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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn estos días, en la prensa, se ha aludido a la función y el propósito de los militares uruguayos cuando integran misiones de paz en el exterior, en el marco del programa respectivo de las Naciones Unidas.
Como presidente de la Asociación de Veranos de Operaciones de Paz de Uruguay (Avopu), estimo especialmente relevante que los lectores de Búsqueda tengan claro cuál es la verdad en esta materia.
El pasado 7 de junio el periodista Gabriel Pereyra escribió para “El Observador” un artículo titulado “¿Así trata el Ejército a las viudas de los soldados caídos?”, reseñaba en su texto las circunstancias del deceso del soldado Marcelo Peña en misión operativa de paz en la RD del Congo y las circunstancias vividas por la viuda y familia, respecto a reclamos por el monto de la pensión por fallecimiento en acto de servicio.
El articulista enfatiza entre otros conceptos, que en estas misiones “de difícil comprensión para la mayoría de los uruguayos, hay muy poca gloria y mucho interés económico… esto es por plata”.
Distingue que “hubo algunos aventureros y militares que se tomaban como parte de su tarea el llevar la paz a rincones oscuros del planeta. Pero a la mayoría eso le resulta accesorio”.
Expresa los motivos que habrían llevado al extinto soldado Peña a participar de la misión en África y comenta aspectos propios del ceremonial y protocolo en el homenaje póstumo.
En el último párrafo reitera: “Porque aunque suene poco marcial y escasamente glorioso, esto de las misiones de paz siempre fue, y sigue siendo, por plata”.
Como general del Ejército Nacional en situación de retiro, con la experiencia de haber participado en 5 Operaciones de Paz de las Naciones Unidas y actualmente ejerciendo la Presidencia de la Asociación de Veteranos de Operaciones de Paz de Uruguay (Avopu)1, no puedo pasar por alto las generalizaciones y omisiones observadas en el artículo del Sr. Pereyra.
Por supuesto que nos conmueve la pérdida de seres humanos, máxime cuando se trata de una vida joven, a miles de kilómetros del solar natal, de su familia y afectos…
Fue un camarada de Arma, un soldado oriental que al servicio de la paz perdió su vida en un dramático rincón africano… con sinceridad y humildad castrense, le tributo mi sentido reconocimiento y pesar, a su memoria y a sus seres queridos.
En varios de los escenarios de conflicto o en nuestro país, participé con profundo dolor en el “adiós definitivo” a servidores de la noble causa de la paz, que integran el “Contingente del Silencio” y su recuerdo revitaliza nuestro deseo de un mundo mejor.
Por lógico respeto y consideración a los mandos del Ejército Nacional, no analizaré ni emitiré juicios de valor sobre lo actuado con relación a los reclamos de la familia del extinto soldado Peña; no obstante, luego de 43 años de servicio activo en la fuerza, no dudo que institucionalmente se tomaron todas las medidas y recaudos para solucionar o mitigar los problemas derivados de tan triste desenlace, con la natural sensibilidad y responsabilidad funcional que el instituto armado tiene para con sus servidores o causahabientes.
Comprendo que en el dolor, en el plano subjetivo, ciertas explicaciones de la realidad lleven a afirmaciones categóricas, en esa congoja me solidarizo…
Durante 6 décadas, más de 40.000 efectivos militares han participado en operaciones de paz, 34 compatriotas han perdido su vida en el honroso compromiso…
Significativas experiencias en escenarios de conflicto real o potencial, cientos de publicaciones nacionales y extranjeras, actividades académicas, debates, paneles, participación en los medios de comunicación, entre tantas actividades relacionadas con este rol en el mantenimiento de la paz y seguridad internacionales, determinan objetivamente los beneficios de las referidas misiones en sus múltiples aspectos, profesionales, culturales, socioeconómicos y su vigencia como política de Estado.
El notables incremento a partir de 1992 con contingentes mayores de tropas, el alto nivel técnico-táctico evidenciado; el compromiso, responsabilidad, dedicación, entrega, entre otros valores, han determinado el reiterado reconocimiento de la comunidad internacional, constituyendo singular aporte para que nuestro país ocupe actualmente un asiento entre los miembros no permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU.
