrafo en el que figuraba como licenciado, los pedidos del Poder Ejecutivo con ese título para sus venias, los documentos oficiales, nacionales e internacionales, que él avaló y que lo identificaron durante años como licenciado, y haberle confesado hace un tiempo al intendente Daniel Martínez que no tiene ese título, son pruebas desbordantes para cualquier expediente penal. Del contexto de su ambiguo discurso del sábado 5 ante el Plenario del Frente Amplio resulta evidente que si “El Observador” no lo hubiera desenmascarado, mantendría la cucarda de licenciado.
El oficialismo lo defiende contra viento y marea pese a los porfiados hechos (total, los uruguayos somos nabos) y lanza una caza de brujas: la oposición y la prensa conspiran para atacar al gobierno.
Sendic se suma a ese plan: el licenciado chatarra descalifica a los periodistas diciendo que hacen prensa “chatarra”.
¡Cómo será la desesperación del gobierno que a Esteban Valenti su ex amigo Danilo Astori lo degolló de parado por censurar a Sendic! Olvidó que usó a Valenti para defender al ex ministro de Economía, Fernando Lorenzo, y al ex presidente del BROU, Fernando Calloia, durante los juicios penales en los que ambos terminaron procesados.
La semana pasada, en Búsqueda, la senadora Constanza Moreira dijo: “una cosa es tener una discusión política y otra llevarte a los tribunales. Ahí hay una jugada de la oposición distinta, ir a la denuncia penal. Eso empantana todo y todo va generando un desgaste de todas las instituciones políticas frente a la opinión pública”. ¿Por qué tiembla ante una intervención judicial? Es democracia, Moreira. ¡Es al revés! ¡Su razonamiento es el que debilita la estabilidad democrática!
Un tal Sócrates, fundador de la filosofía moral (que no era blanco, colorado, del Partido Independiente, neoliberal, ni periodista), se atrevió a sostener: “alcanzarás buena reputación esforzándote en ser lo que quieres parecer”.
No es lo mismo parecer que ser. Menos aún disfrazarse para parecer. Así se pierde la reputación y esa mácula acompaña a la persona hasta el fin de sus días.