Sr. Director:
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl sábado 28 de mayo, leí en “El País” a vuestro ex columnista, Tomás Linn. Siempre lo leía en Búsqueda y entendía que sus posiciones eran firmes, pero a la vez mesuradas. A veces discrepé fuertemente con lo que escribió y otras estuve de acuerdo.
No conozco ni me interesan las razones del cambio de medio. Lo que sí me preocupa es la virulencia con que, en su primera aparición en el “El País” —que, como todos sabemos, es un diario que responde editorialmente al Partido Nacional y, en este momento, adhiere preferentemente al último candidato presidencial de ese partido, el Dr. Luis Lacalle Pou—, decidió atacar al Sr. Edgardo Novick.
Novick es un individuo que, desde la comodidad de su posición empresarial, podía estar dedicándose a disfrutar de la vida sin hacerse problemas. Pero, en una a ctitud que lo enaltece, resolvió meterse en la actividad política, complicándose la vida —literalmente— porque debe sentir un llamado superior a luchar por valores que esta sociedad ha estado perdiendo aceleradamente, en especial desde que el Frente Amplio accedió al gobierno nacional.
Lo que llama la atención de los argumentos del Sr. Linn es la reiteración, casi calcada, de las críticas que el Sr. Novick ha recibido, no ya del Frente Amplio —que es su verdadero adversario—, sino desde dentro de los partidos tradicionales. Particularmente, algunos dirigentes de esos partidos, como el Dr. Lacalle Pou y el Dr. Bordaberry, pero también los ex presidentes Julio María Sanguinetti, Jorge Batlle y Luis Alberto Lacalle, han sido más duros con Novick que el Frente Amplio.
Lo han acusado de “outsider”, de querer dividir al arco opositor y de atacar el “sistema de partidos”, tal como lo establece en su artículo el Sr. Linn.
Simplemente, Sr. Director, quiero manifestar mi asombro ante la nueva posición del Sr. Linn, quien parece defender a capa y espada el statu quo de la política tradicional, que intenta evitar la emergencia de nuevos actores, en coincidencia con lo que dicen los políticos citados anteriormente y, también, en coincidencia con lo que han dicho el ex presidente José Mujica y su esposa Lucía Topolansky, manifestando que el Sr. Novick es “un peligro para la democracia”.
Tanta miopía de la oposición es comprensible sólo por el resguardo de posiciones políticas mezquinas ante el adversario común. Me extraña que el Sr. Linn las asuma como propias en esta nueva etapa que ha iniciado en “El País”.
Laura Da Rosa
CI 2.557.984-8