“Muy poca gloria… esto es por plata”, escribe el periodista.
Puedo admitir que resulten poco comprensible para el conciudadano ajeno al ámbito castrense, las razones personales que motivan a un militar materialmente preparado para hacer la guerra, desplegar sus mayores esfuerzos para hacer la paz en lejanas zonas de conflicto.
Convengamos que salvo por razones benéficas o de especial apoyo solidario, trabajamos para lograr un estipendio; es obvio que quien decide voluntariamente tomar parte en estas modalidades operativas en el exterior, alienta compensar su bajo salario en las Fuerzas Armadas con un ingreso que temporalmente le permita cierto grado de bienestar o logro material no accesible dentro de fronteras.
Pero no todo “es por plata”!!!, poner foco exclusivamente en el dinero implica una generalización por demás subjetiva, que no responde a la realidad y que escapa a las múltiples razones que llevan a los efectivos militares a formar parte de una operación de paz.
Se participa por vocación y sentido ético de servicio, por responsabilidad profesional, para actuar en ambientes complejos con entrega, dedicación, esfuerzo, potenciando el liderazgo y el trabajo en equipo.
También para obtener múltiples aprendizajes en esa “escuela de vida”, donde impera la clara empatía y solidaridad con hombres, mujeres y niños, con desplazados y refugiados por el flagelo de la guerra, o como consecuencia de crisis en Estados fallidos envueltos en el caos y la destrucción…
Desde el Himalaya a las arenas del Sinaí, desde Haití al Congo, son incontables los registros fotográficos y artículos de prestigiosos periodistas que comprobaron en los lugares de despliegue los méritos de sus compatriotas uniformados, su voluntad por estar y en muchos de ellos, el anhelo de que el futuro les depare nuevas oportunidades de participación; este sentimiento va mucho más allá del lógico y necesario retorno pecuniario.
Claro que las misiones tienen riesgos, tensiones, incertidumbre e inseguridad; no se va a hacer “turismo”, se viven situaciones límite, en espacios interculturales diferentes, donde a veces la convivencia no es fácil. Condiciones meteorológicas adversas, difíciles ámbitos operacionales, problemas en el manejo de idiomas extranjeros, entre tantos aspectos, hacen a la singularidad de estas experiencias únicas e irrepetibles…
Y este es el contexto de la “aventura”, de la maravillosa vivencia de lo inesperado, de la contingencia… ¡¡¡qué orgullo vivir estas “aventuras”!!!
No es “solo por plata”, no se trata de ser un mercenario que solo alentado por “la paga” se alista con quien mejor lo retribuya.
Reducirlo a este plano lleva a una profunda omisión y distorsión conceptual, quizás induciendo a falsas interpretaciones ante el peculiar punto de vista del periodista.
“Poca gloria…”, puedo entender que los valores militares resulten extraños al Sr. Pereyra, apenas me permito expresar que para los soldados de todos los tiempos, la gloria es un bien que ennoblece, que honra nuestro ser individual y profesional.
Tenemos caídos en el cumplimiento del deber, también efectivos condecorados por acciones valerosas, símbolo de entrega, probidad, hombría, compromiso y vocación de servicio. ¿Poca gloria…?
Por último, “Esto de las misiones de paz…” constituirá, más allá de coyunturas políticas o posturas ideológicas, un aporte sustancial del Estado-Nación a la paz y seguridad internacionales, en función de lo que determinen las autoridades de gobierno y legislativas, considerando el asesoramiento y posibilidades de participación de los componentes involucrados, situación geopolítica y estratégica en el área de conflicto, entre tantas circunstancias que hacen a la complejidad de estas misiones.
Vehemente defensor del involucramiento donde los tratados, acuerdos, etc., así lo justifiquen, sostengo que por la “noble causa de la paz”, los efectivos militares continuarán marcialmente y con honor llevando el pabellón nacional a remotas tierras. Es un glorioso mandato que hace a nuestros profundos valores e identidad nacional.
General (R) Magíster Hébert J. Fígoli
CI 1.141.889-2
Presidente de la Asociación de Veteranos de Operaciones de Paz de Uruguay (Avopu)