N° 1955 - 01 al 07 de Febrero de 2018
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLuego de la movilización en Durazno del día 23 de enero todo indica que se movieron unas cuantas piezas en el tablero político y económico nacional. Más allá de lo genuino del reclamo del agro y de otros grupos de la sociedad por un Estado que se ajuste a la realidad y entienda que hay sectores que tienen serios problemas, está el hartazgo con la forma de liderazgo que llevó a que una manifestación multitudinaria se generara casi de la nada y se llevara puesta a las instituciones que eran tradicionales en el agro.
Como siempre pasa, la izquierda busca un rival torpe y grande al cual echarle la culpa. Naturalmente que para que haya una autocrítica tienen que pasar cosas todavía peores, pero por lo pronto, luego de la manifestación del agro el villano de turno es el elevado costo de los arrendamientos rurales y es esa la causa de los costos altos. Para los jerarcas de turno, ellos no hicieron nada mal. El problema del tipo de cambio es netamente externo. Las subas de las tarifas públicas, en especial en la energía, son producto de una fantástica gestión de los recursos del Estado pensando en el futuro.
La elección del rival no es casual. Nadie representa a los dueños de los campos que los arriendan como medio de vida o como decisión empresarial. Así que es fácil pegarles. Tampoco faltan los tontos que acusan al empresariado rural de no haber ahorrado en las épocas de las vacas gordas. Es curioso que no se aplique la misma analogía al Estado nacional, que debería haber guardado algo cuando la economía crecía a tasas altas. En fin, como sea, la izquierda uruguaya prefiere seguir embarrando la cancha con discusiones estériles que no hacen más que seguir demostrando el balde ideológico que tienen nuestros dirigentes sobre cómo funciona el sector agropecuario.
Vuelven a aflorar también las discusiones sobre el rol de la especulación. La izquierda la detesta, pero se olvida que es la especulación la que llevó a los precios de la soja a US$ 500 y el trigo a US$ 300 por tonelada, permitiendo una enorme expansión de la agricultura nacional. Y es posible que nuevamente esa especulación sea la que haga que la soja este año valga algo más, subiéndose al caballo de la actual sequía en Argentina y Uruguay, que pone nerviosos a los mercados y empuja los precios de ese grano al alza. No se equivoquen, hay un mar de soja en el mundo y el mercado traslada su histeria a los precios en el corto plazo, lo cual nos da una ventaja por el lado de los precios pero nos castiga en la productividad. Si el Poder Ejecutivo está tan preocupado por el sector, habría que preguntarle qué medida tiene en carpeta para la agricultura, habida cuenta de las circunstancias que le tocan.
Temo que el foco de las soluciones se centren en los pobres y débiles. Está muy bien que el Estado brinde una red de contención a quienes son más frágiles. Y en la lechería, en la horticultura y en algunos casos de producción ganadera hay muchos chicos que precisan ayuda con desesperación, pero no así en la agricultura, simplemente porque no hay pequeños agricultores que representen un volumen significativo de producción. El análisis del caso a caso es repartir migajas para gente que necesita ayuda estructural de largo plazo. Y los grandes, como siempre, que se arreglen solos. Pero en este país, si sos lo suficientemente grande, ahí sí hay ventajas, porque el Estado se sienta en la mesa a preguntarte qué necesitás y te da lo que le pidas.
Soy optimista acerca de que el mensaje llegó y que se buscan soluciones, pero soy realista en que no hay mucho de donde sacar para dar. Me temo que la solución de analizar caso a caso y por cadena productiva es comprar tiempo para diluir la discusión. Me vienen a la mente las palabras de Napoleón Bonaparte, que decía: “Si quieres resolver algo nombra un responsable, si quieres que no se resuelva, nombra una comisión”. Sin una hoja de ruta concreta es difícil de determinar adónde vamos a llegar.