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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáPor estos días el barrio Marconi ocupó las primeras noticias de los medios de comunicación.
Casi siempre, cuando se lo menciona es por algún hecho violento y/o delictivo.
Todo comenzó con el robo de una motocicleta, persecución por parte de la policía, muerte de uno de los delincuentes (se hiere al otro) y finaliza con una especie de asonada, detención y quema de ómnibus; y robo a los pasajeros.
Pedradas y tiros a la policía y a todo el que pasara por la zona.
¡Todo muy lamentable!
Como ciudadano tengo la impresión que la policía tuvo una actuación ajustada a lo que impone la ley y que actuó frente a un procedimiento con riesgo de vida.
Pero lo sucedido en el barrio Marconi va más allá. Tiene la coyuntura de un hecho policial, pero es mucho más profundo.
Problemas de pobreza y necesidades insatisfechas existieron siempre.
Nací y me crié en el barrio Cóppola, contiguo al Marconi, al Borro, al Cementerio del Norte y a las Acacias. El Cóppola era una especie de “frontera” con esos barrios.
Conozco esa zona; viví ahí hasta los 23 años.
Fui a la escuela de Hermanas (monjas) Obra Banneux en Trápani y Aparicio Saravia. Algunas pisos de las aulas de la escuela eran de tierra y de techo de chapas. Por supuesto que cuando llovía había goteras varias, pero nunca se dejaba de dar clases. Nos juntaban a todos, en salones más grandes, o en la parroquia, o en el comedor, y allí con varias maestras y todos apretados, teníamos nuestra “clase”.
Se superaban los problemas.
Carecíamos de muchas cosas, pero no nos faltaba nada...porque sobraba amor, solidaridad y compañerismo.
Ahora las cosas han cambiado. Sé que el presente es peor, pues se han perdido códigos.
Siempre fue una zona complicada. La violencia se notaba y el “olor de la pobreza” también. La vida transcurría (y transcurre) muy de prisa. Con 30 años podés ser abuelo, a los 15 ser padres y desde chiquito tenés mucho recorrido hecho y luchás por hacerte hombre o mujer. Todo muy rápido.
Recuerdo las innumerables canchas de fútbol que había en la zona donde se jugaba descalzo o con los “championes Pampero” (no existían ni Nike ni Reebok).
Son varias generaciones que se han criado de esa manera.
En el tiempo actual los códigos han mutado.
Antes se respetaba a la viejita, a la mamá y había cierto respeto por la “gente del barrio”. Los conflictos se resolvían a “golpes” y ahora te sacan “un fierro”.
El “peaje” que antes era para el vino, ahora es para la “pasta base”, flagelo que azota a nuestra juventud.
Hay que intentar reencauzar el diálogo en ese barrio. Con respeto recíproco. Siempre hubo y habrá gente honesta y con valores que quiera mejorar.
Y, como la mayoría de los temas de este país, se resuelve con más y mejor educación.
La educación es el principal factor de cambio y de movilidad social ascendente de una sociedad. Educando a los niños con un enfoque multidisciplinario por parte del Estado y en apoyo y colaboración constante con las múltiples ONGs que trabajan y muy bien en la zona. Se puede salir...¡podemos cambiar esa realidad!
José Luis Bringa
CI 1.780.180-1