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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáCada vez que ocurre un hecho de violencia, brutalidad o saqueo en uno de los conocidos barrios “rojos”, las reacciones son de Pavlov. Es decir, son predecibles y actos reflejos. Los hechos nunca son iguales, pero siempre son similares.
Los actores involucrados, directa o indirectamente, se expresan, toman posición. Opinan a título individual o en representación de colectividades o corporaciones.
En este caso, fue el Marconi. Impactantes las imágenes de las hordas —”sin Estado”, Sanguinetti dixit— donde se puso en peligro la vida de un médico, los tripulantes de un ómnibus y un taxi. Pudo ser una matanza. No lo fue de suerte.
Esto pasó en Montevideo-Uruguay. ¿Cómo pudo pasar esto? ¿Cómo los dejaron?
Las reacciones no demoraron, más allá de los discursos que buscan llevar agua a cada molino o mitigar los daños: el 405 no pasa, la policlínica del barrio cerró y las escuelas de la zona también. Es cierto: lo que pasó fue grave. Muy grave. No se puede esperar borrón y cuenta nueva y aquí no pasó nada. Igualmente resulta increíble la medida de ADEMU. Todo sirve para no trabajar.
Otra cuestión son las declaraciones de los “vecinos”, el clásico discurso: “nos estigmatizan”, “no son todos chorros”, “hay gente de trabajo”. Es cierto, obviamente que en estos 5 o 6 barrios no son todos miembros de las bandas que controlan el barrio. Pero son cómplices, por acción u omisión. Los dueños de los barrios están como pez en el agua. Para combatirlos quizás haya que vaciar la pecera. Los vecinos nunca ven nada ni denuncian nada. Por miedo, alegan. Creo que no es argumento suficiente, cuando se pueden hacer denuncias anónimas. De alguna manera la mayoría de los “vecinos” viven con las bandas, en pacífica convivencia o complicidad. Por eso la autoridad no es nunca bienvenida y siempre repelida.
Por ello, creo que no estigmatizamos a los miembros de estos barrios, sino que tenemos un juicio basado en los hechos, en la realidad. Cuando se aprecie un rechazo, una indignación a las bandas y bocas que allí reinan que tanto daño les hacen desde todo punto de vista, habrá razones para opinar diferente.
Ícaro
CI 1.650.054-3